La literatura infantil ha sido durante muchas épocas una especie de vertedero ideológico y estético donde cabía todo aquello que resultara vendible, aunque estuviera mal escrito o impreso. Primero porque a la línea infantil se la consideraba un opúsculo al margen de la “verdadera literatura"; y, segundo, porque se creía que bastaba con darle al niño subproductos de entretenimiento en los que pesaba más el valor comercial que la calidad.

Esta idea tristemente se mantiene en algunos libros actuales que son simples compendios de reciclado de ilustraciones y personajes del mundo de la televisión, el cine o los juguetes, y que conviene evitar.

La evolución de los libros infantiles

En los últimos años, sin embargo, si en algo se han puesto de acuerdo los psicólogos, pedagogos, maestros, mediadores, ilustradores y escritores, es en la presentación que debe ostentar la literatura infantil, no sólo en cuanto al formato, al tipo de letra y la encuadernación, sino, sobre todo, en cuanto a las ilustraciones que, además de contribuir a la comprensión del texto contribuyan a desarrollar su gusto estético y su imaginación.

Por ello, son muchas las editoriales que han apostado por formatos de calidad que conjugan de manera excelente texto e imagen, como son, por ejemplo, los álbumes ilustrados.

Cómo debe ser el lenguaje en los libros infantiles

En el lenguaje de los libros para niños debería encontrarse un vocabulario que coincida con el nivel o edad de los niños a los que van dirigidos. Puede admitirse un vocabulario superior a la edad de referencia si el texto o las imágenes están impregnados de una gran carga afectiva o emocional.

La repetición de palabras o frases, con la intención de dar intensidad y captar la atención del niño, da un sentido lúdico al texto y facilita la participación. Este recurso del lenguaje suele estar presente en los libros infantiles facilitando el encuentro del niño con lo que el texto transmite.

El estilo debe ser directo y el lenguaje sencillo, con predominio de oraciones enlazadas para facilitar la comprensión, y es importante que el niño pueda crear su propio ritmo narrativo con la secuencia de imágenes de un texto.

Cómo debe ser la ilustración en los libros infantiles

La ilustración de la literatura para niños y para jóvenes debería conseguir reunir la calidad gráfica y la calidad afectiva para dar fuerza a la comunicación visual que en sí misma debe ser “lectura” de significados. Por encima de cualquier estilo gráfico o corriente artística, habría que considerar el potencial comunicativo de la ilustración.

El arte de la ilustración, que se ha incrementado en la literatura infantil, es la puerta que conduce hacia el complejo proceso de aprendizaje de la lectura, o como sostienen Verónica Uribe y Marianne Delon: "Las imágenes y la concepción gráfica son de gran importancia en un libro para niños. En el aprendizaje de la lectura y en la consolidación de hábitos de lectura, las imágenes juegan un papel interesante de apoyo, motivación y apresto a la lectura. No deben ser simples adornos del libro ni debemos considerar que simplemente hacen al libro más bonito. Las imágenes constituyen por sí mismas un lenguaje de fácil aprehensión por parte de los niños, que pueden tener tanta o más importancia que el lenguaje escrito. Por este motivo, es indispensable prestar atención a la calidad gráfica de los libros para niños" (Uribe, V.- Delon, M., 1983, p. 27).

Recomendaciones para elegir los libros infantiles ilustrados

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de elegir un libro ilustrado para niños? En general, basta con tener en cuenta una sencilla serie de consejos.

  • El colorido tiene una enorme importancia influyendo en el mensaje.
  • La imagen debe poseer fuerza creadora: debe apoyar la comprensión y la comunicación, pero desarrollando la creatividad.
  • Las imágenes deben responder al deseo de actuar, de explorar que tiene el niño.
  • Las ilustraciones de la primera etapa deben ser una vía de transmisión de serenidad y de placer, pero además deben ser refugio o evasión de experiencias vividas.
  • La ilustración o imagen de la portada tiene gran importancia para atraer al niño hacia el interior del libro
  • Los educadores y padres deberían presentar al niño el mundo de las imágenes como un mundo infinito y plural ofreciendo todo el abanico de posibilidades gráficas y favoreciendo la apertura de sentimientos y emociones.
En definitiva, el niño debería encontrar, en las palabras y en las imágenes de un libro, material para facilitar su lectura, disfrutarla y a la vez reconocer, identificarse e imaginar, es decir, contribuir a desarrollar su inteligencia y su afectividad.