Muchas personas han ido por primera vez a recibir un masaje terapéutico porque sufrían alguna dolencia, pensado que iban a recibir una serie de pases agradables y relajantes. El masaje tiene la justificada fama de ser un proceso grato, porque el tipo más popular es el masaje relajante o anti estrés, que es el que nos sume en una agradable sensación de placentero sosiego, algo absolutamente terapéutico a niveles psíquicos y físicos.

Sin embargo, debemos advertir que en muchos casos, aunque no en todos, los masajes terapéuticos puedser dolorosos, ya que se trabaja sobre zonas doloridas, por lo que su manipulación aumentará en principio la sensación de dolor para luego aliviarla en el transcurso de esa sesión o al cabo de las horas. En ese caso, la experiencia sensitiva no es tan agradable como en el caso del masaje relajante, aunque sí positiva porque la persona sale aliviada o incluso sanada de su dolencia.

¿Cómo debe ser un masaje relajante?

Masajes relajantes los hay de varios tipos. En términos generales, debe ser suave y con un tacto delicado pero firme. Los pases deben ser a base de movimientos suaves con un ritmo armónico y sin ninguna brusquedad, siempre agradables, incluso cuando se trabaja sobre contracturas o mialgias.

El ambiente, por supuesto, influye mucho. Debe ser una estancia agradable, con una luz tenue, acompañado de algún tipo de música suave y aceite aromático o incienso, para crear una ambientación sosegada y acogedora. Eso sí, al gusto del paciente. Es decir, quizás prefiera el silencio a la música o esté más cómodo con más luz.

Esta ambientación, además, permite que un buen terapeuta incorpore otras terapias en el tratamiento, como la musicoterapia y la aromaterapia, las cuales son efectivas por sí mismas pero se potencian con el masaje relajante.

Todo esto convierte un buen masaje relajante en una experiencia placentera para sentidos tan importantes como el tacto, el oído y el olfato, así como un descanso para el cuerpo y el alma.

¿Cuáles son sus beneficios?

El beneficio fundamental y evidente es relajar, tonificar el sistema nervioso y disminuir el cansancio, que no es poco. Además, se produce una bajada del tono muscular que ayuda a eliminar los dolores tensionales, produciendo un efecto de bienestar físico y anímico.

Este bienestar se deriva en una mejora en el sueño, que se vuelve más reparador, y de los dolores que se producen en la espalda por la tensión muscular. Siempre y cuando ésta no sea muy intensa, ya que en ese caso se debe recurrir a algún tipo de masaje terapéutico.

Además, baja la tensión arterial, la mente se despeja y queda en un estado de mayor relax pero alerta, ya que se mejora la circulación sanguínea y, por tanto, la oxigenación del cerebro. Se trata de beneficios derivados del contacto humano.

¿Hay alguna contraindicación?

Podría pensarse que, al ser suave y nada agresivo, el masaje relajante al ser suave y nada agresivo no tiene contraindicaciones. Pero en algunos casos está contraprescrito, como en los siguientes:

  • En caso de hipotensión, ya que tiene efectos depresores de la tensión arterial. Sin embargo, en caso de tensión arterial normal o alta sería no sólo positivo, sino también recomendable.
  • Personas que padezcan linfoma o cáncer linfático, ya que puede favorecer la extensión de las células cancerígenas por los canales linfáticos.
  • Problemas en la piel que puedan ser contagiosos como hongos, lupus, etc. En este caso se puede recibir el masaje con guantes de látex, previo aviso al terapeuta.
  • Cuando hay hematomas, inflamación o heridas que no estén bien cicatrizadas.