Uno de ellos se encuentra extendido por los dos estados del Mato Grosso - Norte y Sur - brasileño, en su zona fronteriza con Bolivia y Paraguay. Se trata de un inmenso humedal, el mayor del planeta, donde una rica biodiversidad de aves y mamíferos comparte el espacio con las grandes manadas de ganado que pastan en las fazendas de ricos terratenientes. Una convivencia no exenta de riesgos para este frágil ecosistema cuyo futuro no está del todo asegurado.

El agua fuente de la vida

La periódica crecida de algunos ríos, principalmente la del Paraguay, anega una amplia depresión de terreno que da lugar a una especie de delta interior durante el periodo comprendido entre octubre y junio.

En ese tiempo el agua amenaza con cubrir incluso las copas de los árboles, que sobresalen aquí y allá como si trataran de escapar hacia el cielo. El tránsito por tierra se hace complicado y la zona apenas puede ser visitada.

Después comienza a retirarse poco a poco dejando tras sí un paisaje salpicado de lagunas atestadas de vida: un verdadero espectáculo difícil de olvidar por los amantes de la naturaleza.

La flora más variada

Este suelo que acoge tanta agua, prodiga distintos tipos de vegetación maravillosamente combinados en un mismo entorno. Así, la pradera formada por los pastos naturales, deja paso en las áreas más altas a las zonas de matorrales, que se entremezclan a su vez con grupos de bosques densos, de arbustos espinosos y de arboledos de palmeras.

Entre estas abundan la Caraná, que llega hasta los 10 metros, y la Burití, con la que se fabrica cierta clase de aceite. En los bosques más densos se encuentran ejemplares como la Aroeira, de tronco retorcido, la Piúva, la Cambará y el Genipapo. Y junto a los ríos se concentran los árboles Inga, las Embaúbas y el Tucum.

Aunque el más llamativo es sin duda el Ipê amarillo, cuajado de hojas doradas como una puesta de sol, y llamado con cierto humor por los pantaneiros paratudo (“bueno para todo”), porque lo usan como eficaz remedio contra la diarrea.

Una fauna excepcional

Mucha gente cree que el mejor lugar para contemplar la rica variedad de animales tan característica del Brasil es la cuenca amazónica, con su sobreabundancia de especies.

Pero en realidad es en este maravilloso hábitat del Pantanal, donde más fácil resulta la visión de cualquier tipo de reptil, mamífero y sobre todo aves que componen el gran acerbo de la biosfera tropical del país. Aparte de la sabana africana, resulta difícil encontrar un lugar con tales condiciones para estos avistamientos.

Basta un simple paseo en canoa por alguno de los innumerables ramales acuáticos que confluyen en los grandes ríos de la zona, para divisar a ambos lados del canal una enorme cantidad de ibus, patos de distintas clases, garzas, garcetas, cigüeñas y por supuesto rapaces y carroñeros.

También aquí sobreviven los últimos especímenes del arara azul o guacamayo jacinto, con su plumaje del color del cielo, tan codiciado por los traficantes. Hay quién viaja miles de kilómetros solo para poder ver, con un poco de suerte, una pareja arrullándose en la rama de algún árbol.

Si no la tuviera, no debe preocuparse, pues disfrutará de las zambullidas de la nutria gigante en medio de grandes jacarés (caimanes cercanos a los tres metros), el tranquilo rumiar de los capivaras, los roedores más grandes del mundo, o el sinuoso deslizamiento en el barro de alguna anaconda, una gran serpiente que puede alcanzar los seis o siete metros de longitud.

Si la tiene, podrá ver además al ciervo de los pantanos acechado por algún puma oculto entre los matorrales, o por el mismísimo jaguar, el mayor felino de América y el tercero del mundo después del león y el tigre. Incluso podría descubrirlo pescando - el único de esta especie capaz de hacerlo - cualquiera de los innumerables tipos de peces que cuajan las aguas del lugar.

¿Cuánto durará?

El único problema es que quizá deba darse algo de prisa en hacer la visita, pues los espacios ocupados por el ganado y el hombre ganan terreno, arrinconando poco a poco a las especies salvajes.

Por otro lado, el ciclo de las lluvias se encuentra cada vez más alterado a causa del cambio climático. Y los incendios, provocados muchos de ellos, no dan tregua a la vegetación.

¡Esperemos que en el futuro no sea otro más de los bellos y tristes recuerdos que vamos dejando a las generaciones venideras!