El 4 de julio se celebra en Argentina el Día del Médico Rural en homenaje a un hombre excepcional, el Dr. Esteban Laureano Maradona, médico, naturalista, escritor y filántropo.

Algo más que una anécdota

Durante cincuenta años vivió en Formosa y Chaco. Con su esfuerzo abnegado logró erradicar allí la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera, el paludismo y la sífilis.

Estaba apartado de exhibiciones públicas. Alguna vez dijo: "Nunca pude entender quién inventó esas macanas de que yo era como Ghandi o de que era el Albert Schweitzer de la Argentina, eso no me causa gracia porque yo odio el exhibicionismo en cualquiera de sus manifestaciones. Yo soy sólo un médico de monte, que es menos aún que un médico de barrio”.

Los años iniciales y la Guerra del Chaco

Nació en Esperanza, en la provincia de Santa Fe, el 4 de julio de 1895. Siendo adolescente, se trasladó junto a su familia a Buenos Aires, donde en 1928 se recibió de médico cirujano.

Participó un tiempo en política, aunque nunca se consideró un político. Por su oposición al régimen partió a Paraguay donde comenzaba la Guerra del Chaco.

Ofreció sus servicios voluntarios a un comisario de Asunción, pidiendo que no lo obligaran a servir bajo ninguna bandera porque su fin era "restañar las heridas de los pobres soldados que caen en el campo de batalla por desinteligencias de los que gobiernan”. No le creyeron y lo tomaron por espía argentino y estuvo en la cárcel algunos días. Al ser liberado se convirtió en camillero del Hospital Naval, del cual llegó a ser su director. En su labor atendió a cientos de soldados de ambos bandos.

En Paraguay conoció a Aurora Ebaly, sobrina del presidente paraguayo. Se iban a casar, pero ella murió víctima de fiebre tifoidea. Maradona no quiso casarse y nunca más volvió a tener novia.

Al terminar la guerra, donó sus sueldos ganados a soldados paraguayos y a la Cruz Roja. No quiso honores ni agasajos por lo que él consideraba su deber y regresó.

El viaje que cambió su vida

El viaje de regreso cambió su vida. Mientras viajaba en tren a visitar a su hermano y su madre, gente necesitada que había escuchado de él le pidió que se quedara para atenderlos.

Cuando le pedían explicaciones por su proceder él sólo contestaba: "Había que tomar una decisión y la tomé… Quedarme donde me necesitaban. Y me quedé 53 años".

Un médico en el monte

Vivió en Estanislao del Campo, pueblo de Formosa, sin agua corriente, gas, luz o teléfono.

Los aborígenes cambiaban plumas de avestruces, arcos, flechas y artesanías por ropa y alimento. Decidió hacer algo por ellos, comenzó a aprender sus lenguas, acercarse y ganar su confianza.

Su labor no sólo fue médica. Convivió con los pobres, supo de sus necesidades y trató de ayudarlos en todos los aspectos.

Consiguió que le asignasen algunas tierras fiscales y fundó una colonia aborigen. A los que llegaron a vivir allí les enseñó faenas agrícolas, a preparar ladrillos y a construir casas más seguras y sanas.

También los atendía como médico, todo de manera gratuita. Cuando lograron construir la escuela, sirvió en ella por tres años, hasta que llegó un maestro nombrado por el estado.

Una vida abnegada

En 1981 fue distinguido con el premio al Médico Rural Iberoamericano. El premio tenía una importante suma de dinero. No aceptó y logró que con el mismo se instituyera una beca para estudiantes que aspiraran a ser médicos rurales.

Siendo anciano el gobierno quiso darle una pensión vitalicia que tampoco quiso aceptar. Su norma de vida era: "Todo para los demás, nada para mí”.

Se lo postuló en tres ocasiones al Premio Nobel. Recibió premios nacionales e internacionales. En 1987 las Naciones Unidas le concedió el Premio Estrella de la Medicina para la Paz.

En una carta al hablar de los premios escribió: "Es todo humo que se disipa en el espacio".

Frases que lo retratan

Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado; yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien”.

Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado [...] estoy satisfecho de haber hecho el bien en lo posible a nuestro prójimo, sobre todo al más necesitado y lo continuaré haciendo hasta que Dios diga basta”.

Últimos años de Esteban Laureano Maradona

En 1986, cuando tenía 91 años y enfermo, recién aceptó ayuda y fue a vivir a Rosario junto a su sobrino y su familia. Murió el 14 de enero de 1995, pocos meses antes de cumplir 100 años.

En una época de farandulización de los personajes públicos conviene recordar a éste Maradona, el de los logros que realmente importan. Un ejemplo a imitar.