
- Nietzsche - Wikipedia
Nietzsche en la tercera parte de la "Genealogía de la moral" se pregunta por el ideal ascético. Después de mostrarnos “la psicología del cristianismo y la psicología de la conciencia moral” (en la primera y segunda parte), después de señalar al sacerdote ascético, plantea la pregunta que venía rumiando desde el principio: “¿qué significa el ideal ascético?”
El ideal ascético
Es la “valoración de nuestra vida”. El sacerdote ascético, “el representante de la seriedad como tal”, ese que tiene puesto en él (ideal ascético) su fe, su voluntad, su poder, su “derecho” a existir, pone nuestra vida y todo de lo que forma parte (“la naturaleza, el mundo, toda la esfera del devenir y de lo pasajero”) en relación con otra existencia opuesta a la nuestra.
No sólo opuesta sino excluyente. Excluyente a no ser que nuestra existencia se “niegue a sí misma” considerándose un puente hacia aquella otra existencia.
El asceta y la vida ascética
Ese es el caso de una vida ascética, donde el asceta ve su propia vida como un error, un error que debe refutar pero no solo, sino en compañía. Reclama que se le acompañe y por la fuerza, siempre que puede, impone “su valoración de la existencia”.
Y la impone hasta tal punto que visto desde fuera, desde otro planeta, se puede llegar a la conclusión de que la Tierra es el “astro ascético” por excelencia, a la conclusión equivocada (dice Nietzsche) de que es un lugar lleno de seres cabreados, vanidosos y repulsivos, de seres irritados contra todo, contra el mundo, contra la vida e incluso contra ellos mismos y que disfrutan haciéndose daño, que se hacen daño “por placer en hacer daño”. Y es que en casi todas las épocas ese sacerdote ascético surge de manera óptima en todas partes (no fijo a una raza o estamento).
Negar la realidad de uno mismo
Pero no reproduce su “modo de valorar por vía de la herencia”, es más, su instinto se lo prohíbe. Nietzsche afirma que es el resentimiento de “un instinto y una voluntad de poder no satisfechos que querrían enseñorearse no de algo de la vida, sino de la vida, de sus condiciones más profundas, fuertes e inferiores” lo que domina. Se busca el placer en la “autoflagelación” y en la “autoinmolación”, un “desgarro” que se va haciendo más seguro en la medida que desaparece su esencia, “la capacidad fisiológica de vivir”. “Cruz, nux, lux” son para el ideal ascético lo mismo.
Si esa voluntad de poder fuese llevada a filosofar, asegura Nietzsche, lucharía contra lo real, contra lo que se experimenta de forma más segura como verdad: contra el yo. Negarse la realidad de uno mismo (como hicieron los ascetas de la filosofía del Vedanta).
El perspectivismo
Y es en este punto donde formula su idea del “perspectivismo”. Para él la “objetividad” no es el contemplar de manera desinteresada, no existe un sujeto al que no le afecte el dolor, que esté fuera del tiempo... un “sujeto de conocimiento puro” (como podía pensar Kant). La “objetividad” (para Nietzsche) es la capacidad de “tener en nuestro poder el pro y el contra y el darlos o retirarlos”, para así poder beneficiarnos de la “diversidad de las perspectivas”.
Y ese es el concepto clave: las perspectivas. Sólo podemos ver las cosas, conocerlas, abriendo las puertas a nuestros estados mentales, a nuestras emociones. Y para ser más objetivos lo que debemos hacer es ver la misma cosa “con más ojos”. Porque eliminar la voluntad por entero, cercenar las emociones sería como castrar el intelecto.
El sacerdote ascético
El sacerdote ascético es la necesidad de ser otro, de ser otra cosa, estar en otro sitio distinto... Es el súmmum de ese deseo. Pero después, inmediatamente después, ese deseo es la cadena que le sujeta, que lo retiene aquí convirtiéndole en un elemento más en la lucha por lograr las condiciones más óptimas, las mejores para el “ser persona y el ser aquí” Y, ¿no es con ese poder con el que también retiene a todo su rebaño, también lo retiene aquí, en la vida, en la existencia? Ese gran “negador” de la vida se convierte en una de las “fuerzas verdaderamente grandes que conservan y dicen sí a la vida.”
Sí a la vida
Entonces, a qué se debe esa enfermad, por qué el ser humano es el animal más inseguro, inestable... más enfermo, cuando es seguro que es el que más ha innovado, más ha arriesgado. Capaz de luchar contra la naturaleza y contra los dioses...
Es por eso mismo. El animal con más ánimo es el que más corre peligro. El ser humano muchas veces a lo largo de la historia se harta, se cansa (por ejemplo, en “la época de la danza de la muerte”) pero incluso ese cansancio, ese decir “no” lleva consigo, y con más fuerza todavía, una infinidad de “síes”. Incluso cuando se hiere, es la herida la que le obliga a vivir.
