Adam Smith (1723-1790) puede ser considerado con toda justicia el padre del liberalismo económico; además del teórico económico más importante del siglo XVIII.

Este escocés, imbuido por las ideas de su tiempo, se basó en el planteamiento newtoniano de las leyes de la física para enunciar las de su propia ciencia, la economía. Sus planteamientos fueron recogidos en su obra más conocida: Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, publicada en 1776.

A lo largo de los siguientes párrafos nos sumergiremos en el mundo cultural y científico de la Ilustración escocesa y de la escuela económica clásica, con el fin de repasar, de forma amena y concisa, las principales ideas de Adam Smith.

Los economistas clásicos

Aquellos autores británicos que, entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX, desarrollaron un nuevo tipo de análisis social y político centrado en el crecimiento económico, son conocidos como “economistas clásicos”.

Dentro de este grupo cabe destacar a hombres como David Ricardo, Jeremy Bentham, James Mill, T. R. Malthus, John Stuart Mill y, especialmente, Adam Smith. A su vez, algunos de estos autores -es el caso del personaje que nos ocupa- se incluyen también dentro del grupo de ilustrados escoceses, donde encontramos personajes de reconocida valía intelectual: David Hume, Adam Ferguson y John Millar.

Los "economistas clásicos" trataron de descubrir los motivos explicativos del comportamiento de las personas en el ámbito de la economía. El objetivo era, por tanto, llevar las leyes de la física, enunciadas por Newton, al ámbito económico y aplicarlas a un sujeto tan impredecible y complejo como el ser humano.

A su vez, estos autores llegaron a dos conclusiones que, a la postre, resultaron fundamentales para el posterior desarrollo de la economía occidental: la importancia del principio de división del trabajo como fuente del crecimiento, y la constatación de una relación causal entre población, riqueza y progreso.

La riqueza de las naciones y las leyes de la economía

Dentro de la producción intelectual de este grupo de teóricos de la economía, destacó La riqueza de las naciones, de Adam Smith. En ella el autor escocés enumeraba sus tres leyes básicas de la economía: la tendencia natural al lucro de todos los seres humanos, la necesidad de la libre competencia y el imperio de la ley de la oferta y la demanda a la hora de fijar los precios y salarios.

A su vez, en esa misma obra, Adam Smith explicó otras ideas claves de su doctrina económica, la mayor parte de ellas compartidas por los llamados "economistas clásicos".

En primer lugar, defendía el papel del trabajo y la producción como las principales fuentes de riqueza. Este argumento se mostraba contradictorio con el pensamiento de los fisiócratas franceses, contemporáneos de Adam Smith que afirmaban la importancia de la tierra como origen de la riqueza.

En segundo término, establecía las bases de la economía en la industria y el comercio, siendo la división del trabajo un factor esencial para el desarrollo. Una vez más, los postulados de Adam Smith se mostraban contrarios a los de los fisiócratas, defensores de la primacía agraria.

Además, en íntima conexión con la primera de sus leyes económicas, establecía que la propiedad privada era indispensable para la existencia de lucro.

El papel del Estado

Adam Smith reservaba en su teoría un papel muy limitado para las autoridades públicas. En La riqueza de las naciones, indicaba que el Estado no debía intervenir en la vida social y económica.

Para el economista escocés, el papel de las autoridades se limitaba a los terrenos de defensa, administración de justicia y a proporcionar servicios sociales y económicos con carácter subsidiario.