
- Pasaje Barolo - H. ANTONIO VAZQUEZ BRUST
Buenos Aires es una ciudad en la que pueden encontrarse edificios plagados de historia. Recorrerla implica sumergirse en la originalidad de su arquitectura. Tanto el turista, como el transeúnte casual pueden acceder a parte de su encanto si prestan un poco de atención al paisaje urbano. Algunos datos pueden trasladar al observador a fines del siglo XIX y principios del XX, un momento clave en la conformación de esta ciudad pujante, que miraba a Europa, pero a la vez construía su identidad.
En 1894 se inauguró la Avenida de Mayo, para unir la Casa de Gobierno con el Congreso Nacional. La comunidad española la hizo suya y rápidamente aparecieron distintos hoteles y cafés con nombres hispánicos. Pero en esas diez cuadras que denotan el poderío económico que existía en los primeros años del siglo XX, se construyó un edificio ideado y financiado por italianos. Es el caso del Palacio Barolo, que fue el más alto de Buenos Aires desde 1923, año de su inauguración, hasta 1935, cuando fue desplazado por el Kavanagh, que se encuentra frente a la plaza San Martín.
Un palacio para perpetuar la memoria
El Palacio lleva el nombre de un poderoso empresario textil, Luis Barolo, que quiso perpetuar su memoria con una construcción exuberante. Para eso contrató al arquitecto milanés Mario Palanti, un admirador ferviente de Dante Alighieri y su Divina Comedia.
Barolo le dio rienda suelta a la imaginación de Palanti, quien diseñó un monumento de 100 metros de alto, a la manera medieval, lleno de alusiones cósmicas, religiosas y alquímicas. La estructura está dividida en tres partes: infierno, purgatorio y cielo, una propuesta que invita a abstraerse del vértigo de la ciudad e introducirse en un territorio misterioso y oculto.
La representación de estos ambientes sagrados puede observarse, por ejemplo, en las ménsulas con forma de dragón que sostienen los arcos y las bóvedas. Pero si se quiere salir del más oscuro y satánico recinto, conviene elevar la mirada hacia la cúpula, que tiene 16 metros de altura y que fue diseñada tomando como modelo el templo Rajarani Bhubaneshvar, construido en los siglos XII y XIII, en la India.
El faro de la cúpula significa la entrada al cielo, un lugar que fue estratégicamente ideado para que, los primeros días de junio, hacia las 19.30 horas, quede alineada la constelación de la Cruz del Sur. Todas las formas circulares que aparecen en el edificio responden a una idea original de Dante, quien sostenía que el círculo era la figura más perfecta.
Un cruce con el boxeo, en una pelea memorable
Pero no todo era misticismo para entendidos, el faro de la cúpula es un arco voltaico de 300.000 bujías, que sirvió para la colocación de dos focos, uno rojo y otro verde, que en 1923 anunciaron el desenlace de la pelea del argentino Luis Ángel Firpo contra el campeón de los pesos pesados, el estadounidense Jack Dempsey.
El color que mostró el Barolo fue el rojo, tras un combate de solamente 6 minutos, Firpo perdió por knock out en el segundo round. Todo un acontecimiento lumínico para la época, que llegó a verse en las costas uruguayas. A nivel deportivo, la pelea fue muy importante, porque estableció la legalidad del boxeo profesional en Buenos Aires, que hasta entonces se practicaba de manera clandestina.
La derrota de Firpo fue interpretada por muchos como una injusticia, determinó que se estableciera el 14 de septiembre, como el día del boxeador en Argentina.
El escritor Julio Cortázar, confeso fanático del boxeo, citó el episodio en su cuento Circe: "Vino la pelea Firpo-Dempsey y en cada casa se lloró y hubo indignaciones brutales, seguidas de una humillada melancolía casi colonial".
Una historia de dos orillas
Pero este palacio, con pasaje incluido, que conduce a los transeúntes desde la Avenida de Mayo hasta la calle Hipólito Yrigoyen, no está solo en este mundo, sino que tiene un hermano mellizo en Montevideo. Esa fue otra de las ideas del arquitecto Palanti, que se codeaba con los personajes más adinerados del momento, proponiéndoles llevar a la práctica sus más extáticas creaciones. El pariente del Barolo se llama Palacio Salvo y fue concebido como la otra columna de Hércules del Río de la Plata, que dialogaría a escala cósmica con su hermano, representando dos faros a nivel planetario. Los planos de dichos monumentos desaparecieron misteriosamente después de que Palanti regresara a Italia. Sólo queda registro de las instalaciones sanitarias.
El Pasaje Barolo alberga comercios y 11 ascensores y se encuentra en Avenida de Mayo 1370. Está abierto de lunes a viernes de 7 a 22 y los sábados de 7 a 12. La mayor parte de los departamentos que lo componen están destinados a oficinas.
