El Modernismo es un movimiento poético hispano-americano creado esencialmente por el poeta nicaragüense Rubén Darío y que en España se desarrolló cronológicamente coincidiendo con la prosa del 98 (con influencias recíprocas entre ambas escuelas). Su importancia fue enorme y, si bien no pasó de ser una moda literaria que tuvo vigencia como tal durante apenas quince años, tuvo la virtud de renovar totalmente la poesía española, constituyéndose a la vez en un referente para la evolución lírica posterior.

Enorme influencia del movimiento modernista

En este sentido, si Rubén Darío significa el punto de partida, Juan Ramón Jiménez representa la última fase de esta escuela y el puente hacia las nuevas tendencias. Hay que señalar que aunque el Modernismo fue un movimiento esencialmente poético, tuvo una importancia de gran calado entre los escritores españoles, quienes lo adoptaron para otros géneros como la novela o el teatro, como el propio Valle Inclán, a quien Salinas califica como "hijo pródigo del 98".

La justificación histórico-literaria del Modernismo hay que buscarla en la reacción general que se produce a finales del siglo XIX y comienzos del XX frente al espíritu realista de la época. De esta manera, los nuevos creadores pretenden romper el sentido burgués que impregnaba el arte del momento, dotándolo de un tono más aristocrático, huyendo de lo vulgar y buscando matices más exquisitos.

También superan el prosaísmo y el descuido de la forma, dominantes hasta entonces, con el culto a la belleza sensorial; la búsqueda de la luz, el color y la música cobra una importancia decisiva. Además, ya no interesa la observación rigurosa de la realidad sino la expresión de lo subjetivo.

Modernismo: imaginación y exotismo

Este interés de los modernistas por el mundo de las ensoñaciones o de los íntimos sentimientos hace que sus obras se caractericen por un derroche de imaginación y de ambientes exóticos e irreales. La poesía ya no se considera un vehículo para la expresión de inquietudes sociales o ideológicas, sino que prevalece el interés estético. Los poetas modernistas del siglo XX, en una suerte de segundo Romanticismo, destacan por el anhelo de libertad, renovación y originalidad y por un espíritu rebelde.

La insatisfacción frente al positivismo burgués y la exaltación de los valores estéticos harán que Juan Ramón Jiménez defina al Modernismo como “un encuentro con la belleza sepultada durante el siglo XIX” y como “un gran movimiento de entusiasmo y libertad hacia la belleza”.

Esta búsqueda de la belleza hace que los poetas de la escuela de Rubén Darío se alimenten de la tradición histórica y legendaria, como base para fastuosas evocaciones de lejanos ambientes y épocas remotas. Así, por sus versos desfilan héroes homéricos, princesas orientales, ninfas y faunos, sultanes y odaliscas, guerreros medievales y juglares occitanos o galantes cortesanos versallescos. Todos ellos ubicados, a su vez, en los más exóticos y adecuados escenarios: la silenciosa pagoda, la selva mitológica, el perfumado harén o el castillo encantado.

Por su parte, la íntima sensibilidad se ve reflejada en una lánguida tristeza y melancolía, mucho más literaria que auténtica. Abunda el poema de refinada nostalgia en un ambiente otoñal de jardines dolientes y flores marchitas.

Sinestesia: luz, color y música

En cuanto al estilo, el color y la música, como se ha dicho, son los elementos líricos esenciales. Los poetas modernistas revisten sus cuadros históricos y sus exquisitos estados de ánimo con una rica gama cromática, reservando las tintas más brillantes para sus evocaciones exóticas y legendarias (“sol con corte de astros, en campos de azur”) y las más desleídas para las melancólicas (“el atardecer en el parque abandonado”).

Importante es también el recurso musical. Con Rubén aparecen sonoridades y cadencias insospechadas, se incorpora una gran variedad de neologismos y voces exóticas de acentuada sonoridad (“bicorne”, “liróforo”, “náyade”…) y se revoluciona la métrica, recuperando o inventando ritmos como el verso de nueve sílabas (“Juventud divino tesoro”), el endecasílabo de gaita gallega (“Libre la frente que el casco rehúsa”), el dodecasílabo con censura (“El teclado armónico-de su risa fina”), el alejandrino (“el palacio soberbio que vigilan los guardas”) o los resonantes anfíbracos presentes en la “Marcha Triunfal”.

El recurso literario más destacable del Modernismo (con origen en el Simbolismo francés) son, sin duda, las denominadas “correspondencias”, o sinestesia, que mezclan distintos sentidos físicos o los asocian con sensaciones internas: “rimas de oro”, “sinfonía en gris mayor”, “fragancia azul”, etc.

Toda una renovación que, como ya se ha apuntado, tendrá una enorme influencia y repercusión, no solo en la poesía, sino también en la novela y el teatro de los escritores hispano americanos.