John Stuart Mill, uno de los principales autores del utilitarismo, considera que una acción es correcta cuando proporciona el mayor bien posible a la mayor cantidad de personas; por ello, para decidir si una acción es correcta debe calcular la cantidad de bien o mal generada por una acción y, en función de este hecho, decidir. Lo que tiene valor es el valor del bienestar en la vida de los individuos. Los intereses de todos los ciudadanos tienen exactamente el mismo peso, y por eso, la Felicidad se consigue mejor cuando la sociedad deja libres a los ciudadanos para perseguir lo que ellos pretenden como Felicidad.

La Felicidad

La Felicidad es la única finalidad suprema para el ser humano, y John Stuart Mill lo justifica considerando que la única evidencia para afirmar que algo es deseable es que la gente la desea. La gente desea ser feliz y persigue la Felicidad como auténtico objetivo de su vida. Todo lo que deseamos lo hacemos sobre la consideración de que nos proporciona placer (lo que, a veces, no conseguimos) Hay que distinguir entre lo que deseamos, ya que nos hace felices, de lo que deseamos para poder llegar a ser felices. Las virtudes deben ser consideradas como parte de lo que llamamos Felicidad, son el camino hacia la Felicidad, ya que podemos llegar a un mayor nivel de la comprensión de la Felicidad a través del conocimiento y la experiencia.

Placer y Felicidad

Así, John Stuart Mill considera que sólo el placer es deseable en sí mismo, y que las acciones serán consideradas correctas o incorrectas en función de si proporcionan la Felicidad de los interesados o no. Cabe señalar que considera la Felicidad como la búsqueda del placer y la huida del dolor. No todos los placeres tienen el mismo valor, ya que hay placeres superiores y placeres inferiores, y nuestras acciones deben dar preferencia a los placeres superiores. Aquí vemos una clara influencia del pensamiento de Epicuro y de Aristóteles. Los placeres superiores son los que llevan al desarrollo moral propio del ser humano: el conocimiento, y el trabajo intelectual. Por eso afirmará: "Es mejor ser una criatura humana insatisfecha que un cerdo satisfecho, y es mejor ser Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho".

La Libertad

John Stuart Mill es uno de los teóricos más importantes en el ámbito del estudio de la Libertad Humana, analizando, sobre todo, cómo los poderes públicos ponen en peligro el concepto y la práctica de la libertad. Habría que matizar que John Stuart Mill nos habla de la libertad política y no del libre albedrío. No hace una reflexión metafísica sobre la libertad, sino que nos habla de la libertad social o civil.

Los ámbitos público y privado

Existen dos ámbitos de la vida de los ciudadanos: la vida privada y la vida pública. Los seres humanos, dentro del ámbito de la vida privada, eligen aquellos elementos que consideran fundamentales para la buena vida, siguen los principios religiosos que consideran más adecuados y tienen las opiniones que quieren, y el Estado no debe intervenir en estos asuntos de la vida privada. Ahora bien, muchos de nuestros actos afectan a otras personas, y, por tanto no pueden circunscribirse en el ámbito de la vida privada de la persona. Es, sólo en estas circunstancias, en las que el Estado puede intervenir.

Necesidad del control del poder del Estado

Hay que controlar los Poderes del Estado, y colocarlos, sólo en el ámbito de la vida pública. John Stuart Mill valora como un bien precioso la libertad en el ámbito privado: la libertad de pensamiento, la libertad de expresión son elementos de la máxima importancia en su pensamiento. El Estado puede intervenir, y puede castigar a alguien que haya cometido una infracción que perjudique a otras personas, pero siempre teniendo presente que el Estado nunca podrá legislar o intervenir en el ámbito privado.