
- Harley Davidson en Cuba - Photocuba
En Cuba quedan unas 150 Harley Davidson, según el Registro nacional de Vehículos, de las cuales alrededor de la mitad aún funciona. Hace cinco décadas, al triunfo de la Revolución de Fidel Castro, en el país caribeño rodaban un millar de estas motocicletas estadounidenses, una parte de ellas en manos la policía y el ejército.
Los europeos, pioneros en el mercado cubano de las motocicletas
Pero la historia de las motos en esta isla no comienza con una Harley Davidson, sino con un triciclo italiano de la marca Prinetti & Stucchi, propiedad del comerciante italiano H. Avignone, que hizo su aparición en las calles habaneras el 3 de septiembre de 1899 (el primer auto había entrado en diciembre de 1898), según cuenta Onelio García Pérez, autor de una Historia del motociclismo en Cuba, todavía inédita.
"La ciudad crecía y los habaneros necesitaban medios de transporte capaces de satisfacer sus necesidades crecientes de esparcimiento, rapidez en las entregas de mercancías, aparejadas también al fomento de los primeros negocios", señala.
La invención de estos equipos databa de 1885, cuando Gottlieb Daimler había creado la primera motocicleta en Alemania, además de patentar el motor de combustión interna. El artefacto de Daimler tenía una armazón de madera sostenida por dos ruedas principales y dos de estabilización trasera, como los velocípedos de niños.
Fueron los europeos quienes inicialmente ocuparon el mercado de las motocicletas en Cuba, como ocurrió con los automóviles. En 1908, recuerda García, surgió la primera flotilla de la policía en la isla, integrada por bicicletas con motor de la casa Fils, de la francesa Peugeot. Luego, en 1917, la inglesa Excelsior-Henderson estableció un negocio de motocicletas, el primero de su tipo en la nación caribeña.
Finalmente en 1920, el empresario Luís Breto compró una tienda de Harley Davidson en La Habana. En esa misma década el presidente Gerardo Machado declaró a las Harley como las motocicletas oficiales de la policía nacional.
Mecánicos ingeniosos salvan las motocicletas clásicas en Cuba
Hasta el final de la década de 1950, las BSA, Norton, Matchless y Triumph inglesas compitieron en el mercado cubano con las americanas Indian, Whizzer y Harley Davidson. La llegada de Castro al poder sería el principio del fin de ese reinado compartido. El tiro de gracia sonó en 1962, cuando el gobierno de Estados Unidos declaró el embargo económico y financiero contra la isla de régimen socialista.
"En los primeros años de la década del 60 ocurrieron las primeras intervenciones de los negocios de motocicletas, lo que dio como resultado el retiro de diferentes concesionarios y con ellos se esfumaron las piezas", relata García.
Entonces "los propietarios de motocicletas comenzaron a sentir la falta de piezas y sus máquinas día tras día se fueron deteniendo en muchos rincones, garajes y patios de Cuba", rememora.
El parque de motocicletas fue reemplazado por equipos fabricados en la República Democrática Alemana (RDA), la antigua Checoslovaquia y la Unión Soviética, nuevos aliados políticos y económicos de La Habana.
Eran "robustas, muy resistentes, sin mucho acabado y económicas", afirma García. "Muestra fehaciente es que hoy circulan muchas de ellas aún por las calles de Cuba y partes de ellas están también en el interior de los motores de las motos clásicas", asegura.
"El 17 de octubre de 2004 adquirí mi BSA (Birmingham Small Arms) y comencé entonces a investigar sobre la historia de esta marca", recuerda con exactitud.
Su BSA de modelo Bantam, una solución urgente en tiempos de poco transporte público, es un ejemplar de las que poblaron las calles de La Habana en la década de 1940. En aquella época fueron usados por su ligereza, buen precio y resistencia, tanto por motoristas "aventureros" como por "algún negociante emprendedor, que compraba motocicletas en grandes cantidades, para crear una flotilla lo suficientemente eficaz, que garantizara la permanencia de su negocio en tiempos de escasez de combustible".
Y se hace el "milagro" - Talleres de mantenimiento y restauración de motocicletas
El "milagro" de la conservación de las motos clásicas, como sucede con los autos antiguos, ha sido el resultado del empeño de miles de personas: mecánicos, electricistas, torneros y, en general, amantes del motociclismo, quienes han mantenido sus viejas máquinas, a pesar de los estragos del tiempo y los vaivenes de la política.
"Aquí se ha tenido que adaptar desde una llanta para los motores Harley Davidson por la falta de gomas, hasta pistones y camisas, rusas, checas para sostener las motos", dice.
Pero la inventiva de los cubanos en este campo de la mecánica no es asunto reciente. Desde la década de 1910 ya existían en La Habana talleres dedicados no sólo a la restauración y mantenimiento, sino también al diseño, maquinado de cajas de velocidad, carburadores y otros
En Cuba existe "un movimiento inventiva tecnológica (homologación) entre los seguidores, que se ha movido desde la fabricación, maquinado de piezas, construcción y adaptación de los antiguos sistemas eléctricos por nuevos componentes electrónicos, en sustitución de los antiguos magnetos, hasta lo más reciente: la customanía y la homologación cubana", indica García.
La memoria de los moteros cubanos guarda con celo los nombres de los principales artífices de este prodigio: José Lorenzo (Pepe Milésima) y Jesús Silveira Lago (Chucho) son dos de los personajes de esta historia, por su maestría como mecánicos y por haber legado "en manos de las nuevas generaciones de motoristas, mecánicos y estudiosos el know-how empírico de muchos años", reconoce García.
"Hoy en día nuestras joyas rodantes son un vivo ejemplo de la mecánica clásica del mundo, por eso, muchas personas vienen a visitarnos para investigar, palpar, ver y vivir jornadas con los moteros de Cuba", afirma este hombre de 47 años, integrante de la Escudería de Motores Ingleses Clásicos de Ciudad de La Habana, surgida en 2002.
