Cumplir 20 años es motivo de celebración. Cumplir 20 años sin muro, todavía más. Berlín es protagonista de ese aniversario tan especial. Durante cuarenta años Alemania estuvo dividida en dos bloques antagónicos. Su capital fue amputada con un muro durante dos décadas de incertidumbre y temor. Los berlineses supieron resistir. Mantuvieron la esperanza del reencuentro, y lo consiguieron.

Muchos buscan las huellas de ese episodio al visitar Berlín. Lo cierto es que hay multitud de propuestas para realizar ese viaje histórico. Un viaje cargado de melancolía que puede comenzar en casa con una buena selección cinematográfica.

Hay cuatro películas clave al alcance de todos: "Sonnenalle" (1999), "Good Bye Lenin" (2003), "La vida de los otros" (2006), y "Uno, dos,tres" (1961).

La vida de los otros

Una vez se pone en marcha el miedo y la desconfianza es difícil echar marcha atrás. En la República Democrática Alemana (la comunista) existía una policía secreta. Ésta controlaba las opiniones políticas de sus ciudadanos. Su libertad de expresión y movimiento.

La Stasi -acrónimo de StattsSicherheit o Seguridad del Estado- además se nutría de una rica plantilla de colaboradores voluntarios. Los informadores civiles (300.000) triplicaban en número a los propios empleados (91.000), es decir, uno de cada 50 habitantes de la Alemania oriental espiaba a sus vecinos. A cambio de nada. Florian Henckel retrató esa atmósfera opresiva con una gran historia de redención. Un dogmático empleado de la Stasi, Gerd Wiesler, recibe el encargo de vigilar al conocido dramaturgo Georg Dreyman.

Éste escribe obras de teatro fieles a la ideología de la RDA. No debería estar bajo sospecha. Gerd ignora que el ministro de cultura, Bruno Hempf, quiere quitarse del medio a Dreyman para beneficiarse a su novia, la actriz Christa-Maria Sieland. Ella es amante del ministro por temor a su chantaje: si no se acuesta con él la vetará y no podrá actuar en ningún escenario. Tanto el dramaturgo como el agente de la Stasi ignoran el sufrimiento de los demás. Vigilante y vigilado se necesitan para abrir los ojos.

Good bye Lenin!

Los cambios de régimen político conllevan un proceso de adaptación. A veces se da un desencuentro generacional y familiar. Entre padres e hijos. Esposa y esposo. La película "Good bye Lenin!" habla de lo contrario. De la odisea en la que se embarca un hijo para proteger a su madre de la noticia de la caída del Muro. Es una acérrima defensora del socialismo de la RDA. Cuando su marido decide emigrar a la Alemania occidental no le acompaña y pone fin al matrimonio. Se queda con sus dos hijos en el este.

Según se van haciendo mayores éstos se vuelven escépticos con el Gobierno. Sobre todo Alex, algo que descubre la madre de casualidad, en una violenta manifestación contra Erich Honecker. Ella admira al jefe del Estado e intenta disolver la protesta cuando se topa con ella. No tiene ningún ápice de duda de vivir en el país más justo. En el mejor de los mundos posibles. De pronto reconoce a Alex entre los manifestantes y pierde el conocimiento. Pasa ocho meses en coma en los que el mundo que ella conoce se derrumba. ¿Cómo enfrentarla a esa noticia?. ¿Estará preparada? Wolfgang Becker indaga sobre cómo las personas digieren los cambios. Y pierden sus certezas.

Sonnenallee¿Cómo se divertían los osis o berlineses del este al otro lado del muro? La película iconoclasta del realizador Leander Haussmann da algunas pistas. La Sonnenallee o Avenida del sol es el lugar donde viven los protagonistas. Son adolescentes. Se enamoran, se desengañan, se emborrachan.

Destrozan la casa de sus padres cuando tienen la oportunidad de organizar una fiesta. Aspiran a lo mismo que otros jóvenes. Y sin embargo son diferentes. La pandilla de Michael y Mario compran discos prohibidos de los Rolling Stones y ponen en cuestión toda la propaganda política que reciben en el colegio. A punto de ingresar en la universidad, deben enfrentarse a cuestiones demasiado existenciales para su corta edad. Por ejemplo, ser leales al régimen comunista o cambiar la dirección de sus vidas.

El final, apoteósico, se puede disfrutar con Dynamo 5 y su versión de la canción The Letter y las últimas palabras del protagonista Michael: "Erase una vez un país -la Alemania oriental- yo viví en él. Cuando me preguntan cómo era contesto: fue la mejor época de mi vida, porque era joven y estaba enamorado".

Uno, dos, tres

Billy Wilder -autor de comedias ácidas como "Primera Plana", "Con faldas y a lo loco" o "Sabrina"- se atrevió a quitar hierro a la Guerra Fría con "Uno, dos, tres". La frase del título es la coletilla con la que empieza todas sus frases el señor MacNamara, un ambicioso directivo de CoCaCola dispuesto a ser el primero en conquistar el mercado de la URRS con la bebida más occidental.

El personaje llega a decir de los soviéticos: "Serán los primeros en la carrera espacial, pero si quieren beber CocaCola tendrán que contar con nosotros". Los planes de McNamara se desbaratan cuando recibe el encargo de cuidar a la hija del presidente de CocaCola, una adolescente enamoradiza e inconsciente.

El amor y el deseo derriban las fronteras, aunque haya telones de acero por medio. La película de Billy Wilder es imprescindible para no caer en una actitud demasiado trascendental a la hora de recordar el Berlín de posguerra.