El krill que en noruego significa “alimento de ballenas”. Es un crustáceo eufásido del que hay más de 80 especies. Es muy abundante y se encuentra especialmente en los océanos Ártico y Antártico; de hecho, los estudios llevados a cabo sobre el krill antártico han evidenciado que su superficie de distribución es de alrededor de 36 millones de km cuadrados. Esto hace que su biomasa pueda ser la mayor de cualquier especie del planeta, formando la más abundante concentración de vida marina.

Son algunos de los datos incluidos en un estudio llevado a cabo en el año 2005 por Virginia Gascón y Rodolfo Werner junto con la colaboración de la Antartic And Southern Ocean Coalition, titulada El krill antártico, estudio de caso sobre las implicaciones de la pesca en el ecosistema.

Algunos datos sobre el krill

En verano se alimenta de fitoplancton (algas microscópicas que se encuentran en suspensión), y en invierno principalmente de algas del hielo que habitan bajo su superficie.

Los bancos o cardúmenes de krill pueden alcanzar km de extensión horizontal, pudiéndose distinguir por el color anaranjado del mar. En una conducta defensiva la mayoría de estos bancos o cardúmenes permanecen en las profundidades durante el día y suben a la superficie solo de noche. Durante este movimiento vertical, pueden llegar a descender 2.000 m; también es un buen aliado contra el calentamiento global secuestrando grandes cantidades de CO2 de la superficie del agua.

Reducción de la biomasa de krill

En el estudio llevado a cabo por Virginia Gascón y Rodolfo Werner, se aportan datos sobre la disminución de la biomasa de krill y los cambios desfavorables en el ecosistema en determinados lugares clave de reproducción y desove de esta especie.

Durante años se ha constatado una reducción en la biomasa de krill. Como posible causante se ha descrito el deshielo de los polos; se ha descubierto una relación entre las condiciones del hielo que son más favorables a la reproducción y el desarrollo de las larvas. Cuando hay una extensión de hielo suficiente, hay más disponibilidad de algas del hielo como alimento para las larvas y los ejemplares en crecimiento; esto sucede a finales de invierno y principios de primavera.

Uno de los lugares donde más se ha acusado el descenso es en el Atlántico Sudoccidental. Los estudios muestran que las densidades de krill en verano están relacionadas con la duración y extensión del hielo en la temporada anterior.

Esto se ha comprobado en las principales zonas de desove y guardería para esta especie en la Península Atlántica y el sur del Arco de Scotia. Esta disminución de densidad de krill tan estrechamente unida a la extensión y cantidad de hielo ha descubierto que zonas estratégicas para su desarrollo están situadas en zonas especialmente sensibles a los cambios ambientales.

La muerte de las larvas de krill y el CO2

Otro de los problemas que parecen estar acechando al krill es la relación directa que se ha descubierto entre la muerte de embriones de esta especie y la acidificación (aumento en los niveles de CO2) de los océanos. Este estudio fue puesto en marcha por investigadores de la División Antártica Australiana, entre los que estaban la dra. So Kawaguchi bióloga y experta en krill.

En estudios llevados a cabo en laboratorio llegaron a la conclusión de que un aumento de las concentraciones de CO2 de 2.000 partes por millón (ppm) es letal para el desarrollo de las larvas; actualmente los niveles son de 380 ppm., pero hay que tener en cuenta que estas concentraciones varían dependiendo de la profundidad.

Puede tener graves consecuencias en el desarrollo de las larvas; ya que en su etapa inicial las larvas son liberadas en la superficie, pero posteriormente descienden a profundidades de 1.000 metros aproximadamente.

A temperaturas más bajas más rápidamente se absorbe el CO2, por lo que se estima que el océano austral acuse más seriamente la acidificación de los océanos. Los datos estimados son que para el año 2100 la cantidad de dióxido de carbono en las profundidades del océano Antártico podría ser de 1.400 ppm.

La relación entre el krill y las ballenas en el equilibrio del ecosistema

En un ecosistema todos los eslabones interactúan entre sí creando sinergias. Stephen Nicol, miembro de la Austrlian Antartic División, explica la estrecha relación entre las ballenas, el fitoplancton y el krill, en el que se apunta que el aumento de CO2 en el océano Antártico está relacionado con la extinción de las ballenas.

El ciclo comienza cuando las ballenas eliminan el material de deshecho del alimento (excrementos). En este momento se reciclan grandes cantidades de hierro que quedan en suspenso en el mar. Este elemento facilita el desarrollo del fitoplancton. El fitoplancton captura grandes cantidades de CO2 y es un importante elemento de equilibrio en el ecosistema como alimento básico.

El krill cuando se alimenta del fitoplancton fija el hierro en sus tejidos; a su vez las ballenas obtienen el hierro al alimentarse del krill, que es reciclado por las ballenas devolviéndolo al ecosistema para que el ciclo vuelva a empezar. Se estima que las ballenas barbadas son responsables de un 12% del hierro existente en la superficie del océano Antártico.

La ballena jorobada al llegar a las gélidas aguas de los polos se alimenta durante tres meses aproximadamente de krill que contiene muchas propiedades nutritivas y grasa necesaria para soportar el frío y los periodos en los que no se alimenta bien; en cambio otros cetáceos como la ballena azul son mucho más dependientes de esta especie, porque se alimenta casi exclusivamente de krill.

Los mecanismos que la naturaleza ha fijado para su equilibrio son tan complejos y dependientes unos de otros que después se entiende mejor que una simple variación desencadene imprevisibles consecuencias.