El Liberalismo se presentó como un elemento de racionalización frente a la Monarquía Absolutista. Así, el Liberalismo comenzó defendiendo que todos los ciudadanos fueran iguales ante la Ley. De esta forma, se produce una serie de cambios en la sociedad europea del siglo XIX en algunos regímenes liberales, con algunas características que serán asumidas solo por determinados grupos sociales, básicamente por la burguesía, de ahí que se hable de revolución liberal burguesa.

No obstante, para los grupos que no se beneficiaron del cambio, el 90% de la sociedad que componía las clases sociales más modestas, esta revolución supuso una decepción. Estas clases sociales, una vez producido el cambio, se quedaron fuera de juego de un régimen liberal restringido, cuyos beneficiarios fueron los más ricos, únicos a los que se les reconoce plenos derechos políticos. Esto justifica que inmediatamente después de consolidado el Liberalismo surgieran nuevas ideologías con la característica común de la defensa de los intereses del proletariado, como el Socialismo o el Nacionalismo que, junto con el Liberalismo, serán las grandes corrientes ideológicas del siglo XIX.

En la época contemporánea, el Liberalismo ha ejercido un gran protagonismo en el mundo del pensamiento político. Bajo la denominación de Liberalismo se escondían un conjunto de teorías y discursos doctrinales, a veces contradictorios entre sí, que nos permiten distinguir principalmente dos corrientes de pensamiento que ni siquiera coincidieron en el tiempo: Liberalismo Político y Liberalismo Económico.

Tipos de Liberalismo

El Liberalismo Político, en su forma inicial, se formulará en la segunda mitad del siglo XVII, esencialmente gracias a las aportaciones de John Locke y Thomas Hobbes, que sostienen que hasta el siglo XVII se había defendido que el poder le había sido entregado directamente a un rey o príncipe para que en nombre de Dios gobernase (Absolutismo). En cambio, Locke y Hobbes defienden que el poder reside en el pueblo, pero se establece un pacto entre éste y el monarca al que le delega su poder para que gobierne. Esta teorización se complementará en el siglo XVIII por Jean-Jacques Rouseau y Montesquieu, quienes señalan que es preferible que el poder no estuviese en unas únicas manos, formulando así la división de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Para ellos la razón debía ser el factor fundamental de la vida social y no la providencia.

Posteriormente apareció el Liberalismo Económico, mucho más reciente que el Liberalismo Político. El Liberalismo Económico tiene su origen en el siglo XVIII en el rechazo que entre las clases medias y sectores mercantiles generó el Mercantilismo, una práctica habitual de las monarquías absolutistas, que supeditaba la organización económica a los intereses del Estado, que era quien determinaba las necesidades productivas de cada momento. El Liberalismo Económico preconiza que, frente al intervencionismo del Estado, la economía debe regirse por la ley de la oferta y la demanda (el libre mercado); es decir, se basa en la creencia de que la economía se rige por una mano invisible y lo mejor es no intervenir y que sea el propio mercado quien se autorregule.

Desde finales del siglo XVIII, el Liberalismo se identifica con la defensa de la igualdad y la libertad. Esta defensa desemboca en un concepto ingenuo de la política: el político es el que sirve a la comunidad. Los liberales defendían la idea de la igualdad de todos frente a la ley, pero no una igualdad social. Los liberales eran clasistas, pero cambian el orden cerrado del componente de la clase social determinada por el nacimiento, por el componente de la riqueza. Es decir, el Liberalismo identifica riqueza con capacidad: el rico es inteligente y capaz de decidir quién debe gobernar. La riqueza da voto y es el origen del Liberalismo Censitario, forma política en la que se concretó en el siglo XIX el Liberalismo. La riqueza es asimismo señal de valores morales, frente a los pobres que carecen de ellos. Este elemento será vital para el nacimiento de las ideologías obreristas.

El Liberalismo en España

En España, los ricos con capacidad de votar van del 0,15 al 3-4% de la población. Esta minoría será la que cuente con plenos derechos políticos. De esta forma, la diferencia entre liberal y demócrata radica en que el liberal sostiene que todos son iguales ante la ley y ésta se aplica a todos, mientras que el demócrata defiende que un ciudadano, por el hecho de serlo, tiene una serie de derechos inherentes, entre ellos el de votar y decidir por sí mismo. Esta situación es generalizada entre todos los países que vivieron el tránsito del Absolutismo al Liberalismo.

El Liberalismo Democrático será un proceso posterior, que se puede medir con la ampliación del derecho al sufragio. Se trata de un proceso muy lento. En Inglaterra, en 1911, la Cámara de los Lores podía vetar las resoluciones de la Cámara de los Comunes. Por su parte, en España, hasta 1931 las mujeres no podían votar.

Por ello, en el siglo XIX hay regímenes liberales censitarios. Así, se puede destacar que una de las aportaciones fundamentales del Liberalismo es la aparición de una cultura política contemporánea con la novedad de los partidos políticos, que nacen como organizaciones estables con el objetivo principal de la conquista del poder político, para desde ese poder político organizar a la sociedad y el Estado, conforme a la ideología y los intereses de los grupos que lo identifican y conforman.