El origen de la actual situación económica que vive todo el mundo reside en lo que se denomina “crisis subprime” o “crisis de las hipotecas subprime”. Estas hipotecas no son ninguna tipología distinta al resto en cuanto a sus condiciones o características, aunque se distinguen por los clientes que firman dichas hipotecas. Se trata de personas que, con criterios económicos objetivos, difícilmente devolverán o estarán en disposición de devolver los créditos que firman con el banco hipotecando algún bien inmobiliario.

Los inicios de la crisis

Nos situamos en el año 2000 en Estados Unidos. El contexto político es la salida del presidente Bill Clinton, que deja el cargo al electo George W. Bush. En lo económico, el país era primera potencia mundial y, en esa época, casi sin contestación. Además, Clinton dejaba en las cuentas públicas un superávit holgado. Lo que parecía una situación idónea para el crecimiento (por la inercia del mercado), se convirtió en una legitimación y explosión de los vicios de dicha economía. Destacan dos puntos clave para entender el principio de la crisis originado en EEUU:

· Crisis inmobiliaria. El crecimiento económico que vivía EEUU potenciaba que un valor volátil como el de los inmuebles creciera a ritmos exponenciales. Entre 2000 y 2007, el crecimiento del valor de las casas fue mayor que el de cualquier otro bien. Pero no solo sustentado en la burbuja de precios. También la compra la legitimaba. Por decirlo con otras palabras, no solo la oferta tenía un comportamiento anormal y peligroso; también la demanda era extremadamente alta. Aunque relacionado con la burbuja en el crédito, la clave es la posibilidad de compra por parte de sectores sociales que, en circunstancias normales, debería haber visto (y veía) como lejana la posibilidad de adquirir un valor tan caro como la vivienda. Por parte de las clases altas, la posibilidad de adquisición inmobiliaria y la proyección de continuo crecimiento de los precios hicieron que éstas lo tomaran como un valor de inversión y especulación.

· Crisis del crédito. Hablamos de un contexto de compra masiva de casas por parte de clases medias y bajas que no tienen recursos para poder comprarlas. Y, ¿Cómo es eso posible? Debido a la crecida continua y exponencial de los precios de la vivienda. Los bancos son los primeros que, como hemos apuntado antes, especulaban con este crecimiento y eso se traducía en una facilidad absoluta en dar créditos hipotecarios. Las dos características de estos créditos eran el interés (con la inflación era aparentemente bajo) y que se otorgaban a gente en riesgo de no devolverlos porque el banco consideraba que el bien a embargar era de valor mayor que el dinero que pudiera devolver la persona (en el caso que fuera capaz de hacerlo).

Y quebró Lehmann Brothers

La situación antes descrita se produjo, con pequeños altibajos sin importancia, entre el año 2000 y 2006. En 2007 empezaron a darse situaciones de entidades que vislumbraban el final del crecimiento exponencial o, lo que es lo mismo, la posible explosión de la burbuja. En concreto, la cuestión central era preguntarse por el valor real de las viviendas en EEUU. Este valor era con lo que trabajaban las entidades bancarias que daban hipotecas de riesgo y las entidades de inversión que compraban los derechos sobre estas hipotecas de forma especulativa. Con esta operación, el banco que daba la hipoteca ganaba dinero vendiendo esos derechos a un fondo de inversión que tenía la certeza que ganaría más con el valor hipotecario.

Una de estas entidades de inversión era Lehmann Brothers. A mediados de 2008, buena parte de sus inversiones estaban relacionadas directa o indirectamente con las hipotecas subprime. Así es como en septiembre de 2008 la entidad, aparentemente solvente, quebró, dejando sin empleo a todos sus trabajadores. Los directivos hablaron de una pérdida de los valores que estaban en propiedad de la entidad financiera. En concreto, dicho en otras palabras, el problema de Lehmann Brothers fue intentar la venta de unos valores que no tenían el valor que se les suponía. Con esto, el valor real de dichos valores hizo que el banco de inversiones tuviera que declarar la quiebra.

A partir de esta quiebra, todos aquellos con títulos hipotecarios de los denominados subprime, que e habían extendido a todo el mundo, empezaron a cuestionarse por el valor real de los mismos. Esta situación concluyó con la explosión real de la burbuja inmobiliaria y presentó, a finales de 2008, un panorama desolador para las principales entidades bancarias de todo el mundo. El crédito se contrajo y esto afectó, como estamos comprobando actualmente, a ciudadanos particulares e, incluso, Estados.