La palabra "kamasutra" (que en realidad son dos y vendrían a traducirse por "aforismos sobre el amor", o "el placer" o "la sexualidad") trae a la mente nociones asociadas a la sexualidad experimentada, al goce y al placer físicos. Sin embargo, debería tenerse en cuenta más a menudo la versión del título que E. Lamairesse propuso en su traducción de la obra al francés (disponible en versión original en la web Project Guttenberg): Las reglas del amor de Vatsyayana (moral de los brahmanes) (trad).

Más allá de su detallada descripción sobre las uniones carnales entre hombres y mujeres, el libro, escrito en sánscrito hace como poco quince siglos (no hay información precisa al respecto), forma parte de una tradición literaria y filosófica donde los placeres carnales (kama) se consideraban, junto a la virtud religiosa (dharma) y el bienestar (artha), los tres pilares básicos que nadie podía dejar desatendidos para disfrutar de una vida plena.

Para entender esto mejor, es necesario remitirse a lo que el autor, Vatsyayana, cuenta sobre sí mismo en los párrafos finales de su obra: "este tratado ha sido escrito (...), para beneficio del mundo, por Vatsyayana, mientras llevaba vida de estudiante religioso en Benares". No hay mención alguna en todo el Kama sutra a qué tipo de conocimiento previo tenía el autor sobre las experiencias que retrata, pero sí a obras y a autores anteriores a él que ya habían tratado el tema, indudablemente con muchísima menos fortuna de cara a la inmortalidad. Entre ellos, figura Babhravya, a quien James McConnachie, en su obra El libro del amor (Ed. Paidós, 2008) llama "el otro abuelo de la tradición erótica" (p. 33). Según este autor, Babhravya fue el responsable de la división del kama en siete ramas, tal y como reflejan los sietes libros del Kama sutra... ¡unos mil años después!

Un tratado sobre la introspección a través del placer

Teniendo en cuenta la gran cantidad de literatura que el kama ya había generado, y las condiciones en que fue redactado el Kama sutra, reflexionando sobre obras que podían considerarse clásicas en condiciones ascéticas, se puede concluir que la intención de Vatsyayana no era proporcionar un tratado sobre las prácticas sexuales que aportan un mayor placer, sino aleccionar a sus contemporáneos sobre los métodos para descubrir, a través del placer, la importancia del conocimiento personal.

Llegados a este punto, es lícito preguntarse si uno no puede descubrirse a sí mismo sin la necesidad de una compañía. Como hacían los ascetas, más exactamente, apartándose del mundo para meditar. El problema es que incluso los propios ascetas entendían que, en la naturaleza de su sacrificio, había implícita una renuncia a la vida terrenal que no todos debían asumir. El propio Vatsyayana, al afirmar que su obra ha sido escrita "para beneficio del mundo", está demostrando que su sacrificio servirá para hacer más felices, a través de la sabiduría, a otros.

Si se toma prestado un concepto filosófico de la vecina China (por aquel entonces una de las mayores potencias del mundo en todos los campos), el de la dualidad de todo lo existente en el mundo, representado por el yin y el yang, puede entenderse mejor que una energía masculina (yang) necesite de una energía femenina (yin) para completarse y formar un todo.

La comunicación y la empatía, factores clave

En la introducción de su obra Sexo, teoría y práctica (Ed. Brosquil, 2003), las autoras Chiapponi, Bergamino y Raffo hablan de que el Kama sutra "contempla (la relación sexual) como una cooperación (...) en lo material y (...) en lo religioso" y equiparan el yin y el yang al yoni (sexo femenino, según la terminología del Kama sutra) y al lingam (sexo masculino). También sugieren que las posturas en el acto sexual deben ser flexibles, acordadas, para que cada uno, "en busca de la mitad que le falta", vuelva a conseguir ser "un todo único y homogéneo".

Desde este punto de vista, lo que el Kama sutra propone a la sociedad moderna, a través de la comunicación con la pareja y haciendo propio el placer de la misma, es reencontrarse con las sensaciones opuestas a las propias, desarrollando nuevos aspectos que enriquecen la propia vida y ensanchan la mente.

Pese a su forma de tratado sobre la sexualidad, conviene considerar el Kama sutra también como un tratado sobre la plenitud del individuo. A través del control de los sentidos, "una persona (...) conseguirá el éxito en todo aquello que emprenda". Palabra de Vatsyayana.