La siguiente entrevista, al catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona, fue realizada para un reportaje emitido en Radio Inter.Esta es la transcripción completa de las respuestas de Adolf Tobeña, quien, tras el encargo de una editorial, recopiló todos los estudios científicos en los que, desde la Biología o la Psicología, se había abordado el tema del poder.

¿Qué sustrato biológico-hormonal subyace en las relaciones de poder, en la ambición de poder... en definitiva, en el mandar y obedecer?

Es una pregunta complejísima, esta que me hace usted… Hay desde hormonas dedicadas a ello y, de hecho, cascadas hormonales complejas, hasta circuitos neuronales. Los animales sociales generan competición, jerarquías y escalonamientos. Y esto se resuelve en la interacción día a día, tanto en la amistosa, como en la competitiva, como en la agresiva. Por lo tanto hay multitud de sustratos al servicio de todo ello.

¿Hay unas características, unos rasgos de carácter, que propicien que alguien ascienda en una organización o una determinada jerarquía?

Sí, claro que los hay. La gente ambiciosa, valiente, temeraria y… manipuladora… Todos estos son rasgos del carácter al servicio del ascenso y de la consecución de la cima del poder político y y del poder social en cualquiera de sus facetas.

¿Y hay una causa, una razón hormonal, detrás de estos rasgos?

Sí, para todos los rasgos humanos… en eso no son diferentes de cualquiera. La simpatía o la sociabilidad o la envidia o la creatividad y la genialidad… para todos los rasgos hay circuitos más o menos específicos, porque a veces son compartidos, en el cerebro y cascadas neuro hormonales que trabajan en esos circuitos. Para todos ellos, ¿eh? Y por supuesto no van a ser una excepción los rasgos que llevan con más probabilidad a el acceso a la cima del poder social. No, es que a menudo esto se suele simplificar llevándolo hasta un único protagonista para hacerlo muy sencillo y no lo es. Se suele decir: esto del poder es la testosterona, las hormas sexuales masculinas. Tienen un papel enorme, lo tienen, ¿eh? En este asunto, son protagonistas principales, en hombres y en mujeres, en los dos, porque las mujeres también las fabrican. Las secretan de manera continua en mayor o menor cantidad depende de cada mujer, y siempre por debajo de los hombres. Pero tienen un papel notabilísimo en este asunto: en la competición para conseguir estatus, tanto a nivel social, como a nivel familiar, laboral, profesional… y que te respeten. Pero no son los únicos. Hay muchas otras hormonas que participan en este asunto y la circuitería es compleja, no es sencilla.

Casos como el de Strauss-Kahn, el expresidente israelí o, históricamente, Talleyrand, Simón Bolívar, Rasputín o Julio César, ¿no hacen sospechar de una estrecha relación entre poder y apetito sexual? ¿No son las mismas hormonas las que están involucradas en ambos?

Sí, claro, si uno de los protagonistas principales que conduce a la ambición por llegar a la cima del poder social y político comparte funciones de base con la apetencia egonadal, con la apetencia sexual, tiene que haber relación. Y la hay. Por supuesto que la hay. No únicamente en humanos. Esta relación se da en toda la escala animal. Incluso entre las moscas, porque se han hecho trabajos preciosos con insectos en esta cuestión. Las moscas que tienen éxito regular en las confrontaciones tienen también más episodios de cama entre comillas, ¿eh? Más éxito sexual. Masculinas o femeninas. Y esto se reproduce en la historia humana y en todos los ámbitos: los individuos que ocupan las cimas del poder político económico empresarial académico religioso incluso, tienen más actividad sexual que los individuos que están más abajo en el escalafón o que están abajo del todo. Con excepciones siempre, ¿eh? Siempre con excepciones, porque alguien pensará: "pero si ha habido líderes políticos conocidísimos por su ascetismo sexual y su fidelidad monogámica absolutamente estricta” [está pensando claramente en Franco, a quien cita en su libro como ejemplo de excepción a esta regla]. Claro, es que la biología es variabilidad, y siempre hay excepciones para reglas que, de todas maneras, se mantienen.

¿Y la calvicie? ¿No está también relacionada con algunas de esas hormonas? ¿No tendríamos que esperar líderes políticos calvos?

Pues, mire usted: el señor Strauss Kahn no es calvo, Kennedy tampoco lo era, el presidente israelí no es calvo… pero hay muchos calvos guerreros. Y otros, que ansían capacidad de guerrear, sometiéndose a una calvicie inducida. Es decir, rapándose el pelo para simularlo.

¿Es lo que hemos visto que hacen, por ejemplo, los rapados de Aurora Dorada en Grecia?

Es porque es un índice androgénico. Pero las correspondencias de relaciones entre las medidas biológicas y las medidas de conducta o las medidas del carácter no son jamás de uno a uno. La capacidad predictiva tiene probabilidad, no fijación, por lo tanto hay individuos altamente androgénicos que no tienen la característica de la calvicie y hay calvos muy contenidos. O sea que no se puede esperar una relación de este tipo.

¿Hay que ser, como reza el título de un libro recientemente publicado "hijo puta para llegar a director general"?

Sí, entre los altos ejecutivos y los directores generales predominan los sinvergüenzas. Hay más sinvergüenzas en esos escalones altos del poder social que en diríamos los niveles intermedios, y en todas las facetas de la vida, desde las organizaciones gansteriles hasta las empresas más reconocidas o las instituciones políticas más respetadas o judiciales. Pero no hay necesariamente que ser un sinvergüenza, ni un explotador ni un manipulador ni un maquiavélico, hay maneras suaves y, digamos, sutiles y diplomáticas... y aduladoras (pero sin hacer daño) de acceder a altísimos niveles. Y esto se ha estudiado, ¿eh? Hay estudios muy bonitos recientes que confrontan el estilo del liderazgo maquiavélico, manipulador y amedrentador, con el estilo del liderazgo callado, con tacto, y con prudencia y sutileza… los llaman los "líderes callados", silenciosos. O sea, que es posible. Hay rutas muy diversas hacia arriba. Pero se necesita de todas maneras un cierto motorcillo de ambición, aunque después se use un estilo más sutil, dialogante y favoreciendo los mecanismos del trato amable, sin navajazos.

¿Podríamos decir que el que esté dispuesto a pisar a los demás lo tiene más fácil para subir?

Sí, sí… lo tiene más fácil. Y en general hay un porcentaje de gente que lo consigue. Es decir, la vida es competición y si uno tiene armas y fortalezas para defenderlos y hacer miedo y hacer daño de verdad, como los otros lo acusan, pues a menudo ceden y consiguen lugares de preeminencia, es así.

(Continúa)