La imaginación y los testimonios, escasos todavía, aunque en constante aumento, descubiertos por la arqueología y desenterrados de los depósitos de los siglos, dicen algo de la vida e incluso del aspecto de esos hombres del Paleolítico o Antigua Edad de Piedra (palaios significa “viejo”; lithos: piedra); de esos trogloditas que eran a la vez cazadores y cazados y que, compartían su existencia con el mamut, el rinoceronte lanudo, el jabalí salvaje y otros animales más o menos feroces.

La vivienda del hombre en la Antigua Edad de Piedra

La caverna, el hogar humano, como la guarida de los animales salvajes, tendría cubierto el suelo de restos de muchas comidas y huesos de animales sacrificados; esparcidos sin orden, habría utensilios y armas de pedernal, agujas de hueso, raspadores, hachas y pieles a secar.

Allí, donde las condiciones no eran demasiado duras, quedaba cierto lugar para el ocio, como lo muestran los sorprendentes dibujos y pinturas en marfil, huesos y paredes en las cuevas. Que se conocía el fuego es cosa sabida, y, considerando la dificultad de encenderlo, es probable que las hogueras, útiles como arma protectora y para socarrar o asar la carne (pues no existían utensilios de cocina), raramente se dejaran apagar.

Debió haber luz artificial, probablemente lámparas de piedra vaciada, ya que las imágenes eran dibujadas o pintadas en los oscuros interiores de las cavernas.

Características del hombre paleolítico

Aquellos cazadores de bestias salvajes y colectores de frutales silvestres eran, indudablemente, unos seres primitivos, pero poseían valor e ingenio.

Y, sin embargo, nunca aprendieron a domesticar animales, ni a cultivar granos, ni a utilizar los troncos de los árboles para construir moradas, ni siquiera a emplear la madera para mangos de sus hachas de sílex. No levantaron edificios, ni conocieron la alfarería, ni supieron nada acerca del uso de los metales.

De la Antigua a la Nueva Edad de Piedra

Mientras, algunos hombres en la Prehistoria persistían en este estado paleolítico de la evolución humana, más hacia el sur, donde la existencia era más fácil, el hombre había alcanzado la etapa del Neolítico o Nueva Edad de Piedra, en la cual aparecieron innovaciones muy revolucionarias para el progreso humano. Dirigiéndose hacia el norte en pos de los hielos que retrocedían, los hombres del Neolítico se desparramaron por Europa, llegando a Gran Bretaña por el año 5.000 antes de Jesucristo.

La misma condición había sido lograda en los fértiles valles de Mesopotamia y Egipto. Durante este período de la evolución neolítica, la Europa septentrional se fue abriendo hacia la ocupación humana. Mientras los hombres de Europa y Asia se trasladaban generalmente hacia el norte, el movimiento dominante en América parece haberse trasladado hacia el sur por el estrecho de Bering.

Características del hombre neolítico

La contribución más revolucionaria del hombre neolítico al progreso humano fue la invención de la agricultura, pues simultáneamente aprendió a domesticar animales y a cultivar mieses. Ambos procesos son especialmente similares, ya que, en vez de salir a la búsqueda del animal salvaje o del fruto, el hombre puso a los dos bajo su protección, cuidó de su nutrición y su reproducción periódica y, de este modo, aseguró sus propias reservas alimenticias.

El paso, aunque gradual, de una vida dependiente de la caza, a otra que incluía la agricultura, por muy primitiva que fuese, significaba una revolución social y económica en la vida de los hombres, porque exigió cierta forma de existencia fija y común; de esta necesidad se desarrolló la comunidad del pueblo.

Los robos de ganado, ovejas y cosechas constitutivas de propiedad y riqueza, debieron ser corrientes, y el hombre neolítico parece haber vivido en constante temor de verse despojado de sus posesiones. Probablemente por esta razón, parece haber preferido morar, cuando ello fue posible, en los abiertos eriales, aún cuando esto significase escasez de pastos y falta de agua.

Así, en medio de temores y dudas, llenos de sueños y luchas, transcurrieron las primeras etapas de subsistencia del hombre primitivo.