
- Issue 1, De Appel, Spring 2007, Amsterdam - F.R. David
Un proyecto híbrido sobre texto e imaginación especulativa reúne en el Centro de Estudios y Documentación (CEDOC) unos 150 libros de más de 60 artistas, difíciles de catalogar y de encontrar, no sólo por su carácter experimental, sino porque han sido concebidos al margen de los canales de distribución.
"El mal de escritura" es un proyecto algo distinto a lo que estamos acostumbrados. Se trata de una colección de libros, opúsculos, panfletos, cuartillas, todos ellos escritos por artistas y que constituyen una biblioteca muy singular.
Se circunscribe en un proyecto a largo plazo del CEDOC para dar a conocer una práctica creciente, pero apenas visible en conjunto por su escasa tirada en el arte contemporáneo: la publicación, por parte de los artistas, de libros de ficción que escapan de la denominación de libro de artista, ya que han sido concebidos para ser leídos.
Este es el resultado que arroja un año de rastreo y que crecerá a medida que se localicen más textos, y que se refleja en la exposición de más de 150 títulos escritos por 60 artistas internacionales, la mayoría pertenecientes a una misma generación.
También se presentan las 100 cartas de los artistas David Bestué (Barcelona, 1980) y Marc Vives (Barcelona, 1978), a modo de reivindicación del género epistolar caído en desuso, dirigida a cien personas e instituciones que participan en la construcción de Barcelona, con el fin de entablar posibles diálogos.
Todo ello en un espacio activo de lectura y debate, diseñado por el artista Xabier Salaberria (San Sebastián, 1969) y donde el texto de pared “Por quoi ‘Malady’” del artista danés Jørgen Michaelsen (Dinamarca, 1961) interpela al espectador.
Betsellers de artista
Tradicionalmente, siempre se ha distinguido entre libros de artista y textos teóricos, críticos, biográficos, escritos por artistas.
Esta exposición recoge textos de ficción: académica, literaria, política y poética. Son libros pensados, producidos y, en su gran mayoría, publicados por artistas y que, sin embargo, no son libros de artista. Novelas y ficciones de distinto tipo que tendrían un dudoso éxito en el mundo literario.
Los circuitos de distribución determinan la presencia de los libros en los lugares corrientes donde uno va a buscar una novela. En este caso es el propio artista o alguna institución de arte quien decide publicarlos. No hay agentes.
El lector, al leerlos, descubre que se trata de un ejercicio de reinvención del lenguaje y la escritura destinada a relacionarse con la producción artística; así, estos libros quieren ser leídos por aquellos a quienes interese el arte contemporáneo, aunque esta no sea una intención explícita.
La biblioteca del artista
La biblioteca no está ordenada por materias. Los libros se distribuyen en el espacio de forma que cada cual vaya descubriendo qué es qué y la mejor manera de relacionarse con ellos.
Algunos son textos cortos, otros novelas que requieren tiempo para su lectura, lo que significa que hay que acudir con voluntad de leer y de estar con los libros. Hay más de un ejemplar a disposición del lector y usuario, de modo que un mismo texto puede ser leído por varias personas simultáneamente.
Dialogando con las instituciones
David Bestué y Marc Vives quieren enviar 100 cartas a otras tantas personas e instituciones de Barcelona. Quieren establecer un contacto directo y personal con ellos.
El desuso en el que ha caído el género epistolar añade rareza al proyecto, puesto que refleja, en palabras de los artistas, un esfuerzo por generar un gesto para propiciar una respuesta, la comunicación con los destinatarios. El texto –las cartas– tiene la misión de interpelar el modo de insertarse en la realidad de cada una de estas personas que participan muy directamente en la construcción de Barcelona.
