Cuando el soporte ambiental cesa y el soporte interno del ser humano aún no está suficientemente desarrollado como para confiar en sus herramientas de auto-sostén, el impasse se impone: ese momento de bloqueo que linda con la desesperación y el vacío, la encrucijada entre el vivir y el dejarse morir, literal y analógica.

Pasado ese punto doloroso, la persona logra contactar sus posibilidades para crecer y seguir, se percata de que puede hacer mucho más de lo que creía poder, si bien es usual que al enfrentar el impasse, al encontrarse frente a frente con su punto fóbico, la huída hacia un equilibrio conocido, aun siendo un estado de displacer, sea la salida más común. Traspasar el impasse requiere valentía, voluntad y fe en la capacidad de uno mismo para desplegar los recursos internos necesarios para autosostenerse emocionalmente más allá de la continuidad de sus interacciones sociales y afectivas.

Es llegar a estar disponible uno mismo para uno mismo y poder contar con toda autoayuda posible, y/o con la sabiduría para saber cómo y de qué manera buscar ayuda. Ser, cabalmente, uno mismo.

El enfoque Gestáltico, Fritz Perls

"To suffer one's death and to be reborn is not easy"; Sufrir la propia muerte y renacer no es fácil; palabras de Fritz Perls, el creador de la terapia gestáltica, quien definiera al impasse como "aquel crucial punto en terapia, ese crucial momento en el crecimiento personal" cuando la ayuda externa y las herramientas internas para la autoayuda ya son obsoletas para una etapa de la vida o circunstancia dada, y el auténtico autoapoyo aún no se logrado. Es un momento difícil de transitar; es una sensación de vulnerabilidad y vacío que bloquea los actos y genera una sensación de suspensión en el tiempo y espacio, en el caos y el descontrol, sin saber hacia dónde ir, sin aún pasar a la acción. Un punto. Un punto quemante, el cual se hace necesario y hasta vital transitar para poder seguir viviendo.

Perls lo ejemplifica con el momento en que un bebé que nace asfixiado tiene que respirar por sí mismo para poder vivir; debe dejar el apoyo externo y abandonar la dependencia absoluta para cruzar ese punto de maduración que le permitirá seguir viviendo, apoyado en sus sistemas corporales más allá de los cuidados de su madre.

El destete sería otro momento de impasse, así como el comienzo de la marcha sin sostén, también el momento del parto para la mujer, cuando debe enfrentar un momento de total incertidumbre acerca de sus capacidades para dar a luz, cuando debe confiar y dejarse ser, transitando ese punto fóbico que genera angustia extrema.

El impasse, día a día, vida a vida

Al buscar la definición de impasse, su carácter catastrófico se impone: "callejón sin salida, situación de la cual no puede escaparse; punto muerto". Con semejante carga emocional de fracaso, es de esperar que quien se sienta en un impasse, quiera escapar de él hacia atrás, es decir: hacia aquella situación o lugar previos en los cuales se sentía a salvo, o tal vez no, pero al menos no se sentía exigido a mover con la propia fuerza interna algo para avanzar . Lo rescatable de este concepto es que, como en todo callejón abierto en una sola dirección, si se mira hacia arriba suele verse el cielo. Y es lícito pensar que no será una simple caminata la que ayudará a transitar la situación de encierro. El encierro mismo, el bloqueo unido a la desesperación de la confusión y el vacío acosador, actuarán de motor para salir de él. Del "punto muerto" se saldrá hacia la vida.

El vacío fértil

Transitar un vacío es para muchos sinónimo de muerte. La nada, lo opuesto a algo, aunque sea mínimo. Para algunos otros es -por fin- estar cara a cara frente a la confusión, madre de todo crecimiento interior.

Entrar al vacío suena y resuena como algo que debiera evitarse. Una locura para desquiciados. Sin embargo, quienes, como Perls o Friedlander o Zinker, han transitado ese punto de indiferencia creativa, de no ser ni una cosa ni su opuesto, de encontrarse en medio de la nada y entreverados en la más profunda confusión, han experimentado que de animarnos a sostener ese estado hasta tolerarlo y aceptarlo, el todo se anuncia con una claridad que deslumbra y calma a la vez.

El ojo de la tormenta, el vacío, la elección de escapar o enfrentar, la salud o la neurosis. La página en blanco como testigo de que algo importante sí está pasando. Una visión opuesta a la muerte. Una aproximación a adentrarnos en lo que la vida en ese momento nos quiere ofrecer. Un viaje hacia el inconsciente de Freud y hacia el percatarnos de Claudio Naranjo.

Conclusión

El impasse es un tiempo de parálisis que se encadena al vacío fértil en el que las semillas de una nueva vida esperan por ser alimentadas para crecer. Es el difícil trance que se debe pasar para trascender el apoyo externo como método de supervivencia y lograr el autoapoyo como esencia en las vivencias de contacto con los semejantes y con el medio ambiente.

Más allá de toda definición, el impasse es un proceso de maduración que se elige o se rechaza, se decide transitar o se escapa de él; y si se traspasa desde una plataforma de conciencia y responsabilidad, vale enfatizar, el resultado será la ganancia de un firme eslabón más en la cadena de eslabones de nuestro crecimiento interior.