El kiwi, pájaro nacional de Nueva Zelanda, es una especie única en el mundo por sus características y su historia evolutiva. Actualmente se encuentra en un grave peligro de extinción a causa del deterioro del ecosistema neozelandés, debido principalmente a la introducción de especies animales foráneas.

Características del kiwi

El kiwi es un pájaro terrestre, es incapaz de volar, y sus alas son solamente vestigiales. Se trata de una especie muy antigua evolutivamente, emparentada con otras aves terrestres como el avestruz. Es un ave nocturna: durante el día permanece en su nido y por la noche lo abandona para comer. Su plumaje es de color pardo, con distintas tonalidades en las diferentes subespecies de kiwis que existen.

El kiwi posee dos características que lo hacen único en el mundo animal. La primera característica es que es el único ave que tiene los orificios nasales al final del pico, que es muy largo, lo que se relaciona con sus hábitos nocturnos. Tiene unos ojos muy pequeños y en la noche se guía por su olfato y no por su vista para encontrar alimento. El kiwi es omnívoro, principalmente se alimenta de lombrices e insectos que captura incrustando su largo pico en el suelo.

La segunda característica es que el kiwi es probablemente el ave que pone un huevo más grande en relación a su tamaño. Un kiwi adulto es del tamaño de una gallina y pone un huevo casi tan grande como el de un avestruz. Cuando el huevo ya está formado ocupa una tercera parte del cuerpo de la hembra, que en este periodo no puede comer por no tener espacio suficiente en su cuerpo. Una vez salen del huevo, los progenitores no alimentan a las crías, que abandonan el nido e inician su vida independiente.

El ecosistema de Nueva Zelanda

Para entender el problema del peligro de extinción del kiwi es necesario conocer su entorno natural. En el ecosistema original de Nueva Zelanda no existía ningún depredador, siendo los únicos mamíferos nativos dos especies de murciélagos. Los pájaros terrestres, entre ellos el kiwi, ocupaban el nicho ecológico que ocupan los pequeños mamíferos en otros ecosistemas.

Los primeros mamíferos fueron introducidos en Nueva Zelanda por los Maoríes. Este pueblo, de origen polinesio, llevó consigo a Nueva Zelanda el perro y la rata polinesia.

Ya en el siglo XVIII, con la colonización inglesa se introdujeron en Nueva Zelanda multitud de especies animales: la oveja y la vaca como ganado, el conejo y el pavo como animales de corral, el ciervo para la caza, el gato como animal doméstico, etc.

Algunos de estos animales se han convertido en verdaderas plagas al no tener enemigos naturales. El conejo y el pavo se han hecho salvajes y junto con los ciervos se reproducen sin problemas al no existir depredadores que los amenacen, devastando los bosques y desplazando a la fauna autóctona. También el gato se ha hecho salvaje y ataca a las aves terrestres.

Por último, fue introducido el possum, un pequeño mamífero originario de Australia, que constituye la plaga más importante en Nueva Zelanda. Al contrario que en Australia, donde incluso está protegido, en Nueva Zelanda el possum se reproduce y coloniza a placer los bosques.

El kiwi está en grave peligro de extinción

Todas estas especies introducidas perjudican al kiwi en mayor o menor medida, alterando su hábitat en el caso de los herbívoros, dejándolos sin comida en el caso del possum y atacando a las crías y los huevos en el caso del gato salvaje y las aves rapaces.

El kiwi adulto es capaz de defenderse de estos predadores, pero las crías no tienen fuerza suficiente hasta que no alcanzan un kilo de peso, lo que les lleva aproximadamente un año.

La lucha contra la extinción del kiwi

Las campañas de protección del kiwi se dirigen a dos frentes.

Por un lado tratar de eliminar a los animales introducidos, tarea muy difícil, pues se reproducen con mucha facilidad y son capaces de esconderse pues son animales relativamente pequeños.

Por otro lado proteger a las crías, puesto que el kiwi no se reproduce en cautiverio la única opción viable es recoger los huevos que las hembras ponen en la naturaleza y criar al kiwi hasta que alcance un tamaño suficiente para defenderse. Los huevos son mantenidos en incubadora hasta el nacimiento y después los polluelos son criados en un ambiente natural aunque protegido de depredadores.

Estas acciones le cuestan al gobierno neozelandés millones de dólares cada año, pero Nueva Zelanda no renuncia a restaurar su ecosistema o al menos a salvar al kiwi.