Hablar de la actualidad deportiva, de sus protagonistas y de la ingente cantidad de dinero que se maneja en este ámbito de la sociedad, es algo cotidiano en nuestros días, pero parece que no es un invento de ahora. Investigaciones sobre el deporte en la Antigua Grecia demuestran que éste comenzó a mover, desde bastante pronto, grandes sumas de dinero e influencias de carácter social y político.

La práctica deportiva en Grecia

La práctica del deporte estaba muy arraigada en la Antigua Grecia, no era solo un entretenimiento sino que estaba relacionada con todo un conjunto de prácticas higiénicas y medicinales que reportaban beneficios físicos, intelectuales y morales. Además, se consideraba que era una buena preparación para la guerra. De esta manera, la gimnasia era un elemento característico de la formación del joven griego.

Desde la época arcaica, Grecia conoció la existencia de concursos deportivos para los que se preparaban niños y adolescentes. Las pruebas más importantes eran las de atletismo. La hípica quedaba reservada para una minoría aristocrática y, aunque existían juegos de pelota, estos se practicaban más por diversión y nunca formaron parte del programa de pruebas de estas competiciones.

Pero, sin duda, el evento deportivo más importante en la historia de Grecia fueron los Juegos Olímpicos.

Los Juegos Olímpicos y los Juegos Panhelénicos

Desde el año 776 a.C., los Juegos Olímpicos se celebraban cada cuatro años en Olimpia, la ciudad de los dioses, para honrar a Zeus. Era un auténtico fenómeno de masas que atraía al santuario a multitud de espectadores de todos los rincones amparados por la tregua sagrada que imperaba durante estos días.

Pero los Juegos Olímpicos, siendo los más importantes, no eran los únicos que se celebraban en la Grecia Antigua. Los llamados Juegos Panhelénicos incluían, además de los citados Juegos Olímpicos, los Píticos, celebrados en Delfos, los Ístmicos, en Corinto y los Nemeos, en Nemea. Se celebraban en distintas fechas para que un mismo atleta pudiera participar en todos, si lo deseaba. El periodoníkes era el que triunfaba en todo el circuito, alcanzando una gran consideración.

El premio para el vencedor en todos ellos era una corona vegetal hecha de la planta o el árbol relacionado con el dios al que los juegos estaban dedicados: olivo en Olimpia; laurel en Delfos; el pino o el apio seco, según la época, en Corinto; y el apio silvestre en Nemea.

Reconocimiento y prestigio social

Estos distintivos no eran, sin embargo, los únicos premios que podía recibir el triunfador de las competiciones. En otros juegos, como los Panatenaicos de Atenas, quien vencía en la carrera del estadio, por ejemplo, recibía como premio cien ánforas de aceite.

Los atletas que más prestigio alcanzaban eran los vencedores de los grandes Juegos. En sus ciudades de origen, eran recibidos a menudo como auténticos héroes, siendo beneficiarios, en muchos casos, de numerosas ventajas, tanto económicas como políticas: manutención gratuita de por vida, concesión de cargos públicos o, incluso, exención de impuestos.

Tampoco fue extraño el hecho de que el erario público de la ciudad costeara la erección de estatuas de los atletas triunfadores.

Participantes aficionados y profesionales

La controversia entre los estudiosos del deporte antiguo surge a la hora de determinar en qué momento el deporte se profesionalizó en Grecia.

Para E. Norman Gardiner se pueden distinguir dos etapas: Una primera en que los participantes eran fundamentalmente aristócratas, los únicos que podían dedicar tiempo y dinero a la práctica deportiva y que competían por el simple placer de ganar y demostrar sus cualidades; y una segunda en la que el deporte entra en una paulatina degeneración al producirse un excesivo incremento de los honores y las recompensas económicas que recibían los atletas, lo que provoca el incremento de deportistas profesionales procedentes de clases inferiores.

Esta teoría ha sido rebatida por los estudios de otros autores, como Henri W. Pleket, que han demostrado que el deporte griego comenzó a mover dinero e influencias desde muy pronto.

Este autor afirma que, de hecho, el primer atleta profesional de la historia aparece en Grecia ya en el siglo VI a.C., entendiendo por atleta profesional aquel que se dedica a tiempo completo al entrenamiento y la competición y recibe por ello recompensas económicas.

Deporte de ayer y de hoy

Los primeros atletas profesionales salieron de las filas de la aristocracia, que no necesitaba las recompensas económicas para su sustento. Pero éstas atrajeron a deportistas procedentes de otras capas sociales que vieron en ello una forma de asegurarse su manutención, a cambio de brindar espectáculo y prestigio a sus conciudadanos.

No parece, por lo tanto, que el hecho de crear ídolos de las figuras del deporte de élite y de que éstos se enriquezcan por ello sea un invento actual.