
- El Imperio Nuevo en el Antiguo Egipto - J. Doménech
Desde la expulsión de los Hicsos de Egipto y la aniquilación de todo su poder en la zona de Palestina, se puede hablar del inicio del Imperio Nuevo, el cual pudo aprovecharse de las ventajas de tener la administración local totalmente intacta, ya que los hicsos al haberla también utilizado, nunca la destruyeron.
La administración superpuesta de tipo paralelo a la egipcia, que los hicsos habían tejido en todo el país, cayó sin más, y el faraón Amosis pudo reunificar políticamente de manera rápida un estado centralizado, sin el lastre feudal que había acompañado a la dominación hicsa.
La caída de los hicsos permitió a Egipto utilizar su nuevo poder en Palestina y abrirse camino hacia Asia. Sin embargo, Amosis primero dirigió sus tropas hacia el sur, es decir hacia Nubia, y dejó en ella a un virrey de confianza.
Nubia tenía un gran interés para los egipcios ya que tenía enormes reservas de oro que permitieron financiar expediciones e incrementar la actividad constructiva. Asimismo, hubieron buenas relaciones comerciales con Creta y Fenicia.
La religión en el Imperio Nuevo
Los puntales de los inicios del Imperio Nuevo fueron la administración y el ejército, cosa que permitió al faraón prestar entonces atención a la religión, que era el punto más débil de su reinado. Hay que aclarar que la preocupación constante de todos los catorce soberanos de la Dinastía XVIII, se basó en este punto.
La cuestión exigía desde un punto de vista teórico, que el monarca recibía la soberanía delegada de Amón, rey de los dioses. El rey era entronizado en el templo de Karnak, donde se le presentaba como hijo del dios a todos los hombres.
Hubo una sumisión real hacia el clero para recibir el apoyo que les faltaba para acabar de apuntalar el Estado, y a la larga pagaron demasiado cara esta circunstancia.
La economía en el Imperio Nuevo
Todas las conquistas militares, facilitaron una floreciente economía a base de tributos y explotaciones mineras en Nubia, (piedra, diorita y oro) y en el Sinaí de piedras preciosas, también de alabastro en el desierto Oriental, dando de esta manera el comercio un salto cualitativo.
También comenzaron a efectuarse a gran escala campañas de expediciones económico-militares a la tierra de Punt, la Somalia de hoy, en la que se importaron mercancías que escaseaban en Egipto.
Una casta de faraones, Hatsepshut, Akenaton y Ramsés II
En la Dinastía XVIII, tras la muerte de Tutmosis II sin descendencia directa, propició la ascensión al trono de Hatsepshut, que reinó del 1490 al 1468 (a.C.), un caso extraño en la historia del Antiguo Egipto. Pero no el único, ya que anteriormente se había dado con Nitokris en las dinastías iniciales egipcias, y se repetiría en el final del Antiguo Egipto con Cleopatra VII. Si nos fijamos bien, los tres reinados de mujeres, se producen debido a crisis de estado.
Años más tarde al fallecer Amenhotep III, se proclama rey Amenhotep IV que al cabo de un tiempo cambiaría su nombre por Akenaton (al servicio de Atón), que reinaría desde el 1364 hasta el 1347 (a.C.) enfrentándose con el clero, y proclamando la doctrina monoteísta de Atón. Después de abandonar Tebas, creó la capital en Tell-el-Amarna, que estaba entre Menfis (Bajo Egipto) y Tebas (Alto Egipto) y el culto a Atón provocó grandes disturbios entre la población y el clero amonita.
Y en plena Dinastía XIX, aparece la figura de Ramsés II, un rey preparado para reinar desde joven, y que quizás es el más conocido mundialmente, con independencia de su obra, a lo largo de su longevo reinado.
La Dinastía XX y el final del Imperio Nuevo
Los últimos faraones ramésidas, soportaron los desastres que poco a poco fueron minando el Imperio del Antiguo Egipto. Fueron diez reyes que vieron como los sobornos, los robos a los bienes públicos y la corrupción de costumbres, destruyeron poco a poco todo lo conseguido hasta entonces.
Hubo inflación, con lo que se encareció constantemente el trigo y los demás alimentos, a parte de una sucesión de malas cosechas, surgiendo la hambruna en el país del Nilo. Llegaba otro periodo intermedio y el final del Imperio Nuevo.
