El miedo en la literatura infantil

Cuentos de miedo y personajes terroríficos, ¿son recomendables?

De verdad que no podía - Editorial Kókinos
De verdad que no podía - Editorial Kókinos
Muchos niños piden cuentos de miedo y los padres sienten una ligera aprensión a complacerles con este tipo de historias. ¿Son convenientes?, ¿cómo han de ser contadas?

La literatura infantil, como lo estuvo la tradición oral, está plagada de personajes monstruosos: lobos feroces con colmillos puntiagudos; ogros dispuestos a comerse a quienes se adentren en su morada o brujas que cocinan calderos de burbujeantes pócimas venenosas. Los actos de estos personajes son espantosos: devoran, secuestran y matan.

¿Es conveniente leer a los niños cuentos que les provoquen miedo?

Es comprensible que los padres sientan inquietud entregando a sus hijos a la crueldad y la violencia de estas historias, pero no se puede obviar que el miedo es inherente al ser humano. Se nace con él. Los miedos infantiles son tan primarios como profundos: ya desde pequeño se tiene miedo a perder el cariño o la protección de los padres, a estar solo, a la agresividad, a caer, a ser devorado.

Para el niño, lo esencial es poder poner un nombre a sus experiencias, sobre todo a aquellas que le resultan -pese a su corta edad- claramente negativas, dolorosas, incómodas, o incluso terroríficas. Los cuentos y las ilustraciones de los libros le permiten dar forma a sus miedos, ponerles nombre, representarlos.

Cómo utilizar los cuentos para vencer los miedos infantiles

A menudo el niño es incapaz de dar nombre a sus angustias y solamente puede hacerlo de maneras indirectas o demasiado abstractas: miedo a la oscuridad, miedo a los animales; sin embargo, no se puede luchar contra las angustias si no es posible hablar de ellas, y los cuentos pueden ser una herramienta muy útil para vencerlas.

Pongamos un ejemplo: si un niño tiene miedo a ser secuestrado y alejado de sus padres, su miedo puede materializarse en la figura de una bruja; entonces resultará fácil librarse ella cociéndola en una gran olla o inventando un conjuro anti-brujas. Ni siquiera tiene que ser necesario salir del plano fantástico del relato para quitar el miedo con la explicación racional de que las brujas no existen: bastará con darle fin dentro de la historia con una conclusión tranquilizadora.

¿Todos los niños están preparados para los cuentos de miedo?

Como es natural, cada niño reacciona según su sensibilidad y, por lo tanto, cada padre, educador o mediador encargado de escoger una narración o una lectura, tiene que ser capaz de medir los riesgos valorando la edad, la capacidad de comprensión y la madurez del destinatario de la lectura.

A veces se producen sorpresas, un niño que por lo general es valiente puede no soportar la imagen que a nosotros nos puede parecer bastante convencional de un lobo feroz, mientras que otro más asustadizo puede disfrutar pidiéndonos escuchar una y otra vez una historia sobre crueles ogros y brujas.

Trucos para contar historias de miedo

En el caso de los prelectores hay un truco que puede ayudar a modular perfectamente el miedo que un cuento provoca en el niño: el tono de voz y el contexto en el que se narre la historia cobran un papel extraordinariamente importante.

Para aquellos que adoran temblar con historias terroríficas, se puede jugar con los efectos especiales; ¿por qué no contar el cuento a oscuras a la luz de una vela o linterna?, o utilizar toda clase de utensilios caseros para crear ilusiones sonoras.

Para aquellos más impresionables puede funcionar todo lo contrario: leer un cuento de monstruos nocturnos a plena luz del día, y subrayar la poca seriedad de lo que se cuenta suele ser suficiente para hacerles reír de su propio miedo.

¿Tienen que tener las historias de miedo un final feliz?

Para que una historia sea buena, ha de ser capaz de retener verdaderamente la atención del pequeño; es necesario que despierte su curiosidad, que estimule su imaginación y que corresponda a sus angustias y a sus aspiraciones, pero sobre todo, en el caso de los más pequeños, es necesario que tenga un buen final: es necesario que el personaje monstruosamente malo sea destruido, o, al menos, su maldad.

El final feliz y tranquilizador del cuento le da a entender al niño que él es capaz de superar y vencer a los miedos que le acechan. En esas condiciones el niño puede disfrutar de tener miedo obteniendo una victoria contra él: es más fuerte que sus monstruos.

Qué hacer cuando son las imágenes las que asustan

El impacto que ofrece una imagen es mucho menos “negociable” para un niño que el de un texto. El niño comprende las palabras según sus posibilidades y necesidades, pero por el contrario, ante una imagen, tiene menos defensas. Por eso también los cuentos de miedo ocupan una posición muy distinta de las películas o escenas de televisión aterradoras, y pueden ser utilizados y disfrutados muchísimo antes que los de los medios audiovisuales.

Si una imagen de un libro, incluso aquella que a los adultos no les resulta especialmente perturbadora, asusta al niño, lo mejor es no taparla ni pasarla de largo: bastará con explicarla o incluso con redibujarla junto al niño de manera que se haga una interpretación menos agresiva y más familiar de la escena.

Es importante hablar del miedo

Un magnífico álbum ilustrado sobre los miedos nocturnos que además puede ayudarnos a entender cómo encontrar una solución imaginativa para cada miedo que encontremos en los cuentos es "De verdad que no podía" (Kókinos, 2001), con texto de Gabriela Keselman e ilustraciones de Noemí Villamuza.

El miedo es un sentimiento importante para construir la personalidad del niño; si el niño tiene la impresión de que los adultos que le rodean no conocen el miedo, o al contrario, tienen tanto miedo del propio miedo que lo censuran en sus cuentos o lecturas, su angustia irá en aumento.

Paula por Ramoneart, http://www.ramoneart.tk

Paula Mara Moreno Gil - "El proceso de escribir me recuerda los preparativos para una fiesta. No sabes a cuánta gente invitar, ni qué menú ...

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COMENTARIOS

20-ene-2010 0:11
Invitad@ :
Covivir con los miedos, utilizar la literatura infantil como un vehículo de conocimiento viviencial "sin que te pase nada".
Conocer y conocerse, viviendo los miedos a ser comido (el lobo, los agujeros, el río que te lleva...), miedo a descomponerse, cuando empiezan a desarrollar el control de esfínteres... La literatura infantil, al igual que el juego, contienen un sentido catártico inigualable, que permite al niño descubrir su entorno y a sí mismo libres y sin riesgos. Los miedos, con una gran carga cultural en su significado y forma de tratarlos, creo que no deben de ser ocultados y tratados como tabú. Los cuentos, las canciones, el juego, el contacto físico, la mirada y, sobre todo, el establecimiento de un apego seguro, facilitará su desarrollo hacia niños con personalidades equilibradas que valoren y adquieran ese neceario control emocional.
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