Hasta ahora el esfuerzo más notable por dar con una muestra ordenada de los símbolos y de la organización de nuestras referencias imaginarias se debe a la obra de Gilbert Durand Las estructuras antropológicas del imaginario. Gracias a sus análisis de mitocrítica, Durand organiza en constelaciones o construcciones y representaciones de lo imaginario. Las bases de esta concepción, que analizamos aquí, serían la utilización de los mitemas (Lévi-Strauss) así como los estudios de reflexología del ruso Vladimir Bechterev.

Durand y los mitemas

En la base de estas teorías subyace, aunque con divergencias significativas, los análisis por mitemas que el etnólogo francés Claude Lévi-Strauss había propugnado gracias a su acercamiento al estructuralismo saussureano a través de su amigo el también lingüista Roman Jakobson. Lévi-Strauss utilizó las mismas técnicas de simplificación de unidades que había logrado la fonología para la lingüística, y definió como mitemas estas unidades básicas del discurso mítico en donde una pequeña porción narrativa, irreductible, se ensambla a otras para constituir una versión del mito.

El estudio comparativo por mitemas de un mismo mito permitía extrapolar conclusiones sobre los distintos aspectos que determinan el cambio. Una misma narración mítica podía ofrecer divergencias en tribus vecinas o a lo largo de la evolución cultural de un mismo pueblo, hasta tal punto que ciertos mitemas comunes permitían remontar la historia del mito a través de pueblos alejados para buscar un nexo común; así la narración del Adonis griego podía presentar rasgos de parentela con el Osiris egipcio mediante la descomposición en mitemas del mismo modo que en química la desintegración de moléculas permite observar átomos comunes entre sustancias aparentemente muy alejadas.

Durand por su parte no organiza el mito en una única estructura, sino que sintetiza en varias secciones o regímenes todas las unidades arquetípicas del pensamiento humano, y no sólo las ofrecidas por un mito dado. El estudio comparativo de diversos ritos, mitos y símbolos de culturas alejadas en el tiempo y en el espacio le permite trazar unos esquemas de figuración simbólica basados en las distintas categorías del inconsciente colectivo (Jung) a través de las categorías posturales propuestas por Bechterev de las mímicas instintivas que constituyen el ser en el mundo.

Las dominantes posturales

Los estudios de reflexología del autor ruso permiten al antropólogo G. Durand relacionar las imágenes con la propia fisiología del ser humano, a través de reflejos posturales que definen nuestra percepción fenomenológica. Tal y como afirma el autor,“el primer gesto, la dominante postural, exige materias luminosas, visuales y técnicas de separación, de purificación, cuyos frecuentes símbolos son las armas, las flechas, las espadas”. Este gesto o dominante postural se relaciona con la postura erguida del ser humano.

El segundo gesto, prosigue el autor, estaríavinculado al descenso digestivo, y apelaría “a las materias de profundidad: el agua o la tierra cavernosa suscitan los utensilios continentes, las copas y los cofres, e inclina a las ensoñaciones técnicas de la bebida o del alimento”. Se corresponde, por tanto, por la imaginación de lo interior y lo exterior, pero también propone una asimilación entre lo otro y el yo, entre el cuerpo y aquello que se halla fuera de él.

Finalmente, concluye Durand, “los gestos rítmicos, cuyo modelo natural realizado es la sexualidad, se proyectan sobre los ritmos estacionales y su cortejo astral anexionándose todos los sustitutos técnicos del ciclo: tanto la rueda como el torno, tanto la mantequera como el encendedor, sobredeterminan cualquier frotamiento mediante el ritmo sexual en última instancia”.

Las tres dominantes, según nuestro autor, darían paso a las estructuras imaginarias a lo largo de dos regímenes de símbolos: el régimen diurno y el régimen nocturno.