El “Nocturno a Rosario” es uno de los poemas más importantes de este autor mexicano y hasta la fecha le sigue otorgando renombre pues está profundamente ligado a su vida personal al tiempo que refleja las huellas del Romanticismo como movimiento literario.

La figura romántica

El suicidio es un rasgo romántico que fue trabajado por Goethe en su Werther. Cierto es que la influencia de la literatura o ideología romántica europea no tuvo la misma recepción ni repercusión en América, sin embargo es posible establecer un vínculo entre ciertas características románticas europeas con la vida y obra de Manuel Acuña.

Abundan los autores románticos europeos que se caracterizaron por tener una vida corta, aunque no necesariamente a causa del suicidio, tal es el caso de John Keats o Novalis, ambos muertos a causa de la enfermedad o Lord Byron, muerto durante la guerra. La brevedad de la vida es un factor importante dentro del Romanticismo y eso tan es una constante que no hay en realidad muchos autores que hayan llegado a viejos, a excepción de Goethe y de William Wordsworth, aunque en realidad la producción literaria de éste terminó en su juventud así que es como si, literariamente, no hubiera continuado con vida.

Manuel Acuña, cometió suicidio a la edad de 24 años, así pues, murió con un año menos que John Keats y cuatro menos que Novalis. Acuña era una especie de Werther real, un enamorado empedernido o pasional que prefirió renunciar a su vida antes que no ver realizados sus sueños al lado de la mujer que amaban.

Manuel y Rosario

Manuel Acuña nació en Saltillo, Coahuila, el 27 de agosto de 1849. Fue llamado “el poeta del trágico destino”. Antes que ser poeta, Acuña estudió en la Escuela de Medicina, de hecho, el poeta estaba cursando aún la carrera de medicina, el cuarto año, cuando murió. Se sabe que se reunía con varios estudiantes de la facultad y de otros lugares para recitar poesía y compartir sus creaciones literarias. Acuña tenía una carrera prometedora en el mundo de las letras, a sus 24 años ya haba escrito un drama: “El pasado” así como publicado en algunas revistas artículos de prosa y otros poemas.

El “Nocturno a Rosario” como se sabe fue inspirado en Rosario de la Peña, mujer de la cual Acuña estaba enamorado y con la cual él tenía planes a futuro mismos que establece en el poema. Rosario frecuentaba las salas de lectura a las que Acuña y otros asistían y que incluso permitía que estas tertulias se realizaran en su propia casa.

Se dice que Acuña y ella estaban comprometidos en matrimonio, pero Acuña tuvo que salir a hacer un viaje de negocios y, para no dejar a su prometida sola, la dejó al cuidado de un amigo de confianza; a su regreso Rosario ya estaba casada con su amigo. Esto fue lo que se cree que detonó el ímpetu de Acuña y lo llevó a escribir el poema y, posteriormente, al suicidio.

Estructura

Desde el primer verso el poeta manifiesta su necesidad de comunicar lo que él llama su “última ilusión”; el poeta habla de un amor no correspondido que lo hace padecer física y anímicamente. La razón del yo poético comprende la imposibilidad de ese amor aunque la pasión no pueda entender de razones. Así pues se puede explicar un poco que la estructura del poema esté con estrofas intercaladas, es decir, una que hable puramente de la pasión, del sentimiento y de la figura ideal y hasta onírica en la que todo es posible con Rosario, para luego seguir con una estrofa que hable más de la razón y de la realidad en la que evidentemente el poeta no puede estar cerca de Rosario.

Entre el cambio de percepciones en el poema, se deja ver una cierta relación edípica del poeta con su madre, pues, como menciona Rosalba Fernández Contreras en Literatura de México e Iberoamérica “existe un momento de aparente calma en el que el poeta externa sus ilusiones de vida hogareña al lado de la amada, sólo que ese marco evoca la imagen de la madre y las dos mujeres en la vida del escritor se diluyen una en otra.” Esto sucede en la tercera estrofa:

“y al fin de la jornada

las formas de mi madre

se pierden en la nada

y tú de nuevo vuelves

en mi alma a aparecer”

Y también en la séptima en donde no hay propiamente una confusión, sin embargo habla de una relación amorosa en la que la madre tiene que estar forzosamente involucrada:

“tú siempre enamorada

yo siempre satisfecho,

los dos una sola alma,

los dos un solo pecho,

y en medio de nosotros

mi madre como un Dios!”

En la última estrofa el yo poético se deshace de toda esperanza a causa de un “hondo abismo” y deja el eco de su definitivo ¡adiós!.

El poema externa melancolía e inestabilidad cuando dice “que ya no sé ni dónde / se alzaba el porvenir”; el yo poético es sentimental el ilógico en el juego antitético: “en vez de amarte menos, / te quiero mucho más”; la falta de respuesta de la amada significa su soledad, el poeta escapa hacia ese otro mundo que ha sido forjado por su ilusión. Algo que enfatiza la evasión de la realidad es la regresión a su pasado en versos como “me envolvió en sus besos / cuando me vio nacer”.

Ya en el final, el poeta con el eco repetido del “adiós”, la idealización de la mujer amada que es esencia e inspiración, plenitud de su vida y su luz; pero esta fusión es sólo poética pues, como ya se había mencionado y respondiendo a la estructura del poema, los ensueños e ilusiones chocan con la realidad de un desamor.

La estructura del poema es en realidad sencilla; se compone de diez estrofas de diez versos heptasílabos cada una; el esquema de rima no es rígido, sino que al contrario es un sistema más libre en el que no necesariamente debe haber una rima consonante o asonante determinada ni una estructura cerrada. “Las series de ritmos cortos confieren al poema un ritmo muy marcado; la rima es consonante en los versos pares: riman entre sí los versos segundos, sexto y octavo y, con otra rima, el cuarto y el décimo entre sí. La musicalidad del texto le da la acentuación de los versos que tienen en la sexta sílaba el acento primario y el de apoyo en la segunda sílaba, lo que en los heptasílabos da por resultado un ritmo mixto muy melódico”.

Cada palabra está colocada en el lugar correcto y a través de algunos recursos poéticos como el encabalgamiento: “que ya se han muerto todas / las esperanzas mías”, las anáforas: “decirte que te adoro / decirte que te quiero”, el hipérbaton: “hacia otro mundo quiero / mi espíritu volver”, y el oxímoron: “luz de mis tinieblas”; el poema está dotado de una estructura sencilla y poco complicada no deja de estar bien trabajada.

El nombre que nos queda

Manuel Acuña se suicidó con cicuta al terminar de escribir el “Nocturno a Rosario”. Se dice que quienes encontraron su cuerpo lo hallaron con lágrimas en los ojos. Este rasgo es una manifestación de lo que sería uno de los aspectos del ser romántico. Ahora, y para la posteridad se lee el “Nocturno a Rosario” como un poema que exalta los sentimientos y la pasión y que funde la imposibilidad con el anhelo, lo cual desemboca irremediablemente en la desesperación.

Las ideas y sentimientos del Nocturno, como ya se dijo, conservan una parte muy pequeña de lo que significó en sí el movimiento romántico ya sea en Europa o bien en América; sin embargo, a pesar de su pequeñez, el sentimiento desbordante y la pasión irracional son tan fuertes que en realidad se ha asociado estos aspectos como si fuesen los único dentro del romanticismo, se ha creído que ser romántico es necesariamente ser trágico y pasional.

Cabe destacar que el Romanticismo ha sido un movimiento enorme que no sólo se enfocaba en la pasión desmedida, que en realidad no se debe creer que el Romanticismo sólo esta comprendido por el delirio amoroso y hasta infantil de un Werther que se suicida al sacrificarse debido a su gran pasión y la imposibilidad de realizar sus sueños. El Romanticismo es algo mucho más grande que se debe valorar con más profundidad y no dejar que aspectos mínimos como los tratados por Acuña sean los únicos ya que de hacerlo se pierde la perspectiva de todo lo que implica y por aún, se corre el riesgo de caer en clichés y cursilerías que de románticas sólo tienen el nombre.

Así pues, el Romanticismo debe ser estudiado a profundidad sin olvidar los aspectos que también lo hicieron grande. Ciertamente, Acuña es una figura importantísima por su literatura y su vida, como ya se había mencionado; y no sólo por eso sino porque cierra de alguna forma con el ciclo de escritores románticos en Hispanoamérica ya que posteriormente, no muchos años después, aparecerá el Modernismo con Rubén Darío y otros poetas que dentro de este movimiento aportarán otras visiones del mundo y de la literatura así como aspectos nuevos y diferente modo de tratarlos.