La obra de Susan Nash es una una historia llena de arte que se muestra sin adornos. Es una manera de jugar con la imaginación y con los objetos ciudadanos y cotidianos que nos rodean, que están en cualquiera de nuestras casas y que dejan de ser cotidianos para ser elevados a una clase superior: ¡la categoría de objetos admirados por todos!

Cuando el arte es una manera de abrir los temas duros de la vida, los objetos toman nuevas perspectivas, nuevos conceptos y nuevos sentimientos para no encerrarnos en ideas que repiten continuamente los mismos patrones.

Así ocurre cuando la artista londinense Susan Nash, propone su obra en las galerías de exposiciones madrileñas y de toda España que acogen sus propuestas. Con ello se abre la mente del espectador. Y el título hace reflexionar: “Pagodenburg, el pabellón de los hombres”, ¡sugerencia, realidad!

Todo lo que propone esta artista de la escultura y la instalación es para reafirmarse en su idea de que lo espiritual también tiene apoyo en lo físico, y que el sentimiento del hombre como tal, en relación a lo trascendente, lo serio, y lo importante, como la muerte y el sexo, o la vida, deben de ser pasados por el tamiz del humor, para obtener como resultado la facilidad en la comunicación y la apertura de la óptica sin tabúes hacia temas menos tratados.

Esculturas en torno a una pieza central

Las muestras de Susan Nash constan de una pieza central, que es una instalación surgida de la idea que fluye en su mente, al encontrar en una pequeña tienda de telas de Madrid, un lienzo con rostros de héroes militares o personas importantes estampadas. Aunando al sentido visual, unas frases en alfabeto Morse y el poder percibir la textura a través del tacto, consigue que varios sentidos se pongan al servicio de adquirir la percepción de lo que la artista quiere comunicar a su espectador.

Pues es la comunicación la que juega como una constante en toda su obra, ¿no es eso maravilloso para un periodista y para una Web de información?

Lo hace convirtiendo la obra, unas veces el sistema binario en hilos de colores que salen de un poste telegráfico, o que son empleados para dibujar una máquina complicada, o son tubos de plástico que transmiten vida, o es la línea de la vida representada con sus altibajos, con dos elementos comunes: la tela mencionada y varios huesos de vacuno para evocar la muerte, la trascendencia, el paso del tiempo.

Conjugando elementos

Todo estos elementos los refuerzan los colores grises de la tela, con un foco de luz para transportar el estampado al arte digital, donde todo da vueltas alrededor de las construcciones típicas orientales, jugando con la pagoda como elemento principal: pagoda del hombre, pagoda del agua.

Son vida, muerte, sexualidad, comunicación y pagoda los elementos que Susan Nash ha conjugado para enseñar al espectador las eternas verdades, como las contraposiciones entre la existencia física y lo espiritual, lo masculino y lo femenino, las miserias y las grandezas, donde la cronología no está estructurada y donde lo etéreo no está arriba sino abajo, y lo físico no está abajo sino arriba.

La obra de Susan Nash es un reflejo de su vida, pero también de la preocupación por los problemas de los demás, cuando el amor es imposible, cuando el sexo es imaginario.

Allá donde esté su obra, en necesario ir a verla, abrir la mente y déjerse transportar a esa pagoda que es templo de sentimientos y sensaciones. Cada visitazo producirá un cúmulo de sensaciones diferente del anterior, con nuevos matices que enriquecen el conocimiento.