Antropológicamente, el hombre es poseedor de distintas dimensiones, lo que lo lleva a vivir con ciertas manifestaciones características de cada una de ellas.

Es natural que alguna dimensión sobresalga y pase a ser la que distinga el perfil de las personas, las culturas o las sociedades. Con ello, sus integrantes, a manera personal o en comunidad, tienden a responder de cierta forma al dominio o debilidad que recibe de las determinaciones de tal o cual dimensión.

Dimensión especulativa

Es la que se distingue por la actividad racional; la persona o la sociedad, tiende a ser reflexiva, analítica y pensante. Otorga una capacidad de pensamiento que trae beneficios como la riqueza cognoscitiva que, a su vez, se traducen en otras bondades personales, laborales o espirituales.

Dimensión moral

Se refiere al establecimiento y cumplimiento de normas y leyes que el hombre ha ido definiendo como condiciones para convivir civilizadamente. La regulación de la vida social fortalece la integración de la misma y logra encaminar los esfuerzos singulares hacia los objetivos que se tengan en común.

Dimensión funcional

Es la que se marca con la acción y la realización de proyectos. Su esplendor, la creación, hace que el hombre interactúe con el mundo y consiga acciones que le hagan la vida más confortable. Podría decirse que la actividad económica de una persona o de una sociedad, viene de la prioridad que le dé a esto.

Dimensión emotiva

Aquí domina la sensibilidad; a través de sus impulsos es como se representa la capacidad de vivir plenamente. Es cuando la persona busca lo que le trae una satisfacción sensible; se le da mayor valor a cuestiones como la calidez de las relaciones personales o el sentirse bien con las manifestaciones artísticas o festivas, por ejemplo.

Aplicación sociopolítica

En la sociedad actual, es relativamente fácil mover al conjunto de personas que la componen, al menos a gran parte de ellas, que a su vez, se ven aumentadas en cantidad por el conjunto de quienes se muestran indiferentes ante el punto en cuestión, pero que se toman en consideración para las acciones que se desean tomar, como si se tratara de verdaderos adherentes.

De las dimensiones comentadas, básicamente prevalecen dos, la racional y la emocional. La primera podría verse como la ideal, que contendría individuos verdaderamente pensantes y reflexivos; la segunda, es la que más se da y se distingue por la validez que le otorga al instinto, al sentimiento o a la sensación.

Ambas dimensiones, resultan en un tipo de conciencia colectiva, que no viene a ser tomada como la suma de otras individuales, sino que se toma como un todo que permite las acciones sin presentar mayor resistencia. Ningún individuo deja de ser lo que es, pero la mayoría sí permite que se le sume a la colectividad aun cuando sea incongruente o confusa.

Modas sociales

Los actores sociales, más los que dirigen el conjunto, llegar a saber aprovechar (siendo pensantes y reflexivos, precisamente lo contrario a la sociedad que manejan), toda esa manipulación que se puede hacer para llevar a las personas hacia el punto que más convenga a sus intereses.

Es con encuestas, modas, medios de comunicación o campañas directas con los individuos, como consiguen presentar lo que quieren demostrar como la realidad, para que se adapte a los intereses que los mueven y conseguir evitar cualquier tipo de oposición ante sus objetivos.

Medios para conseguirlo

Puede hablarse de tres formas subsecuentes para lograr la aceptación de las acciones. Una de ellas es la persuasión, otra es la generación de opinión y, por último de la obtención de una actitud.

En las últimas décadas, esas formas han ido variando en su orden o aplicación; hace años se enfocaban más en que hubiera actitudes, yendo directamente a las personas, otorgándoles algo que los moviera a realizar lo que de ellas se buscaba. Mucho deben influir los medios de comunicación actuales, con su inmediatez y su dominio social.

La persuasión

Para persuadir, de entrada, se inicia detectando y analizando los sentimientos que caracterizan a la sociedad en cuestión, para utilizar las herramientas adecuadas que permitan el manejo de esa conciencia colectiva emocional. Se busca reconocer cómo se recibe el mensaje, con miras a conseguir la manipulación de las ideas que se transmiten y que las acciones que se emprendan estén movidas por la influencia que se les da, hasta llegar al grado de que las repercusiones sean las convenientes para quienes inician y dirigen todo este proceso.