"Aparece por la derecha de la pantalla de televisión, corriendo hacia el punto de penalti muy seguro de sí mismo. Como todos los porteros, Sepp Maier tiene que jugársela a adivinar por dónde le van a tirar el esférico para, ganando esas décimas de segundo, anticiparse al pensamiento del lanzador. Pero aquí parece suceder al revés: Panenka cree saber hacia qué costado va a estirarse el alemán, así que…"

Antonin Panenka

Nacido en Praga, no había cumplido los veintiséis años cuando realizó tamaña proeza. Aquel era el partido número quince de los cincuenta y nueve que llegó a disputar con la selección de fútbol de Checoslovaquia, entre los años 1973 y 1982.

Panenka pasó casi toda su vida deportiva jugando en el Bohemians de Praga (hoy en día FC Bohemians 1905, club del que es el actual presidente). Con treinta y tres años, habiendo rebasado de sobra la edad mínima fijada por las autoridades deportivas comunistas del país, viajó a Austria para militar durante cuatro temporadas en el Rapid de Viena. Después, fue fichando por diversos equipos del país tirolés, donde finalmente se retiró.

Jugaba de medio volante derecho, y era un centrocampista de talante ofensivo. Su toque de balón, claro y preciso, le capacitaba para ejecutar pases milimétricos, lanzar certeras faltas y, por supuesto, penas máximas desde el punto fatídico, disciplina en la que era un maestro consumado.

Con su selección, participó en la Euro-76 (quedando campeón) y Euro-80, quedando su equipo tercero. La herida que tenía con el Mundial se le curó cuando por fin intervino en el de España-82, con casi treinta y cuatro años, marcando los dos únicos tantos de su equipo, ambos de penalti… Y con el Rapid, jugó la final de la Recopa de Europa en 1985, perdiéndola ante el Everton por 1-3.

La selección nacional de Checoslavaquia

Checoslovaquia siempre tuvo un potente equipo. En cuanto a los Mundiales de Fútbol se refiere, por motivos logísticos no participaron en el primero, Uruguay-30, pero justo cuatro años después jugaron la final en Italia contra los locales, perdiéndola. En Francia-38, pasaron a cuartos, cayendo 2-1 ante Brasil.

La Segunda Guerra Mundial supuso, entre otras muchas cosas, la división de Europa en dos bloques políticos muy distintos, lo cual trajo consigo que en el campeonato de Brasil-50 ningún equipo de más allá del Telón de Acero (excepto Yugoslavia) se registrara en la fase previa. Pero después de eso, y hasta su desmembración en 1992, Checoslovaquia siempre participó con mejor o peor fortuna, llegando incluso a jugar otra finalísima en Chile-62. Sin embargo, dos tan inoportunos como sorprendentes traspiés la privaron de viajar a Inglaterra-66 (fue eliminada por la asombrosa Portugal de Eusebio y compañía) y Alemania-74 (empató inexplicablemente en Dinamarca, lo que a la postre supuso su eliminación ante Escocia).

En cuanto a las Eurocopas, Checoslovaquia había jugado brillantemente en Francia-60 hasta las semifinales, cayendo con la URSS, la futura campeona. Sin embargo, fue eliminada a las primeras de cambio por la República Democrática Alemana en España-64; en Italia-68, cuando todo parecía encarrilado, inconcebiblemente, perdieron el último partido del grupo, en casa, 1-2 y ante la floja Eire, regalando a España la clasificación. Y en Bélgica-72, fueron eclipsados por los rumanos, aunque habían empatado a 9 puntos, por la peor diferencia de goles.

Con el honor que suponía meterse por primera vez en su historia a una Eurocopa, era vital que el equipo resucitara de sus cenizas y mostrara al mundo lo mejor de sí mismo.

El camino a la Eurocopa del 76, un sendero de gloria

Panenka se había estrenado como jugador internacional con Checoslovaquia, precisamente, durante la fase previa al Campeonato Mundial de Fútbol de Alemania-74, jugando dos partidos ante Escocia; después, en las clasificatorias de la Euro-76, cuya fase final se celebraría en Yugoslavia, jugó contra Chipre, marcando tres de los cuatro goles que hizo su equipo.

En el difícil grupo 1, en el cual se encontraban Inglaterra como máxima favorita, la siempre incómoda selección de Portugal al acecho, y Chipre como convidado de piedra, cada punto valía su peso en oro, y los checos lo sabían. A pesar de comenzar perdiendo 3-0 en Londres, los centroeuropeos, finalmente, consiguieron el liderazgo del grupo, debido fundamentalmente al empate en casa de los británicos ante Portugal; luego, a la victoria checa en Bratislava ante aquéllos por 2-1; y finalmente, a que Inglaterra, sabiendo que lusos y checos habían empatado a uno, tampoco fue capaz de ganar en Lisboa.

La siguiente fase consistía en una eliminatoria a doble partido; Checoslovaquia tuvo que enfrentarse a la Unión Soviética. Vencieron 2-0 a la ida, marcando Panenka el segundo tanto, y como luego empataron 2-2 en Kiev, pasaron a la fase final.

El sorteo fue Holanda-Checoslovaquia y Yugoslavia-RFA. En un encuentro con varios expulsados, los holandeses de Cruyff, Neeskens, Rep y compañía, claros favoritos, cayeron en la prórroga por 1-3. Al día siguiente, los alemanes levantaron un 0-2 a los yugoslavos para ganarles 4-2, también en la prolongación. La final estaba servida.

La final y el famoso penalti

20 de junio de 1976; estadio del Estrella Roja de Belgrado: a los 25 minutos, los checos iban ganando 2-0, pero Dieter Müller acortó distancias, y ya acabando el tiempo reglamentado, Hölzenbein empató a dos, por lo que hubo que ir a… ¡otra prórroga!, que en esta ocasión no resolvió nada. Así pues, habría tanda de penaltis…

Los tres primeros jugadores checos, Masný, Nehoda, y el capitán Ondruš, marcaron. Por su parte, Bonhof, Flohe y Bongartz hicieron lo propio. Luego tiró Jurkemik… ¡gol! Pero entonces Hoeness marró el suyo. El destino de la final podía estar en las botas de Antonin Panenka…

"…cree saber hacia qué costado va a estirarse el portero alemán", así que, despacio, sorprendiendo a propios y extraños, pica el balón hacia el centro. Un desconsolado Maier contempla desde el suelo, junto al poste derecho, cómo el balón entra manso en su portería, sin acabar de entender lo que ha sucedido…

Panenka decía haber practicado esta técnica en ocasiones anteriores, durante los entrenamientos y en partidos de liga. Nunca pensó que la oportunidad de mostrarle al mundo sus experimentos balompédicos le llegaría en un momento tan decisivo…

Otros jugadores le imitaron…

El mismísimo Zidane lo hizo en la final del Campeonato Mundial del 2006 contra Italia. Muchos lo han intentado y conseguido, pero otros fracasaron estrepitosamente. Y es que hay guardametas que no permiten tamaña humillación gratuitamente…

Antonin Panenka se ha ganado un merecido hueco en la gloria del deporte rey, y su famoso penalti contribuyó a que el mundo así pudiera reconocérselo.