Maravillosa velada, ella cae fascinada y rendida al deseo, absolutamente seducida por su amante, se deja arrastrar por la pasión, embelesada, enamorada... piel contra piel, él susurra palabras de amor en su oído, ella cierra los ojos... "Amor mío, preciosa, diosa, qué p..... eres!!!" dice el caballero en pleno fuego de la excitación.

Ella abre los ojos como platos, boquea sorprendida ante la retahíla de palabras procaces que nacen de esa boca que está besando para que haga silencio. Él devuelve el beso como si nada, sonríe ampliamente y retruca: "Dime algo...".

Lenguaje sucio en la cama

Es frecuente que el juego sexual sea terreno fértil para las palabras soeces, el desenfreno verbal acompaña al desenfreno sexual y la temperatura sube. Así como durante una relación íntima adoptamos posturas y hacemos cosas que normalmente parecerían extrañas o ridículas, el lenguaje puede cambiar significativamente es esos momentos. No se trata obligatoriamente de ofensas, simplemente es una focalización en un instante muy determinado y específico de las cualidades del otro como amante físico.

Muchas de las palabras "prohibidas" en todas las sociedades tienen que ver con el sexo. Son palabras reprimidas, nunca pronunciadas en público. Desde la infancia se enseña a los niños a controlar el vocabulario no adecuado que van aprendiendo, (escena común ver a la mamá acalorada y sonrojada de verguenza cuando su pequeño de tres años grita a todo pulmón alguna palabra subida de tono muy divertido ante la reacción de los adultos).

Las palabras tabú acompañan a los actos tabú. No es de extrañar, entonces, que en lo más álgido del acto sexual, resuenen palabras proscritas. Es una manera de hacer del coito algo aún más excitante, más animal, más desprendido, en ese punto, de lo emocional y volcado al placer físico. No por eso el amante aprecia menos a la pareja, simplemente es un juego.

¿Jugamos o no?

Este tema puede ser un conflicto. El otro se puede sentir incómodo, hasta ofenderse, o salir del clima que se había creado. Es una de las partes de irse conociendo. Si realmente desagrada o anula la excitación sexual, debiera hablarse con sinceridad y tranquilamente, mejor en otro momento más racional, y en ese preciso instante, cuando se están pronunciando las palabras rudas, devolver otro tipo de lenguaje que exprese la emoción o el placer que se siente.

Puede resultar, por otro lado, divertido. Un desafío erótico. Pronunciar estas palabras prohibidas durante la intimidad puede ser muy liberador, deshinibir aún más y permitir otro grado de sexualidad más abierta y desenfrenada. Seguramente la escalada de procacidades irá en crescendo y terminarà cuando la pareja cae rendida después del clímax.

Este juego no impide las palabras amorosas y dulces después, así como el acto sexual no impide un tiernísimo abrazo lleno de sentimiento en el relax cómplice y posterior. Forma parte de la intimidad sexual de cada pareja, un aditamento, un toque de picardía que no saldrá de la habitación.