
- Terremoto en Chile - Casa America
Poner la mano en el bolsillo y dar algo de dinero para atender las necesidades de otro, es un acto loable. Dar su tiempo y energías para servir a las personas, es una acción digna de reconocimiento. Dar su vida para salvar a otros, es el mayor gesto de sacrificio que se puede realizar.
No planificaron ser héroes. No buscaron pasar a la historia como mártires. Simplemente estaban en el momento y en el lugar donde las circunstancias les exigieron tomar una decisión. Eligieron ayudar hasta la muerte, su ejemplo ennoblece a la humanidad y nos plantea preguntas vitales fundamentales.
Por deber a la conciencia
"Si no intento rescatar a los demás, siempre me pesará en la conciencia", con esas palabras Pedro Muñoz, un pescador de Constitución, en Chile, justificó su decisión de volver con su bote a buscar a quienes estaban en una isla frente a la costa y arriesgaban con ser arrasados por el maremoto.
Junto a su hijastro Luis Anabalón y su amigo Juan Padilla se dedicaron a ayudar a cuántos pudieron para que abandonaran la isla donde estaban acampando de vacaciones. Las instrucciones que dio Muñoz a su esposa Tabita Bravo fueron: "Las mujeres y los niños primero".
Una treintena de personas les debe la vida. En el tercer viaje la última gran ola del Tsunami los arrasó. Su esposa dice: "Escuché que la tercera ola se aproximaba, destruyendo todo a su paso, escuché cómo se rompían las amarras de los botes. Corrí hacia el cerro y al voltear me di cuenta que Pedro, Luis y Juan no estaban. Ahí supe que no los volvería a ver”.
Qué habrá pasado por la mente de estos tres héroes en ese último instante, no lo sabemos. Si es posible conocer que las personas que fueron salvadas nunca podrán olvidarlos y sabrán que en algunos casos, el llamado de la conciencia, es superior a cualquier otra consideración.
Razones para un actuar extraordinario
Es importante hurgar en las razones por qué en casos de situaciones extremas, algunos huyen, otros saquean, algunos se paralizan y, en cambio, otros optan por actos de supremo servicio.
El psicólogo de la Universidad Central, Claudio Barrales, en un artículo titulado Terremoto y sociedad sostiene que: "En el caso de los actos de valentía, el heroísmo y las muestras de solidaridad, estas personas poseen con una mayor probabilidad factores protectores sicosociales, tales como acceso expedito a las redes de apoyo formal, familias con valores y roles definidos, una alta resiliencia y éxito para afrontar las exigencias de la vida, además de participación en redes informales y al mismo tiempo una alta satisfacción de sus necesidades básicas de autoestima y seguridad".
En otras palabras, el comportamiento de estas personas no es casual, es fruto de un proceso donde intervienen diferentes factores sociales, psicológicos, valóricos, éticos y educativos.
Hay otras voces que proponen otras explicaciones, Philip Zimbardo, psicólogo norteamericano que lleva años intentando entender por qué personas normales se involucran en actos de heroismo sostiene que "no existe algo así como una naturaleza heroica, sino que todos somos héroes en potencia. El problema es que, muchas veces, el contexto no nos ofrece la posibilidad de ponerlo en práctica".
Para este investigador es muy importante entender que criar hijos para la obediencia total a las normas no es saludable. Es necesario enseñarles a discriminar cuando es necesario, que por otras circunstancias ajenas, aprender a rebelarse frente a la norma.
Las personas son capaces de arriesgarse a asumir actos de heroísmo cuando entiende que es necesario defender algo justo, a costa de cualquier sacrificio.
Conclusión
Los héroes existen, están entre nosotros, y muestran su verdadera naturaleza cuando ocurren situaciones tan difíciles como un terremoto o un maremoto.
Es importante pensar en los héroes, en las personas anónimas que de pronto salen del anonimato para mostrarnos la mejor cara de la humanidad, esa que está dispuesta al sacrificio de la vida, con tal de llevar un poco de paz a otros. Frente a eso, ningún discurso tiene el mismo efecto.
En una época de héroes de papel y de la exaltación de la farándula y la vanidad, sube el ánimo y da esperanzas, el saber que aún quedan los héroes anónimos que de pronto nos recuerdan que siempre, aún en épocas de extrema dificultad, lo mejor del ser humano puede eventualmente aflorar.
