Calvin Hall en su libro Compendio de psicología freudiana define un instinto como una condición innata que imparte instrucciones a los procesos psicológicos. Las fuentes principales de la energía instintiva son las necesidades o impulsos corporales, entendidas como procesos excitantes en algún tejido u órgano del cuerpo que libera energía acumulada en el mismo. La finalidad última del instinto es la eliminación de una necesidad corporal, tal como alimentarse cuando el cuerpo tiene hambre.

De acuerdo a Ronald Fletcher en su libro El instinto en el hombre, el concepto de instinto debe incluir por lo menos lo siguiente: “la experiencia y el comportamiento instintivo suponen alguna condición interna que predispone al organismo para reaccionar ante determinados objetos específicos en su medio”. Esta “selectividad” de respuesta sólo puede explicarse a partir de alguna percepción específica apropiada para producir respuestas articulares y para dirigir la atención y la actividad del organismo. La definición de Fletcher no está ligada solamente a la psicología lo cual abre otro panorama de discusión.

Instinto animal y comportamiento innato

Más allá de pensar en un instinto animal y un instinto humano, conviene acaso focalizarlo bajo el término de ‘comportamiento innato’, para comprender este término baste visualizar el ejemplo de un tigre al cual se le ha puesto enfrente un espejo en el que se encuentra a sí mismo. Lo curioso del experimento es que el tigre, lejos de sorprenderse por su propia duplicación o de identificarse con ella, se enfurece y arremete en contra de la imagen como si ese otro fuese efectivamente otro, y no él mismo. El tigre responde de esta manera pues dentro de su comportamiento innato está establecido que debe atacar a cualquier otro macho que ronde su territorio y que lo pueda amenazar. Su respuesta está determinada por la naturaleza interna, cosa que más allá de ser relacionada con el impulso, es una reacción que no tiene propiamente una causalidad; se trata de un evento subjetivo que no se puede analizar mediante métodos objetivos. La forma de actuar de un animal hambriento no se puede reducir a que el animal caza porque tiene hambre pues la causalidad es lo que se entiende después de un proceso de racionalización que le animal no posee.

Inteligencia e instinto

El ser humano se distingue de los animales, gracias a un grado de inteligencia específica que en cuanto a los instintos también es perceptible. El comportamiento humano ha sido clasificado por en niveles: está constituido por el Ello, el Yo y el Superyo. Esta clasificación es importante para analizar el nivel de la personalidad y el inconsciente en que los instintos tienen lugar y ejecución.

Charles Darwin afirma que no existe una relación inversamente proporcional entre el instinto y la inteligencia, es decir que el hecho de hallar inteligencia en un animal o en una especie, no implica la ausencia de elementos instintivos en ellos. Acaso, como lo planteara Freud, es labor del Yo y el Ello balancear y manifestar los instintos o reducirlos a conveniencia de acuerdo a normas establecidas.

Ello, Yo y Superyo ligados al instinto

Freud dice que en el nacimiento de un individuo, el sistema nervioso es como el de cualquier animal, denominada Ello. El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. Cuando una necesidad no es satisfecha de inmediato y la necesidad misma sólo logra potenciarse, el deseo irrumpe en la conciencia. Es en esta conciencia donde el Ello se va convirtiendo en el Yo, este es el anclaje que existe con la realidad en la que es posible satisfacer los deseos del ello a través de una búsqueda de soluciones de manera consciente.

No obstante, el Yo se encuentra con obstáculos en el mundo externo en el camino de la satisfacción; sucede que el Yo en ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir sus metas, ayudas de las cuales guarda un registro que eventualmente se convertirá en el Superyo.

Se entiende que como individuos sociales, no damos total apertura a la satisfacción necesariamente inmediata o completa de los instintos. El Yo es responsable de mediar, controlar y transformar los instintos. Este despliega una defensa no menos enérgica y activa contra los afectos asociados a aquellos impulsos instintivos. Cuando pretende rechazar las exigencias instintivas, la primera tarea del Yo es siempre lograr un acuerdo con estos afectos. Es, empero, obvio, que el Yo no cuenta más que con un limitado número de posibles recursos defensivos. Dependiendo de la situación y de acuerdo a determinados periodos de la vida, este yo individual puede seleccionar entre uno y u otro método defensivo: represión, desplazamiento, transformación en lo contrario etc.

Eros y Tánatos

En su planteo final, Freud reconoció dos grandes grupos de instintos: los que están al servicio de la vida y los que están al servicio de la muerte. Esto lo conjetura a partir de 1920 en su artículo “Más allá del principio del placer”. Freud considerará que existen dos fuerzas en todo organismo biológico, fuerzas que determinan el curso de sus actividades y de apetencias:

Existen los instintos de vida o Eros, caracterizados por la disposición que crean en el sujeto para formar unidades siempre mayores; Eros es siempre apetito de unión y, por ejemplo, se manifiesta en el amor, la actividad sexual y el afán por mantener la propia unidad física y psíquica; por otro lado existen los instintos de muerte o Tánatos. Freud consideró que todo ser vivo manifiesta también una disposición a la disgregación, a la ruptura de la unidad entre sus distintas partes para volver al estado desorganizado y, en último término, inanimado. Tánatos es siempre un apetito de pasividad, de separación y de disolución de unidades. Las manifestaciones patológicas de este instinto son el sadismo, el masoquismo, el suicidio.

Instintos en la sociedad

El ser humano aún se distingue, a pesar de la inteligencia, por una necesidad semi-animal que lo lleva a la satisfacción de sus necesidades a través de distintos medios. La sociedad enmarca un límite para la realización inmediata o plena de ciertos instintos, sin embargo, su existencia no cancela el hecho de que la naturaleza humana tenga ciertas partes de primitividad innata.

Si bien es cierto que la teoría de la evolución conecta al ser humano con el primate gracias a alguna especie intermedia, no es evidente que el comportamiento de uno y otro, aún conociendo el eslabón perdido, tenga su respuesta plenamente en el estudio de los instintos. Estos son cruciales en la construcción de la personalidad humana así como en el comportamiento de los animales y es aún más interesante la relación de estos indicadores y sus manifestaciones en primates, homínidos y el resto de los animales conocidos.

La inteligencia y la formación de comunidades y sociedades quizá han mermado la afloración de ciertos instintos y se han encauzado de manera diferente, acaso más racionalizada, aunque con esto no se niega la existencia de éstos.