El oso polar campea con su blanco pelaje por los hielos árticos dejando su estela de majestuosidad presente y advirtiendo a su entorno que es el rey del Ártico. Esta estampa cada vez menos habitual por la pérdida de su hábitat es la que cualquiera tiene de este bello animal. Hasta hace poco se creía que se había desgajado del tronco común como especie independiente hace unos 150.000 años. Hoy, gracias a una investigación internacional, se ha descubierto que son 600.000 años los que esta especie tiene de antigüedad sobre la faz de la Tierra.

Oso polar

Ursus maritimus es una especie de mamífero carnívoro perteneciente a la familia Ursidae. Junto con el oso de la isla Kodiak, Ursus arctos middendorffi, es la especie más grande entre los osos que habitan la Tierra.

Su hábitat son las zonas polares del Ártico en el Hemisferio Norte y es el superpredador único en estos lugares encabezando la pirámide trófica desde su cúspide.

El primero que describió al oso polar como especie independiente fue Constantine John Phipps.

La familia de los úrsidos se separó del tronco de los carnívoros hace unos 38 millones de años desgajándose la subfamilia de los Ursinae hace 4,2 millones de años a. C.

Los fósiles hallados fueron analizados en su ADN y se cifraba en unos 150.000 años la divergencia entre esta especie y la del oso pardo, Ursus arctos. El fósil más antiguo encontrado data de entre 130.000 y 110.000 años y se encontró en la isla Príncipe Carlos Forland en el año 2004.

Pero este panorama ha cambiado en abril del 2012 gracias a nuevas revelaciones proporcionadas por un estudio aparecido en Science.

Investigación y retardo del origen

En abril del 2012 han aparecido los resultados de una investigación científica internacional en la que participa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que se ha publicado en la prestigiosa revista científica Science. La conclusión final retrasa la edad del oso polar como especie independiente cinco veces, quedando en unos 600.000 años a.C. el origen como especie.

Hasta entonces los trabajos realizados habían encontrado parecidos entre el ADN mitocondrial de los osos polares y el de los oso pardos. Esta similitud llevó a la conclusión que la especie del ártico se escindió como linaje de sus primos los osos pardos en un tiempo acaecido entre 166.000 y 111.000 años a.C. Esta escisión se produjo al variar sus condiciones de hábitat de una forma radical produciéndose un rapidísima adaptación a las condiciones polares.

La investigación de Science se ha basado en el análisis del ADN del núcleo perteneciente a varios ejemplares de diferentes especies de osos, concretamente se hicieron con muestras de 19 ejemplares de oso polar, 7 de oso negro (Ursus americanus) y 18 de oso pardo.

Tras el análisis detallado, el equipo investigador concluye que los genomas de la especie parda y la polar se separaron del tronco común hace unos 600.000 años a.C.

En el estudio ha participado la investigadora en la Estación Biológica de Doñana del CSIC Jennifer Leonard que explica que los parecidos entre el ADN mitocondrial, que sólo se transmite por línea materna, de ambas especies podrían indicar que hubo una hibridación entre hembras de oso pardo y machos polares cuya descendencia se integró con la población que habita los polos.

Este estudio que aporta nuevas fechas integra en una línea de semejanza al oso pardo con sus vecinos de hábitat, ya que por ejemplo otra especie ártica, el zorro polar (Alopex lagopus),se separó de su tronco original sobre 900.000 años.

Además del CSIC, en el estudio han participado investigadores del Centro de Investigación en Biodiversidad y Cambio Climático (Alemania) y del Servicio de Pesca y Vida Salvaje (Estados Unidos) y de la Universidad de Lund (Suecia).

La verdadera batalla del oso polar

La capacidad evolutiva del oso polar ha sido examinada constantemente por las duras condiciones de su hábitat. El hielo ártico deja pocas posibilidades para evolucionar satisfactoriamente y esta especie ha sido una de las pocas que ha sobrevivido en ese mundo de extremos.

Pero hoy, la pérdida de hábitats tradicionales debido al calentamiento global que lleva al deshielo del Ártico y la actividad antropogénica (derivada de la acción humana) están haciendo caer en picado las poblaciones de osos polares.

El futuro no puede ser más negro para esta bella especie de mamífero que desciende en latitud buscando posibilidad de alimento más fácil y que empieza a chocar con la actividad del hombre, produciendo choques en los que el perdedor siempre es el oso polar.

Es difícil saber qué va a suceder en el futuro más próximo pero hoy por hoy, la batalla por la supervivencia está derrotando a una especie que ganó su futuro hace 600.000 años atrás pero que en los albores del siglo XXI ve amenazada su existencia gravemente con un peligro real de desaparición en los hábitats naturales quedando reducido a su existencia en cautividad.

¿Hasta cuándo podremos disfrutar del bello campeo de un oso polar en busca de su ración diaria de calorías dejando su áurea estela por el hielo ártico?

Desgraciadamente, si no cambian drásticamente los efectos del deshielo y los hombres se conciencian del cuidado que hay que tener con los hábitats originales de los osos polares, el futuro del oso polar parece abocado a su desaparición en la naturaleza.