Han tenido que pasar 1.700 años para que la humanidad llegue a su mayoría de edad, pero parece que va a necesitar un par de años más para superar un problema que arrastra de su infancia.

Después de miles de años de historia y de construcción y de democratización del conocimiento, nos encontramos con la presencia de redes internacionales que aseguran poder sacar el heterosexual que los homosexuales llevan dentro por medio de terapias de conversión.

Esta pseudociencia genera gran controversia en el espacio público al fomentar la clásica disputa ciencia vs. religión.

Las posiciones

Científicamente hablando, la Asociación Americana de Psicología se ha pronunciado en múltiples ocasiones en oposición a la práctica de este tipo de terapias, alegando que son dañinas, anti-éticas y, en ocasiones, incitadora del suicidio. La máxima institución internacional en lo que a cuestiones de salud respecta, la Organización Mundial de la Salud, sacó a la homosexualidad en 1990 de la lista de enfermedades mentales, oficializando la naturalidad de la diversidad sexual.

Religiosamente hablando, las terapias de conversión parten del supuesto de que la homosexualidad es un desorden mental y que debe ser tratada. En su sistema de ideas, equiparan al homosexualismo, como ellos gustan llamarle, con la drogadicción, el alcoholismo, la vejación y el incesto.

Es oportuno recalcar que las organizaciones que defienden estas prácticas son fundamentalistas, y que existen ONGs como JAG (Judíos Gays Argentinos) y CEGLA (Cristianos y Evangélicos Gays y Lesbianas de Argentina), que reafirman la compatibilidad entre la espiritualidad y las minorías sexuales.

El movimiento ex-gay

Se llaman ex-gays aquellos individuos que han logrado “superar” su homosexualidad, tener familias y llevar adelante una “vida heterosexual”, si es que existe tal concepto. Naturalmente, muchos ex-gays han reconocido que todavía tienen deseos hacia otros de su mismo sexo pero creen profundamente en el celibato.

Una validación de la imposibilidad de cambiar la sexualidad de las personas llega con los ex-ex-gays, definidos como personas que en algún momento de sus vidas formaron parte del movimiento ex-gay pero posteriormente decidieron vivir con su orientación sexual tal cual es.

La fe organizada

Muchas organizaciones que promueven la curación de la homosexualidad son: el Ministerio de la Restauración en la Argentina, Exodus Latinoamérica; CREHO (Centro de Restauración de Homosexuales del Perú); Zapatos Nuevos en Caracas; Los Hijos del Padre en Florida, EEUU; Camino de Salida en Quito; NARTH (Asociación Nacional de Investigación y Terapia de la Homosexualidad), entre otros. A pesar de ser oficialmente desacreditadas por organismos como la Organización Mundial de la Salud, estas redes continúan expandiéndose alrededor del mundo.

Generalmente, quienes predican este tipo de “soluciones”, también predican la religión. El problema no está en la creencia religiosa, sino en el fanatismo que lleva a un extremo ciertos valores que dificultan la vida de los individuos e imposibilitan la existencia del debate.

La amenaza del dogma

El peligro lo corren principalmente los jóvenes que no están cómodos con su sexualidad y, justamente, creen en lo que estas redes dicen. Hay que recordar tener cuidado con la información que se encuentra en Internet, ser prudente y tener el hábito de hacer una doble lectura de lo que se encuentra.

Una constante en aquellos que se someten a estas terapias es una creencia religiosa fuertemente arraigada y la desaprobación de los estereotipos gay, tales como la promiscuidad, el odio a la familia, la inmadurez en las relaciones amorosas, entre otros.

La cientificidad de la terapia

El mayor referente científico que tienen es Irving Biever, pero sus investigaciones han sido consideradas deficientes al carecer de un seguimiento del caso para corroborar que el sujeto no se comporte de modo sexualmente inapropiado.

En palabras del Dr. K. Evans, lo que sí han logrado las terapias de conversión es cambiar “las interpretaciones cognitivas de la persona, su identificación y su conducta, pero no su orientación sexual”, en otras palabras, se identifican como heterosexuales con inclinaciones homosexuales.

En cuanto a las consecuencias de las terapias el mismo doctor nombra como resultantes individuos que se preocupan de modo obsesivo sobre su masculinidad y feminidad, pérdida de fe y problemas con los padres.

Consejo

Tras leer aquellos artículos que aseguran la vuelta a heterolandia, es curioso encontrar que estén honestamente convencidos de lo que sostienen, llegando al punto de haber desarrollado bibliografía para sustentarla.

Si se tienen dudas con respecto a la sexualidad o se sospecha que algún familiar o conocido puede ser homosexual es muy importante poder establecer una conversación adulta y comprensiva. En el caso de que se quiera investigar con rigor sobre el tema es recomendable consultar en libros o con un especialista que no base su criterio en un dogma, sino en la ciencia.