Los perros y los gatos son animales que tienen poca utilidad para el ser humano, excepto por lo que los antropólogos denominan utilidad residual. Para la mayor parte de los occidentales, la función de la mascota es precisamente la de su inutilidad para cualquier cosa que no sea el propio placer de contemplarla. Sin embargo, para el hombre primitivo, el objeto de mantener un animal tenía como objeto su posterior utilidad ya que no existía el concepto de mascota en las primeras sociedades agrícolas.

Dan buena suerte

La expresión inglesa pet define con exactitud el término mascota: “animal domesticado que se tiene por placer no por su utilidad”. La traducción al castellano sería animal doméstico familiar, pero se ha popularizado el término mascota que en realidad es un referente talismánico, portador de buena suerte, cuyo origen semántico procede del fonema provenzal masco, que significa bruja.

En la actualidad, las sociedades protectoras de animales han establecido como políticamente más correcto denominar a las mascotas como animales de compañía bajo la custodia de un guardián humano, distinguiéndolos claramente de los domésticos, puramente utilitarios.

También los etólogos conceden cada vez más importancia al estudio del comportamiento de las especies domésticas, hasta hace poco despreciadas por su mansedumbre, salvo honrosas excepciones como la de Konrad Lorenz, frente a la conducta supuestamente más "digna" de la fauna salvaje.

Animales domésticos

La popularización del término en castellano corresponde actualmente a la expresión animal doméstico, es decir que han sido adaptados para su aprovechamiento en las distintas actividades humanas: alimentación (vacas, ovejas, cabras, cerdos, abejas y gallinas), abrigo (ovejas, gusanos de seda), fuerza de trabajo (bueyes y asnos), defensa (perros), transporte (caballos y camellos), comunicaciones (palomas), deporte (caballos de carreras, galgos y halcones), ciencia (cobayas) y ocio (gatos, peces de acuario).

El cerdo primero

En una de las excavaciones que se realizan en Turquía para conocer mejor los primeros asentamientos humanos, exactamente entre los restos megalíticos de Hallan Cemi, los arqueólogos que esperaban encontrar cereales salvajes, o bien restos de ovejas y cabras, lo único que encontraron fueron vestigios de cerdos salvajes domesticados de más de diez mil años de antigüedad.

Con ello se demostraba que el cerdo fue el primer animal domesticado con fines alimenticios, aunque se han descubierto restos de otros animales domesticados con anterioridad. Se supone que el lobo fue sometido por el hombre hace doce mil años, pero el objeto de su servicio no era funcional, ya que antiguas civilizaciones se dedicaron a mejorar en la cría a los individuos con las características deseadas, mientras excluía a los restantes. Hoy en día se aprovechan los conocimientos en zoología e ingeniería genética para acelerar e intensificar el proceso de domesticación.

Darwin consideraba la domesticación como un experimento grandioso, comparable al proceso evolutivo de la naturaleza, con la diferencia que las transformaciones en los animales habían sido provocadas por los humanos. En la mayoría de los animales domésticos, las modificaciones fundamentales han tenido lugar desde hace unos trescientos años hasta el siglo pasado.

Lobos hambrientos

La domesticación de las especies animales se explica por una tesis aceptada comúnmente. Animales como el lobo se aproximaron a los primeros campamentos humanos y rebañaban los restos de las comidas. Poco a poco, a lo largo de los siglos, algunos se habituaron a los humanos e incluso puede que les siguieran en manadas, de tal forma que los hombres adoptaron a los más jóvenes, que sufrieron transformaciones evolutivas a los largo de milenios hasta convertirse en perros.

Los más afectivos y que guardaban mejor las posesiones del humano que les protegía y alimentaba y eran los más respetados en el campamento. Según el paleontólogo y biólogo Stephen J. Gould, los humanos preferían especialmente los animales que presentaban caracteres juveniles a una edad adulta, lo que se denomina neotenia, que provocó a su vez que aparecieran cada vez más razas de perros que gozaban de estas características. Se ha comprobado que los perros actuales parecen más jóvenes que un lobo de la misma edad, por lo tanto se dice que presentan caracteres neoténicos o que son pedomorfos, adultos cronológicos, pero inmaduros en su desarrollo (los humanos sin pelo somos pedomorfos con respecto a nuestros antepasados simios).

Evolución provocada

Recientes investigaciones encabezadas por el antropólogo estadounidense Darcy F. Morey han confirmado la tesis de Gould de que la domesticación no sólo ha constituido una transformación de los fenotipos, sino una evolución en toda la regla, con su modificación hereditaria de los caracteres selectivos. Morey ha demostrado que la enorme variedad de razas caninas proceden en realidad de cuatro tipos de lobos: el europeo, el norteamericano, el chino y el indio.

Pero si el humano tardó 10.000 años en domesticar 22 especies salvajes generando miles de nuevas especies, también se ha convertido en el mayor peligro para éstas, ya que la ganadería industrial favorece la explotación de sólo unas pocas razas muy especializadas. Un tercio de las 770 razas domésticas censadas en Europa corre peligro de extinción. En Alemania solo quedan cinco razas vacunas de las 35 que existían hace 20 años.

El proceso con las mascotas, sin embargo, es inverso. La genética, un nivel de vida más alto y las modas generan un mayor número de subespecies caninas y gatunas. Pero como dice Marvin Harris, los animales de compañía no hacen posible la agricultura, pero sí mucho más llevadera la vida en nuestra sociedad urbana.