Los cnidarios (clases Hydrozoa, Anthozoa, Cubozoa y Scyphozoa) presentan una estructura corporal bastante sencilla. Poseen una cavidad rodeada por una membrana con un compartimento digestivo, llamado cavidad gastrovascular. Esta cavidad tiene una sola abertura que funciona como boca y ano. Estos animales exhiben dos estructuras corporales: una sésil (pólipo) y otra flotante (medusa). Algunos cnidarios existen solamente como pólipos, otros como medusas y un grupo restante pasa por ambos estados a lo largo de su vida. Son carnívoros y capturan a sus presas valiéndose de tentáculos dispuestos en forma circular alrededor de la boca. La comida es digerida en la cavidad gastrovascular. Los tentáculos poseen cnidoblastos, útiles en la defensa y captura de presas. Poseen un sistema nervioso muy sencillo que coordina a los músculos formados por células de la epidermis y la gastrodermis, explica Neil A. Campbell en Biology.

Diferentes formas de moverse

Si bien muchos ejemplares son sésiles, como los corales y las anémonas, sus cuerpos y tentáculos pueden extenderse, contraerse o inclinarse hacia un lado u otro. El movimiento se lleva a cabo a través de la contracción de las fibras longitudinales y circulares de los músculos. Estas fibras no se encuentran en las células musculares propiamente dichas sino en prolongaciones de las células de la epidermis y la gastrodermis. Las capas musculares se desarrollan de diferentes formas según el tipo de animal. Por ejemplo, las hidras tienen los músculos de la gastrodermis muy poco desarrollados y el movimiento lo consiguen casi exclusivamente por medio de contracciones de las células de la epidermis, actuando contra el fluido en la cavidad gastrovascular, explican Robert L. Dorit, Warren F. Walker Jr. y Robert D. Barnes en Zoology.

Regeneración y reproducción

Los cnidarios polipoidales (anémonas y corales) poseen la capacidad de regenerarse con facilidad. Por ejemplo, si el lado oral de estos animales es dañado, éste puede reconstruirse para formar una nueva zona bucal y tentáculos. Las hidras son un ejemplo de renovación continua de las células del cuerpo. La reproducción asexual es muy común en las especies polipoidales. Los nuevos individuos se forman a través de gemación. La mayoría de los cnidarios posee un solo tipo de gametos, los cuales crecen y se desarrollan de células intersticiales. La fertilización es, por lo general, externa y el desarrollo ocurre en el plancton. La plánula, ejemplar en estado larvario, es algo alargada y presenta simetría radial, con una sólida masa de células en su interior, rodeada por una capa externa de células ciliadas, agregan los citados autores.

Alimentación: captura y digestión de las presas

La mayoría de los cnidarios son carnívoros. Las hidras y los corales se alimentan de plancton pero las medusas grandes y las anémonas pueden comer peces pequeños y almejas. Unas estructuras llamadas cnidocitos les facilitan la captura de las presas. Los cnidocitos están formados por cilios modificados y por nematocistos. Para la digestión rápida de la comida utilizan células intestinales que segregan enzimas proteolíticas. Las cilias de las células gastrodermales, al agitarse, ayudan a mezclar el contenido que se encuentra en el intestino. Luego, pequeños fragmentos de tejido son tragados por células nutritivo-musculares y la digestión se completa en forma intracelular. El material no digerido es expulsado por la boca, complementan los mencionados autores.

Los esqueletos de corales y la radiación ultravioleta

Muchos organismos que habitan en los arrecifes de corales utilizan la fotosíntesis o han evolucionado en contacto con otros seres vivos que utilizan esta forma de producción de materia orgánica a través de la luz solar. Por lo tanto los tejidos de estos organismos están expuestos a la radiación solar de las aguas cristalinas y cálidas y se han adaptado para capturar y aprovechar la radiación fotosintéticamente activa (RFA). Sin embargo, los niveles altos de radiación ultra violeta (RUV) pueden causarles severos daños a los tejidos.

A través de mediciones de reflectividad de RUV y RFA realizadas en lechos marinos con esqueletos de corales y en otros fondos marinos desprovistos de los mismos, se ha podido demostrar que la habilidad de los esqueletos con carbonato de calcio para absorber en buena forma la radiación solar y al mismo tiempo dirigir la radiación RFA a los tejidos, tiene un gran significado desde el punto de vista biológico. Ruth Reef, Paulina Kaniewska y Ove Hoegh-Guldberg en Coral Skeletons Defend Against Ultraviolet Radiation comentan que al colocar cnidarios sobre estos esqueletos y un sustrato que refleja las radiaciones UV pudieron demostrar que bajo niveles ambientales de radiaciones UV, las radiaciones transmitidas a través de los tejidos de cnidarios colocados sobre los esqueletos al descubierto fueron cuatro veces más bajas en comparación con aquellos que fueron puestos sobre un sustrato blanco que refleja las radiaciones UV.

Además, los citados autores encontraron una relación directa entre los bajos niveles de radiaciones UV hallados en los cnidarios sobre los esqueletos de corales y una disminución de la magnitud del daño que dichas radiaciones les causaron a sus ADN. Los esqueletos emitieron una fluorescencia de color amarillo como consecuencia de la radiación UV absorbida, dando lugar a que la radiación se disipe en forma segura.

Así, concluyeron que la fuerte absorbancia de rayos UV por parte de los esqueletos podría estar relacionada con la habilidad de los corales de crecer y fortalecerse bajo niveles de radiación UV que son perjudiciales para la mayoría de los habitantes del mar.

Medusas desde los tiempos más remotos

El origen de los cnidarios se remonta a varios millones de años atrás. Evidencia de esto son los restos fósiles de medusas hallados en la formación geológica Marjum de Utah, Estados Unidos, pertenecientes al Cámbrico. Se trata de las primeras medusas en las cuales se observó una delicada preservación de partes de sus cuerpos, los cuales fueron interpretados por los investigadores como tentáculos rastreadores y superficies de las subumbrela y exumbrela. Si estas interpretaciones son correctas, se podrían sacar conclusiones sobre ejemplares modernos y antiguos, explican Paulyn Cartwright, Susan L. Halgedahl, Jonathan R. Hendricks y otros autores en Exceptionally Preserved Jellyfishes from the Middle Cambrian.