En el hinduismo aparecen unos “Señores del Karma” vinculados a la idea de Brahma. Es normal que se plantee aquí un karma directamente retributivo, porque su concepto kármico pasa por la reencarnación del yo y la transmigración del alma, cosa diametralmente opuesta a lo indicado en el budismo.

En el budismo no hay reencarnación sino renacimiento y la idea kármica es la de una inercia basada en una cadena de renacimientos de "yoes" diferentes, no hay ninguna transmigración, es más, la segunda canasta del Tipitaka niega taxativamente eso.

El karma en el budismo

El budismo no contempla el karma y sus resultantes como la aplicación de una ley "legalista" en cuanto a "normativa" y "prescripciones".

No se trata, pues, de una cuestión "causa/efecto" en la que si se infringe algo; se produce un efecto y si se respeta se produce otro. Para el budismo -que no es lo mismo que el hinduismo o la “New Age”- el karma es una cuestión de inercia.

Aunque no sea del todo exacto vale como ejemplo la noción de "quid pro quo" -lo uno por lo otro-: si se hace algo cuya resultante es mala, se acumulará mal (aquí radica el quid pro quo) y se será proclive a seguir actuando mal.

No por "maldad" sino... por inercia. Esa inercia implica que el cometer acciones negativas facilita la acumulación de negatividad y aumenta la posibilidad de que se sigan cometiendo esas acciones -precisamente por inercia-, que pueden en último extremo acabar por convertirse en un automatismo, lo mismo sucede con las positivas pero al contrario.

El karma como inercia

El karma no es una "ley" que juzguen unos "jueces" "espirituales", sino una ley sin normas, sin prescripciones, no creada y no dictada pero... existente para el budismo. Digamos que es una ley metafísica con características de ley física -como la ley de la gravedad-, en absoluto una ley con sentido "jurídico-divino".

En ese sentido, el karma no sería una recompensa o un castigo de la divinidad, sino el hecho de que toda acción humana tiene consecuencias mentales -para uno mismo-, éticas -en el sentido de que afecta al "ethós", no en el sentido de reflexión sobre la moral, sino del “ethós” aristotélico, digamos el carácter o la personalidad- y externas -para los demás-.

Concebida como "ley natural metafísica" la ley del karma no se lleva ante ningún tribunal celeste, como... tampoco se lleva a la ley de la gravedad o...a la tectónica de placas -por citar un par de ejemplos ilustrativos-.

Estas palabras de Buda -y la valoración final crítica que realiza-, nos puede dar una cierta idea de qué se trata. Se trata de algo aparentemente criticado por el Buda en “El sermón sobre lo incontestable”:

“Hay ascetas y brahmines cuya doctrina y opinión es: "No hay causa ni nada que condicione la contaminación de los seres, su contaminación no tiene causa ni condición. No hay causa ni nada que condicione la purificación de los seres, su purificación no tiene causa ni condición. No hay albedrío ni energía propia, ni fuerza humana propia ni esfuerzo humano propio. Todos los seres, vivientes, materiales y espirituales, carecen de libre arbitrio, capacidad y energía propias, son fruto del destino, de la casualidad o de la naturaleza necesaria de las cosas, y todos experimentan placer o dolor en las seis clases".

Respecto a los cuales el "Sermón sobre lo incontestable" dice:

Sea o no sea verdad lo que dicen esos respetables ascetas y brahmines, demos por supuesto que no hay causalidad. Aun así, en este mismo mundo, el sabio reprueba a ese buen hombre por inmoral, por estar equivocado”.

Dicho de otra manera: cada cual es responsable de sus acciones, emprendidas tras decidirlas ante unas circunstancias, y que han tenido unas consecuencias determinadas.

El propio Buda indica que esa responsabilidad se da ya aquí "en este mismo mundo", no es retribución alguna dada por divinidad justiciera alguna -sean los "Señores del Karma", sea Némesis-.

Eso sería el Karma: una inercia natural que afecta al "ethós" debido a... las consecuencias de las decisiones y acciones del "yo".

Lo que no es, para el budismo, es una “purga” decretada por una divinidad debido a un pecado original o a malas acciones emprendidas. Tampoco es premio alguno de la divinidad que "abra las puertas del cielo" o de "planos astrales superiores".

En cuanto a la transmigración, es otro asunto, y habría que hablar al respecto de que es lo que el Buda considera que reencarna, porque, en puridad, no es un alma que abandona un cuerpo y es situada en otra, que no es así se observa en alguno de los discursos medios del Buda –segunda canasta del Tipitaka- y, también, en el "Discurso de las características de la no alma".

Los renacimientos como parte de una cadena

En la creencia budista del renacimiento la consciencia no renace porque es dependiente de los sentidos -del cuerpo-, extinguido el cuerpo se extingue la consciencia. Así que lo que renace es otra cosa, pero no transmigración de la psique, entonces ¿qué es aquello que renace?

El budismo no contempla la existencia de un "alma inmortal ni perdurable" que vaya transmigrando de aquí para allá, de cuerpo en cuerpo, como quien va de un vestido a otro. Nuevamente hemos de contemplar el concepto de "inercia", porque de eso se trata, de la inercia acumulada de un renacimiento a otro.

Y por eso habla de renacimiento y no de reencarnación, porque el renacimiento no es un "cambio de traje" es una "vuelta a empezar" incluyendo la consciencia que depende de los sentidos físicos, y la reencarnación es puramente una transmigración de una supuesta alma inmortal, única y perdurable.

Para entender un poco mejor eso habría que profundizar en el concepto de "anatta", que es justamente el de "insustancialidad" o "no alma". Y entender, a su vez, que los renacimientos son una “cadena”, cada “yo” es, sencillamente un eslabón de esa cadena. Esa cadena se acaba cuando se alcanza el "Nibbana".