Venezuela es el país latinoamericano, luego de Colombia, con mayor diversidad biológica. Páramos, llanuras, selvas, pie de montes, montañas, desiertos y sabanas constituyen muchos de los ecosistemas donde la fauna silvestre hace vida, en un intento por seguir preservándose como especie.

En unos casos, la intervención del hombre ha provocado la destrucción de estos lugares, trayendo como consecuencia la desaparición y migración de muchas especies, algunas en situación crítica. Otras simplemente han muerto, dejando en el recuerdo que en algún tiempo existieron.

Los loros y pericos reales, las guacamayas (Ara militaris), el tigre (Panthera tigris), el tigrillo (Leopardus tigrinus), el cachicamo (Dasypus novemcinctus novemcinctus), el pajuil copete piedra (Pauxi pauxi pauxi) y algunas serpientes, luego del oso frontino (Tremarctos ornatus) y la lapa (Agouti paca), también están incluidos en el Libro Rojo venezolano de especies en peligro de extinción.

Tráfico en ascenso

El oso frontino, "andino" o "de anteojos", es el único representante de la familia Ursidae que habita en América del Sur. Su tráfico y comercialización se ha incrementado en los últimos años, dando como consecuencia que su población, en los páramos venezolanos, se haya reducido dramáticamente.

La razón de su mercadeo ilícito se debe a que son considerados como mascotas y por ello son expuestos en lugares como los parques de contacto. Quienes poseen cautivas a estas especies, en su mayoría las mantienen encerradas en jaulas de reducido tamaño, a la intemperie, sin los debidos cuidados y sin la alimentación que requieren.

Por su parte la lapa, animal estrictamente nocturno y que habita generalmente en zonas boscosas, densas y altas, es una especie muy buscada por los turistas y los habitantes andinos y llaneros para la preparación de platos típicos con su carne. Es autóctona de los páramos andinos y se encuentran en peligro de extinción por la caza furtiva.

Varios operativos realizados por el Ministerio del Ambiente (MINAMB) en el estado andino de Táchira han permitido rescatar algunos oseznos y lapas, que han sido llevados a parques zoológicos donde son cuidados para la posterior reinserción en su hábitat natural.

Del campesino al citadino

El contrabando de especies que hasta unos años no se consideraban en peligro de extinción aumenta cada vez más a un ritmo casi indetenible. Dependiendo de la región geográfica donde se dé este problema, los animales amenazados resultan ser distintos. Según autoridades del MINAMB, en la región andina y llanera los loros, pericos y guacamayas son los más atacados.

El tráfico comienza en el campo, donde sus habitantes esperan la época del año propicia en la que estas aves procrean y tienen sus polluelos. Los campesinos saben que los loros anidan en las palmas (Copernicia tectorum) y cuando los pichones ya están casi emplumados, proceden a agarrarlos. Lo hacen en abril, mayo y junio, pues son los meses en los que estas aves tienen sus crías.

Quienes se dedican a dicho oficio reciben por cada par entre 100 y 200 bolívares fuertes (unos 25 y 50 USD), dependiendo de quién se los compre. Para algunos resulta rentable si corren con la suerte de conseguir a turistas que van de la ciudad y que les gusta tener estos animales en sus casas.

Algunos afirman que logran agarrar entre 15 y 20 pares por cada temporada, siendo los loros reales (Amazona ochrocephala ochrocephala), caresucias (Aratinga pertinax aeruginosa), loros burros (Amazona farinosa inornata), churicas (Brotogeris jugularis jugularis), pericos (Aratinga acuticaudata haemorrhous) y periquitos los más comunes; las guacamayas, en cambio, resultan ser pocas, por fabricar sus nidos en árboles muy altos, pero si logran encontrar un par, el precio por ellas es más alto.

“Es una actividad difícil de controlar”

Las autoridades del Instituto Nacional de Parques (Imparques) que tienen a su cargo el Páramo El Tamá en el estado Táchira, expresan que el comercio de especies en peligro de extinción siempre ha existido y se debe, tal como se evidenció previamente, al beneficio económico que genera para los contrabandistas, “algunos animales son muy buscados para la realización de platos típicos y como mascotas”, acotan.

Expresan que aunque las leyes que penalizan esta actividad ilícita existen, la aplicación muchas veces no se lleva a cabo. Reiteran que la competencia de Imparques es directamente el resguardo y protección de los animales y plantas presentes en los parques nacionales, y para ello trabajan en conjunto con las autoridades policiales y de vigilancia forestal.

Sensibilizar a la población

Organizaciones ecologistas consideran que de continuar la situación, con el pasar de los años se perderán especies importantes, características y únicas de Los Andes. “Queda en manos de las autoridades competentes actuar, así como también sensibilizar a la población sobre esta problemática”. Si no se vigila y se hace seguimiento, el tráfico y comercialización de las animales vulnerables hoy día, como el oso frontino, la lapa y los loros, seguirán aumentando.