El bullicioso lugar que ocupa la Plaza de El-Tahrir, a pocos minutos del Nilo, alberga en su parte norte un palacio construido a finales del siglo XIX, que desde 1902, recibe el nombre de Museo Egipcio de El Cairo.

Este edificio acoge la culminación de los esfuerzos de varios románticos de la cultura del Antiguo Egipto, encarnados en la figura del egiptólogo francés Auguste Mariette, para crear un lugar digno como museo, que complementara el Servicio de Antigüedades, que fue creado por el virrey de Egipto Said Bajá.

Este museo fue el final de un proceso que se había iniciado en 1858, cuando se inició el almacenamiento de material arqueológico a modo de pequeño museo en el barrio de Bulaq. El proyecto continuó con un traslado a unas dependencias de la llanura de Guizeh, para decidir al fin la definitiva ubicación de la plaza de El-Tahrir.

A parte de la gran gestión desarrollada por Auguste Mariette, destacó la tarea de Gastón Maspero, que fue director del Instituto Francés de Arqueología Oriental de El Cairo, y que continuó la labor de su compatriota.

La dirección técnica del museo, estuvo bajo control europeo hasta la revolución egipcia de 1952, momento en que paso todo el peso de la gestión burocrática, a manos del gobierno egipcio.

El edificio del Museo Egipcio de El Cairo

El edificio es un palacio de estilo neoclásico, obra del arquitecto Marcel Dourgnon, con dos plantas reservadas para la exposición de las piezas más relevantes al público, y con un contenido indeterminado de tesoros en sus sótanos aun sin catalogar, que poco a poco van siendo expuestos en exposiciones itinerantes, dentro del mismo museo.

Se sabe que hay más material descatalogado y no visible al público, que el actualmente expuesto. Esto es debido a dos circunstancias. La primera, es que existe un fondo museístico mostrado de carácter intocable, por su importancia y trascendencia histórica y cultural. La segunda, por la escasez de presupuesto y política de trabajo del Ministerio de Cultura Egipcio, del que depende el Consejo Superior de Antigüedades.

Dentro del recinto, se exhiben alrededor de 130.000 piezas de diferentes épocas del Antiguo Egipto, colocadas estratégica y cronológicamente en el sentido de las agujas del reloj, para que queden bien patentes al visitante, las distintas épocas de la cultura egipcia.

En el exterior, un hermoso jardín rodea al palacio, y junto a la fachada principal están ubicados diversos monumentos que preparan el ambiente al público. De esta manera, junto a la fachada principal, en el jardín, está expuesto un piramidón que era el que acostumbraba siempre, a coronar la cúspide de los obeliscos y pirámides.

También rodeando el edificio, las estatuas de personajes egipcios de diferentes épocas, enmarcan el lugar. Una fuente central, frente a la entrada principal, contiene plantas de papiro, como símbolo del Bajo Egipto faraónico.

Los fondos históricos egipcios del Museo de El Cairo

En la planta baja, se pueden apreciar toda una serie de tesoros de la Época de Amarna, de la Baja Época, del Periodo Ptolemaico, de los tiempos Helenísticos y Romanos, de los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo, y del Periodo Bizantino de Nubia.

En el primer piso, se nos muestra el Tesoro de Tutankhamon, a parte de otras piezas de los periodos históricos antes citados, siempre bajo el criterio del Secretario del Consejo Superior de Antigüedades, Zahi Hawass, hombre fuerte de todo el tesoro egipcio, reunido en El Cairo y en todo el país del Nilo.

La totalidad de la exposición del museo, está clasificada como se ha dicho por secciones, siguiendo como eje vertebrador, un mínimo orden cronológico, desde principios de la época faraónica hasta los tiempos de la denominada época helena romana tardía.

El singular interés de la visita al Museo Egipcio de El Cairo

No se puede visitar Egipto, contemplar sus maravillas arquitectónicas, navegar por el ancestral Nilo, y sumergirse en su leyenda y su atávico encanto, sin culminar la estancia en el país de los faraones, con una detenida y metódica visita al Museo Egipcio de El Cairo.

El viajero, terminará por asimilar de la mano experta del guía, o de los precisos y documentados folletos, puestos a su disposición por la dirección del museo, de la esencia más importante de su viaje, el comprender y asimilar el verdadero significado de una inigualable y arcana cultura.