Es un fenómeno que se puede ver tanto en las ciudades como en los poblados o rancherías de todo México. Resulta tan común que la gente ya no le pone mucha atención porque es parte de la cotidianidad del entorno. Un fenómeno que no respeta edad, sexo o condición social, y que si no es observado como un problema puede derivar a futuro en conductas agresivas e incluso hasta criminales en las personas: este es el maltrato hacia los animales.

¿Qué es el maltrato hacia los animales?

De acuerdo a las diferentes asociaciones de protección animal en todo el mundo, se define como el abuso, violencia o atentado contra la integridad física de cualquier tipo de animal que se lleve a cabo de forma sistemática.

El maltrato hacia los animales se puede manifestar de diferentes formas:

  • La caza deportiva.
  • Las peleas de animales con fines comerciales (perros, gallos, entre otros).
  • La explotación de animales en espectáculos, como los circos.
  • Las fiestas tradicionales, como la charrería en México.
  • El maltrato hacia las mascotas caseras, que puede ser desde el descuido, abandono o la violencia hacia el animal.

Factores que determinan el maltrato hacia los animales

Haciendo a un lado los factores que tienen que ver con tradiciones, la explotación animal con fines comerciales o de experimentación, cuyas razones son más claras aunque moralmente cuestionables, el maltrato hacia los animales en el entorno cotidiano debe representar un foco rojo a observar en la conducta de las personas.

De acuerdo con la psicóloga María de los Ángeles Griselda Yáñez García, coordinadora de Centro de Educación y Desarrollo Humano de la Universidad del Valle de México Campus Querétaro (CEDH), el maltrato hacia los animales se puede dar por diversos factores y en diferentes etapas de la vida, la primera de ellas en la niñez:

“En los niños pequeños se da la curiosidad de conocer las reacciones de un animal al ser maltratado, y también es parte de los instintos que derivan en actos fallidos, es decir, hacer las cosas por travesura o por maldad.”

El maltrato hacia los animales a partir del periodo de la adolescencia

Sin embargo, a partir de la adolescencia, el maltrato hacia los animales puede ser un síntoma que está afectando la psicología del individuo:

“La persona que agrede a los animales pudo haber sido un niño maltratado o víctima de abuso, y no sólo en el sentido sexual, también físico o psicológico. En ciertas ocasiones los padres que son restrictivos, figuras autocráticas, castrantes que reprimen los impulsos naturales de sus hijos, llegan a generar en ellos tanta agresividad reprimida que éstos la canalizan o desahogan a través de la violencia a seres inferiores. Esta ya puede ser catalogada como una personalidad psicótica, que puede llevar al individuo a la agresión no sólo a los animales sino también hacia personas más débiles como son los niños o las mujeres. Se ha encontrado un estrecha relación entre personalidades delincuentes y el maltrato animal.”

La responsabilidad de los padres ante el maltrato animal

Sin duda, los padres de familia tienen la gran responsabilidad de orientar a sus hijos cuando observen este tipo de conductas en el hogar. Como toda enfermedad, el maltrato hacia los animales se debe detectar a tiempo, de lo contrario los niños y los adolescentes pueden desarrollar patologías que afecten su vida futura y su relación con otros seres humanos.

Por ello resulta indispensable el considerar las condiciones existentes en el hogar a la hora de decidir la adopción de una mascota. Desde los aspectos básicos de mantención del animal, sus cuidados, salud, así como los espacios de convivencia con la familia, que deben ver a la mascota como una responsabilidad compartida y no como una carga o castigo que pueda llevar al hartazgo o quizás al maltrato animal.

Y para las personas que ya tienen esta patología, lo más recomendable es la terapia psicológica con fines de readaptación social, en la que no sólo reconocerán que existe un problema sino que también encontrarán diferentes formas de canalizar su agresividad reprimida, en acciones que no causen dolor o maltrato a los seres inferiores que viven a su alrededor.