El 25 de mayo de 2003 asumía la presidencia de la Argentina Néstor Kirchner. Desconocido para la mayoría del electorado nacional, pero con el apoyo del por entonces presidente Eduardo Duhalde, el exgobernador santacruceño obtuvo -solamente- el 22,0% de los votos. De esta manera, salía segundo en las elecciones celebradas el 27 de abril del citado año. El primer lugar lo obtuvo Carlos Saúl Menem (24,3) quien no se presentó a la segunda vuelta debido a las bajas probabilidades de victoria que la mayoría de las encuestas vaticinaban. Nacía así una nueva etapa política y lo que luego se denominó "kirchnerismo", en una Argentina extremadamente golpeada por la peor crisis económica de toda su historia.

Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007): cómo construir poder

El 2001 significó un punto de inflexión para la sociedad argentina. Veinticinco años de destrucción neoliberal dejaron al país sumidos en la oscuridad más tenebrosa: tasas de desempleo y pobreza por las nubes, una concentración de la riqueza abismal y un sistema económico completamente privatizado fueron sólo algunas de las consecuencias de un patrón de acumulación genocida. Éste es el contexto en el que el nuevo presidente se encontró al asumir su mandato -cabe destacar, sin embargo, que durante la década del '90 el doctor Kirchner contribuyó en mayor o menor medida en la consolidación de ese proyecto destructor, votando a favor de la privatización del petróleo.

"Un país normal es posible", fue con ese lema de campaña que el Frente para la Victoria (FpV), partido político contituido mayormente por peronistas y encabezado por Néstor Kirchner, logró llegar al poder. El hecho de conseguir apenas un 22% de los votos en las elecciones presidenciales hizo que muchos analistas consideraran a su gobierno como "títere" de las decisiones del expresidente Duhalde, cuestión que resultaría refutada en la práctica con diferentes medidas de corte netamente progresista como fueron la renovación de la Corte Suprema de Justicia y la derogación de la leyes de Obediencia Debida y Punto Final, ambas que no permitían juzgar a los militares responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos en la última dictadura militar.

Al compás de éstas políticas, el gobierno kirchnerista fue adquiriendo cada vez mayor apoyo, el cual se vio reflejado en un evidente acompañamiento tanto de sectores de clase media como de agrupaciones de Derechos Humanos. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que esto no se podría haber logrado sin una recuperación del rol del Estado como garante de beneficios sociales, ni tampoco sin un crecimiento económico considerable -9% de promedio anual- con baja de la desocupación. Romper con las recetas aconsejadas por el Fondo Monetario Internacional, pagando la deuda externa y reforzando los vínculos regionales, fue clave para que la economía Argentina se fortalezca; al igual que tampoco hay que perder de vista los factores internacionales -el alto precio de la soja, por ejemplo, la cual Argentina exporta masivamente.

Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011): conflictos y consolidaciones

Para el año 2007, el kirchnerismo se encontraba afianzado en su lugar de poder, lo que llevaba a pensar que Néstor Kirchner sería reelecto. Sin embargo, la candidata para la presidencia fue su esposa, Cristina Fernández, quien poseía una trayectoria política importante habiendo sido senadora y diputada en representación de la provincia de Santa Cruz, entre otros cargos de relevancia.

No fue necesaria una segunda vuelta: con el 45%, Cristina Fernández de Kirchner se consagró presidenta electa superando por amplio margen a Elisa Carrió, quien consiguió un 23% de los sufragios. De esta forma, se transformaba en la primera mujer elegida popularmente para ocupar el máximo cargo público -no la primera, ya que anteriormente lo había hecho la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, luego de la muerte del presidente Juan Domingo Perón en 1974. Mucho se hablo de la "incapacidad de una mujer para gobernar un país". Lo cierto es que quedó demostrado, a lo largo de estos cuatro años, que no importa el sexo a la hora de tomar las riendas de un poder como el ejecutivo.

La segunda etapa fue, sin duda, la más confrontativa del kirchnerismo. Todo comenzó con aquella política que marcó un antes y un después en la historia kirchnerista: la decisión del gobierno, en marzo de 2008, de aumentar las retenciones a las exportaciones de granos y establecer un sistema móvil de éstas. Automáticamente, diferentes productores agropecuarios, tanto grandes como pequeños, salieron a protestar en contra de una medida que los metía a todos en la misma bolsa. Las tensiones se fueron incrementando al transcurso de las semanas, dañando considerablemente la imagen de los gobernantes, quienes acusaban de golpistas a los que se manifestaban realizando paros y cortando las rutas. La ya famosa resolución 125 generó un revuelo tal que básicamente dividió al país en dos: los que estaban con "el campo" y los que apoyaban al gobierno. En julio del mismo año, la medida fue rechazada por el Congreso.

A pesar de haber sido un golpe duro, la llamada crisis del campo fortaleció al kirchnerismo en muchos ámbitos -como dice el dicho "cuando una puerta se cierra, se abren otras"-: grupos de intelectuales comenzaron a entusiasmarse porque vieron, en el intento de aumentar las retensiones, una pretensión de ir contra los grandes grupos económicos. Por otro lado, se rompieron relaciones con el Grupo Clarín -cercano al gobierno de Néstor Kirchner, quien antes de dejar el poder fortaleció al monopolio mediático permitiendo directamente sus negocios- lo que llevó a una concientización y a la futura propuesta de una Ley de Comunicación Audiovisual. El kirchnerismo entendió el mensaje que le dio las urnas en las elecciones perdidas de 2009, lo que permitió que se iniciaran a partir de ahí ciertas medidas de carácter social -Asignación Universal por Hijo, por ejemplo- que permitirían una llegada mayor a las clases más bajas de la sociedad argentina. Luego de la muerte del expresidente Kirchner en octubre de 2010, paradójicamente, el crecimiento del oficialismo no encontraría frenos.

¿Es el kirchnerismo un panglossianismo?

Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta como presidenta con el 54% de los votos, una mayoría más que apabullante. Consiguió esa cifra gracias al apoyo transversal de todas las clases sociales, pero principalmente de los sectores medios quienes fueron y son los más favorecidos por las políticas llevadas a cabo por éste gobierno. De todas formas, ¿es tan fuerte el "modelo" como sus portavoces nos quieren hacer creer? O, yendo más al fondo, ¿existen verdaderos logros en políticas sociales o lo hecho es sobredimensionado por un discurso escindido de la realidad?

Es harto evidente que la Argentina se encuentra en mejor situación que en 2001. Pero también es cierto que, en comparación con la década del '90, las cifras no han tenido una mejoría considerable. En el caso, por ejemplo, de la distribución de la riqueza, seguimos en iguales o peores condiciones ya que la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre se agranda cada vez más. En los últimos días, el gobierno le quitó los subsidios que el Estado cedía -innecesariamente- a las empresas mineras y casinos, al igual que a diferentes "barrios ricos"; ¿primer paso para una reestructuración del sistema tributario neoliberal? Veremos. Por lo pronto, el sector que menos ingresos recibe seguirá pagando proporcionalmente más impuestos que las clases adineradas: el IVA, indiscriminado y regresivo, gran responsable de que ello suceda. Es así que un crecimiento del PBI conlleva inclusión social y redistribución de la riqueza siempre y cuando exista una decisión política que vaya más allá de los intereses particulares de unos pocos -si no la cuestión se quedaría, simplemente, en el plano de lo económico.

Las críticas por izquierda incomodan al kirchnerismo, ya que lo obligan a pensarse a sí mismo. Se lo puede notar tanto cuando se le plantea la inconsistencia de una economía sustentada en la soja y la minería -con los problemas ecológicos y sociales que ambas representan-, como cuando se denuncia la violación a los derechos humanos presentes en la precarización laboral -40% del trabajo en la Argentina es en negro. Sin embargo, para muchos kirchnerista -parafraseando a Pangloss- vivimos en el mejor de los mundos posibles.