No se imaginen a un encapuchado entrando en un banco y gritando que esto es un atraco. No. Más bien, en todo caso, al revés. El mayor robo de la historia de España no tiene como víctima a una gran entidad financiera, sino a usted y a mí. Y probablemente ni se haya enterado.

Tampoco esperen un botín enorme sacado de una tacada. De hecho, el robo del que hablamos, técnicamente, ni siquiera puede ser considerado robo, sino una mera apropiación indebida. Muchas meras apropiaciones indebidas. Y, como las moscas del poema de Machado, que de cotidianas pasaban desapercibidas, se produce poco a poco, ante nuestras narices. En nuestros propios bolsillos. ¿Quiere saber si es una de las víctimas de este saqueo? Mírese ahí, en su cartera: un pequeño examen bastará.

¿Usted comprueba periódicamente su cuenta bancaria? Pues hay cierto porcentaje de gente que no lo hace. Los bancos lo saben. Entonces, cuando necesitan liquidez, pasan a todos sus clientes una comisión. (Invéntese un nombre imaginativo y póngalo aquí, es el sistema que utilizan ellos para nombrar estas comisiones). ¿Ha encontrado alguna vez algún cobro injustificado? Si un cliente se da cuenta y protesta, se lo devuelven diciendo que es un error. Si no, se quedan ese dinero. Son apenas unos pocos euros, pero multiplique por el número de cuentas bancarias y obtendrá cifras millonarias.

¿Comprueba usted las facturas de su compañía telefónica? Hágalo una vez. Quizá descubra, como mucha otra gente, que le cobran llamadas que no ha hecho o que le facturan varias veces por las que sí. Le cobran de más. Lo hacen habitualmente. Lo puede hacer también el tendero de la esquina, sí, pero aunque quisiera no podría engañar de una vez a millones de personas. Si llama para quejarse obtendrá la misma respuesta: un error del sistema, unas disculpas, una devolución del dinero. Lo sospechoso es que el error nunca es a favor del cliente. ¿De verdad las máquinas se equivocan tanto? El tendero de la esquina, sí, puede ser. Pero las máquinas...

No, no hay ningún error. Algunos directivos de banca, incluso, admiten en privado que esto se hace. Es una tentación muy grande para las empresas que cuentan a sus clientes por millones. Sobre todo si, como en el caso de un banco, tienen acceso directo a sus cuentas. Cobrar un poquito más a cada uno supone eso, millones. Que un porcentaje se dará cuenta y protestará: pues se les devuelve el dinero. Pero, para el resto de los clientes, la maniobra pasará inadvertida y podrá ser repetida cuando haga falta.

Por supuesto, no es algo nuevo. ¿Recuerdan las cabinas de teléfono que no devolvían cambio? ¿Recuerdan que había que echar cinco duros para una llamada de diecinueve pesetas? ¿Recuerdan que Telefónica ganaba dos mil millones de estas antiguas pesetas (12 millones de euros) solamente por este sistema? El problema es que nadie va a molestarse en reclamar el cambio de una cabina de teléfonos, y menos si se trata de unos céntimos.

Con las facturas actuales o con las comisiones ad-hoc de los bancos, tampoco. Te quejas, te devuelven el dinero y ya está. Quién va a llevar a juicio a Telefónica por unos pocos euros o por unos céntimos. No merece la pena. Así que se deja. Pero, ¿por qué no actúan las instituciones de defensa del consumidor? ¿O los propios jueces, de oficio? ¿Y los medios, porqué no hablan del tema?

En los dos primeros casos hay un problema, no insalvable, pero importante: las pruebas de este expolio cotidiano las tienen únicamente quienes lo realizan. Sí, se pueden obtener pruebas dispersas, casos sueltos... pero sólo estas empresas saben cuánto han recaudado así. Y, probablemente, ni ellas: aunque dudo de que un banco no sepa llevar ni su propia contabilidad, sí que me imagino a Alierta sin estar al tanto de este tipo de cosas, como esos cornudos que no saben que lo son o esos borrachos que son los últimos en darse cuenta de que beben demasiado.

En el tercer caso, el de los medios de comunicación, hay una dificultad añadida: estas grandes empresas son, también, grandes anunciantes. Así que los medios perderían, de sacar el tema, mucha inversión publicitaria (sí, querido Diego, lo sé... me estoy cargando toda remota posibilidad de que Telefónica sufrague con sus anuncios Contraportada). En cierto sentido, son partífices de este expolio: no sólo por su silencio, sino por aceptar dinero obtenido de esta forma. (¿No es emocionante, Diego, ser el único medio español al margen de esta gran mentira... y no sólo al margen de toda financiación?).

Yo propuse hacer una investigación sobre el tema en dos de los medios nacionales más importantes, incluida esa radio que dice en su publicidad ir un paso por delante. Y, en ambos casos, obtuve una negativa. ¿Cómo pensaba obtener las pruebas? Pues con un teléfono: haciendo mil encuestas al azar por mes. Y haciendo las simples preguntas que iniciaban este artículo: ¿comprueba su cuenta y su factura telefónica?, ¿ha encontrado cobros injustificados? y, si la respuesta fuera afirmativa, ¿cómo se resolvió el tema?

Así hubiera tenido al menos una pequeña estadística con la que refrendar mis afirmaciones. Hubiera podido extrapolar el porcentaje gente, de entre los que sí comprobaban sus facturas, que había encontrado esos "errores" a la gente que no las comprobaba (las potenciales víctimas del expolio). Así tendría una cifra aproximada de los timados. Pero nadie quiso sufragar mi investigación. Y no tengo pruebas más allá de mis propias facturas y las de algunos más que, llegado el caso, preferirían no tener que testificar.

Pero si Telefónica me denuncia por acusarles sin pruebas, diré que este artículo era un error. Que no quería escribirlo. O que quería escribir "Telefónica" con minúscula. Les devolveré el dinero (¿qué dinero?). Les pagaré por los potenciales clientes que hayan dejado de serlo por leer este artículo. Les pagaré más, por lo que les hubieran cobrado de más a estos clientes. Y esperaré, pacientemente, a que me vuelvan a llamar, como cada semana, para que me cambie de operador; con el temor de si quien me habla al otro lado del hilo está blandiendo una navaja de atracador o no.

(Este artículo fue publicado por primera vez en septiembre de 2011 en la desaparecida www.contraporta.com.es)