Si hablamos de identidad, pensamos en “quiénes somos”, en “cómo nos ven los demás” y “cómo nos vemos a nosotros mismos”. La identidad nos define tanto como individuos, como al grupo al que pertenecemos, que incluye género, raza, grupo étnico,clase, cultura,lengua, edad, sexo, entre otras referencias. Y todos se combinan para hacer “un ser único”, pero compartiendo con el resto como miembros activos de una comunidad concreta. Y es el lenguaje el factor de identidad que nos une al pasado y nos proyecta al futuro.

Surge ahora la siguiente cuestión:¿Qué hemos perdido y ganado en cuánta a nuestra identidad a través del lenguaje en esta era postmoderna?

En cuanto a la lengua de la “globalización”, acentuada por la red de internet, hace que el bilingüismo distinga en gran parte a los países desarrollados. Hemos ganado en cuánto a la incorporación de términos, conceptos, usos adquiridos. Hemos perdido en cuánto a la desvalorización y degradación de la propia lengua en la mayor parte de las páginas más visitadas de la red, sin olvidar el uso que hacen de ella los jóvenes en los mensajes de móvil o en el chat, donde la inmediatez está por encima de la expresión o el contenido legible.

Nos hemos distanciado de nuestras raíces culturales,se han agrandado las distancias generacionales. Los mayores no se ocupan como antes de culturizar a sus niños a través de relatos orales familiares, folclóricos, tradicionales, o de la lectura en familia, empezando por cuentos sencillos, creando el hábito y la necesidad de leer, porque leer bien afecta e involucra a todas nuestras capacidades: tanto de percepción y la imaginación, como la memoria, la comprensión y la capacidad para resolver situaciones que intervienen en la experiencia mental de la lectura.

Tal vez los puristas nos pueden susurrar que “cualquier tiempo passado fue mejor”. Mas no podemos detenernos en esta consideración nostálgica, pero incompleta. Cualquier tiempo pasado fue muy bueno, excelente, irrepetible...pero también es cierto que este tipo de fenómenos se ha dado siempre en el lenguaje, por eso mismo, por su porosidad, quién no recuerda la introducción de galicismos en la E.Media en toda Europa, a través del Camino de Santiago, cruzadas y lírica, o la del español después del descubrimiento de América, por poner dos ejemplos. En el pasado hubo hombres que, en cada siglo posibilitaron respuestas a su mundo. No podemos tampoco quedarnos fuera de la evolución de nuestro siglo, porque correríamos el riesgo de quedar incomunicados por falta de elementos que permitan el intercambio con nuestro contemporáneos.

Nuestra mejor opción es inculcar a las generaciones futuras que el preservar nuestra lengua es preservar la libertad de pensamiento, una particular manera de ver la vida, una identidad cultural que trasciende lo lingüístico y abarca los más variados aspectos de nuestra vida. Hemos de enseñarles que el lenguaje es vehículo de comunicación en todas sus variantes tanto en su lengua,con sus modalidades y dialectalismos, como en otras formas y soportes. La clave sería utilizar el lenguaje convenientemente en sus diferentes condiciones, como prueba más de su gran riqueza y flexibilidad, sin caer en el purismo a ultranza, que sólo sirve para aislar perjudicando el intercambio en diversos órdenes de la vida, pero si en que valoren sus raíces lingüísticas y culturales, enseñandóles a conocer, utilizar y valorar lo más correctamente posible su lengua, esa si es la auténtica riqueza que hay que tienen que saber aprovechar en su inmensa dimensión sin quedarse a las puertas de encontrar ese tesoro que les haga emerger y volver a sumergirse una y otra vez, en busca del siguiente.

Así pues, nuestra identidad nace de dos procesos: el de individualización y el de socialización. Por la individualización el hombre llega a ser él mismo, produciéndose un acto de asimilación cultural,que nos viene a través de nuestra lengua. Por la socialización, se aprende a convivir con los demás, a pensar en los otros y servir a la sociedad.

La educación sirve y consiste fundamentalmente, en ese proceso de mejora, que ha de ser personal, íntegro y total y con ella, se es capaz de poner unidad a todos los posibles aspectos de la vida de un hombre.

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