La homofobia se entiende como el odio irracional a toda persona que siente atracción a individuos de su mismo sexo, incluyendo a personas heterosexuales que tienen comportamientos “adecuados” para el género opuesto, como es el caso de las mujeres varoneras y de los hombres afeminados. Es por la existencia de este odio latente que es tan trabajoso para ciertas personas salir del armario.

Actualmente, es común escuchar en los medios de comunicación a los sectores conservadores de la sociedad denunciando la degradación de los valores morales.

Es curioso cuando nos tomamos la molestia de pensar de dónde provienen los hábitos y valores que están degradados. Nietzsche escribió la Genealogía de la moral esperando comprender el origen de los principios morales en las sociedades occidentales. En este modesto artículo se espera poder clarificar de dónde proviene la noción que condena a conductas no-heterosexuales.

El origen

El lugar común al hablar de homofobia es la Iglesia Católica, que sostiene como ideal delimitar la expresión de la sexualidad al ámbito privado con fines reproductivos. En el catolicismo, el placer sexual por sí mismo era condenado, mientras que la represión de la líbido, entendida como el celibato, suponía la proximidad a un plano superior, más cerca de lo real, Dios.

Ahora bien, no caigamos en el facilismo de hacer responsable a la Iglesia de todos los problemas de los homosexuales. Ya que estamos investigando en los orígenes de la homofobia, ¿de dónde habrán sacado los pensadores cristianos esto de que el sexo entre personas del mismo sexo está mal?

Antes de Cristo

Respondiendo a la pregunta atrás formulada, se debe señalar que pensadores como San Agustín nutrieron su doctrina principalmente en el pensamiento de Aristóteles, quien condenaba las relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, a diferencia del catolicismo, no era una práctica que se satanizara, ni mucho menos penara como muchos países del medio oriente lo hacen en la actualidad.

Resulta que en la coyuntura aristotélica la homosexualidad no aportaba nada a la sociedad porque:

  • La institución pederastica había entrado en crisis al haber una preponderancia de la actividad sexual antes que la educativa.
  • Se necesitaban soldados para combatir en la guerra del Peloponeso.
  • El amor superior se vio relacionado con la metafísica y lo espiritual.
Entendiendo la evolución del pensamiento, circunscripto a la homosexualidad, se comprende la razón por la cual asuntos como la masturbación y las relaciones homosexuales eran desaprobadas. Se trata de cuestiones culturales que se aplicaban a ese entonces.

En la actualidad, la educación está totalmente desvinculada del sexo, las nuevas tecnologías han permitido concebir vida a través de técnicas in-vitro, y basta prender la TV para darse cuenta de que el amor o el sexo se encuentra vinculado a lo físico.

Se vive en un mundo en el que Dios ha muerto y los valores conocidos como tradicionales están en la cuerda floja al verse amenazados por la nueva coyuntura. Resulta absurdo aferrarse a valores que pueden haber sido funcionales hace miles de años en una realidad completamente diferente.

Consecuencias de la homofobia

Los crímenes de odio son el resultado de la homofobia, al nutrirse de la desinformación y del prejuicio.

Posiblemente, el caso criminal más conocido sea el del ‘matagays’ también llamado ‘El Sádico’ en la ciudad de México. Este joven fue detenido en 2006 tras haber secuestrado y asesinado a varios jóvenes gays alegando que estaba haciendo un favor a la sociedad.

También, la homofobia puede evocar en ciertos individuos la idea de suicidio. Los adolescentes son un grupo de riesgo habiéndose probado que los jóvenes gays tienen desde dos probabilidades más de cometer suicidio que sus pares heterosexuales.

Salir a la luz

Mientras la diversidad sexual continúe siendo relegada a un ambiente oculto y secundario en la vida cotidiana la homofobia continuará formando parte del sentido común de la sociedad. Para llegar a la verdadera igualdad, más allá de las sexualidades, es preciso poder debatir a la luz del día cuestiones que nos constituyen como individuos y como sociedad. La única forma de hacer esto es a través del diálogo.

Los judíos lucharon contra el antisemitismo en la época nazi, la gente de color marchó en repulsión al racismo, las mujeres se enfrentaron al status quo con el feminismo y ahora las minorías sexuales reclaman lo que les pertenece, sus derechos y su espacio público. Todo llega.