El Museo Nacional del Prado es la mayor pinacoteca de España. Pero su importancia traspasa fronteras, convirtiéndose en uno de los principales museos de arte no sólo de Europa, sino de todo el mundo. La institución alberga una de las colecciones de pintura más importantes tanto por su cantidad como por su calidad. Pero en sus muros también se encierra una historia, marcada por los acontecimientos del país, y un futuro que se plantea como una renovación total del museo de cara al siglo XXI.

Revolución francesa y nacionalización de la cultura

En Francia a finales del siglo XVIII corrían vientos revolucionarios. Las clases burguesas se alzaban con el poder, dando fin al Antiguo Régimen, basado en la distinción entre unas clases privilegiadas y otras trabajadoras. La monarquía francesa era abatida del trono y se proclamaba una nueva forma de entender la sociedad, la política e, incluso, la cultura. El arte, para los revolucionarios, era producto de la historia de la nación y del pueblo. Y así, debía volver al pueblo.

Estas ideas fijaban la nacionalización de los bienes artísticos que antes habían pertenecido a la monarquía, nobleza e Iglesia. Ahora era el pueblo el propietario del arte y el merecedor de su disfrute. Durante el periodo napoleónico, las ideas revolucionarias se difunden por toda Europa. Y en España llegarán de la mano del monarca impuesto por Napoleón, José I Bonaparte.

El Museo Josefino

El 20 de diciembre de 1809, durante la invasión francesa de España, José I Bonaparte dicta un decreto por el que se prevé la formación de un Museo de Pinturas en Madrid (María Bolaños, Historia de los museos de España, 2008). Su colección estaría compuesta por las obras de arte confiscadas por los franceses. El objetivo era dar luz pública a todos esos fondos. Sin embargo, la la salida de las tropas francesas del país pondrían fin a este proyecto.

En 1814, Fernando VII recupera el trono español. La idea del Museo Josefino supuso una importante aportación para una nueva política cultural. La idea de crear un Museo con fondos pertenecientes a la monarquía caló profundamente en su esposa, Isabel de Braganza. Fue ella una de las principales impulsoras en la creación del futuro Museo del Prado.

Las bases del Prado: el edificio de Villanueva y las colecciones

Uno de los primeros objetivos para crear la nueva galería de pintura era encontrar un edificio adecuado para albergar la colección. Para ello, se eligió un edificio proyectado en 1785 (Zubiaur Carreño, Curso de Museología, 2004) por Juan de Villanueva, arquitecto de Carlos III. En el proyecto original, el edificio se planteó como sede del Gabinete de Historia Natural. Sin embargo, nunca llegó a desempeñar esta función. Incluso durante la ocupación francesa el edificio se destinó a cuartel de la caballería napoleónica.

El edificio se corresponde a los criterios estilísticos propios del reinado de Carlos III. De gusto neoclásico, se insertaba en el Paseo del Prado. Su estructura se adaptaba a su nueva función de pinacoteca en base a su organización en torno a un eje longitudinal. Las reformas acometidas por Fernando VII incluyeron su adecuación y rehabilitación, y la decoración escultórica exterior de las fachadas: clara alegoría de las artes y la cultura a cargo de Ramón Barba.

Las colecciones adscritas al nuevo Museo constituyen uno de los pilares fundamentales de la institución. Para su exhibición, se destinaron aquellas obras que no se precisaban para el servicio de la Casa Real. La política de mecenazgo artístico desempeñada por los monarcas españoles desde el siglo XV ha sido fundamental para entender la enorme riqueza de los fondos pictóricos del Prado. Con el paso del tiempo, la colección se incrementaría a través de legados y diferentes adquisiciones, completando la exposición.

El problema de la titularidad de los fondos

Una cuestión a resolver era el de la propiedad de los bienes expuestos. Al ser patrimonio personal del rey, a la muerte de Fernando VII la colección casi se disgrega entre sus herederos. Finalmente, la colección pasó íntegra a manos de Isabel II (Bolaños, 2008). Posteriormente, la reina cedió este patrimonio a la Corona, y durante la Revolución de 1868, las autoridades decidieron nacionalizar los bienes del Museo del Prado.

Inauguración del Museo Nacional del Prado

El 19 de noviembre de 1819, el Museo abría sus puertas por primera vez al público, bajo la denominación de Museo Real de Pinturas. Durante gran parte del siglo XIX, este fue la única pinacoteca en el país. En principio, se había previsto su apertura al público durante un día a la semana, dejando el resto para la entrada de personajes notables y de estudiosos de la pintura.

El Museo Nacional del Prado ha recorrido una larga historia desde su inauguración en 1819, convirtiéndose en uno de los museos más importantes a nivel internacional.