El lenguaje enoquiano está considerado como una lengua artificial, esto significa que, en realidad, nadie la ha hablado jamás; lo cierto es que no hay constatación de ello en pasado, pero sería una falacia “ad ignorantiam” el entender que eso significa que se hubiese hablado.

Al margen de ese significado de “artificial” hay otro y es el que indica que algo ha sido creado de manera artificiosa, digamos que expresamente y sin un desarrollo “natural”. Ocurre que, en ese sentido, todo idioma es artificial, pues alguien lo ha creado –en general se han desarrollado paulatina y conjuntamente dentro de un determinado grupo social y cultural-, por esa vía el eniquiano cabe considerarlo simplemente como un lenguaje más y abordarlo desde esa perspectiva.

Orígenes del enoquiano

Si se hubiese de creer a aquellos que sostienen que el enoquiano es un idioma antiquísimo, este sería la lengua de Enoc –para lo cual también hay que dar por válida la existencia de Enoc, en tanto persona además de en cuanto personaje- o, dicho de otra manera, la lengua primigenia de la que descendería cualquier otra y, a su vez, sería idéntica o muy parecida a la lengua que hablarían –caso de existir- entes como los “dáimón”. En definitiva, eso nos lleva al campo de una lengua “mágica”; de hecho se halla ligada a ciertos rituales que forman lo que se denomina “sistema de magia enoquiana”.

En puridad, y por los datos que tenemos, quienes aparentemente comenzaron a desarrollar y utilizar el enoquiano fueron los ocultistas Edward Kelly y John Dee en el siglo XVI de la era común. Según ellos el sistema de transmisión fue la canalización o, en otras palabras, la mediumnidad –uno o diversos entes se habría puesto en contacto con ellos para transmitirles ese conocimiento-. Además de no descartar teóricos manuscritos.

En concreto se desarrolló en 1581, y el manuscrito acerca del cual se ha especulado es el Manuscrito Voynich, que contiene una extraña escritura que, de cualquier manera, no parece tener relación con el léxico y gramática enoquianas desarrolladas por Dee y Kelly, aunque el manuscrito tiene su propio misterio, mayor aún si es anterior a Dee, y si la datación que se atribuye a pruebas realizadas mediante el método del carbono 14 y alguna otra prueba es correcta, pues estas lo situarían entre los años 1409 y 1438.

Pese a todo, la mala o dudosa reputación de Kelly ha hecho que se especule con algún truco o trampa procedente de este –al respecto Gordon Rugg, ingeniero de la Universidad de Keele ha estado trabajando siguiendo ciertas pautas propias de Kelly, o de los trucos que se le atribuyen-; siguiendo esa misma línea, Kelly también habría embaucado a Dee en relación al enoquiano. Si bien eso no puede descartarse, si se considera correcta la datación del Manuscrito Voynich, ni siquiera un enorme talento como prestidigitador podía darle a Kelly la opción de crearlo.

El lenguaje y alfabeto enoquiano

Con independencia de su origen a día de hoy existen vocabularios, gramáticas y sistemas gráficos enoquianos que se utilizan, precisamente, en los rituales de magia homónima, sean solo enteramente en enoquiano o se utilicen de manera mixta con otro idioma.

El enoquiano tiene su propio alfabeto desarrollado y las correspondientes transliteraciones del mismo.

Existen vocabularios y diccionarios del mismo, ahora bien, dadas sus características, es muy susceptible a interpolaciones, injerencias y adiciones de dudosa procedencia. Digamos que con decir que tal o cual fuente secretísima o que un determinado ente lo ha transmitido, se pueden añadir nuevos elementos al enoquiano.

No obstante, se puede citar "The Complete Enochian Dictionary. A Dictionary of the Angelic Language as Revealed to Dr. John Dee and Edward Kelley", de Donald C. Laycock (prefacio de Stephen Skinner, introducción de Lon Milo Duquette). Editorial Weiser Books, 1994, como fuente relativamente seria.

La magia enoquiana

Nuevamente debemos referirnos a Jon Dee y Edward Kelly al hablar de los rituales y origen de la magia enoquiana; la definieron a partir de los siguientes elementos:

  • Sigillum Dei Aemeth. El Sello Sagrado.
  • Tabula Sancta. La Sagrada Tabla de las Doce Tribus
  • Liber Scientia Auxilii et Victoria Terrestris. El Libro de la Ciencia, de la Ayuda y de la Victoria.
  • Tabla de Nalvage.
  • Liber Loagaeth. Lo componen unos cien folios con diversa información sobre lo que se consideraban los elementos básicos y, en consecuencia, los elementales que dependían o se relacionaban con ellos. Se incluyen aquí las llamadas Cuatro Atalayas de Fuego, Aire, Agua y Tierra. Igualmente aparecen en las Tablas los nombres de los supuestos regentes de los Treinta Aethyrs (un aethyr en la tradición enoquiana es algo así como un plano o dimensión; otras tradiciones también usan el término para referirse a un ente elemental, en ese sentido sería parecido a un egregor).
  • Las Cuatro Tablas Elementales.
  • Claves Angelicae. Las Cuarenta y Ocho Llamadas, o Llaves. Que se supone venían indicadas en 49 misteriosas tablillas entregadas a Dee y Kelly.
La magia enoquiana cayó en el olvido tras la época de Dee y Kelly; como en tanto otros asuntos misteriosos medievales y de inicios de la Edad Moderna el responsable de rescatarlo del olvido fue S.L. MacGregor Mathers; a través de él también influyó en Aleister Crowley y en la elaboración de sus propios rituales, y desde ese punto común –la “Golden Dawn” y la “Astrum Argentum”- llegó a Austin Osman Spare y, desde él, a la magia del Caos –con derivadas múltiples y temporalmente recientes-.

Esta lo utiliza abundantemente, si bien tampoco es extraño que lo haga de manera mixta junto a idiomas mucho más normales y conocidos; de hecho la magia del Caos anima a cada “magus” a generar sus propios rituales a partir de las “piezas” que se ofrecen para ello –por ejemplo, la estructura de los sigilos de Spare, que bucean en la idea de principios universales, inconsciente colectivo, y subconsciente, dando a todo ello un toque personal y artístico; recordemos que Spare era pintor-.