Diferentes puntos de vista marcan, en cierta forma, un actuar violento en el hombre, como que ser violento está sostenido desde su esencia.

El hombre como lobo o como cordero

Hobbes, hace referencia al hombre como lobo del hombre, visión que marca el contenido agresivo en el ser humano y la necesidad de dominar al otro.

Según Rousseau, el hombre nace bueno y libre, sin contenidos agresivos, y es la sociedad quien lo convierte en un ser violento.

Otras postura sostienen que el hombre nace con dos instintos el de vida y el de muerte, este último se manifiesta a través la agresión que es innata en el humano.

La realidad marca que el hombre tiende a la conducta violenta ya sea para imponer sus ideas o para conquistar, conducta que expresa la necesidad dominar y que gira en torno al poder.

Con relación a la agresión, puede puntuarse que: aparece cuando hay una situación de conflicto que no logra superarse desde la palabra, por lo que inmediatamente se acciona desde los contenidos agresivos, ya sea hacia el mundo externo o a través de autoagresión.

El poder como necesidad

Si se piensa en los animales, éstos sólo matan a sus congéneres cuando hay hambre o escaso territorio. Sin embargo el hombre, depreda y mata por razones, que por lo general, se vinculan al ejercicio del poder, la conquista. De hecho la guerra marca claramente su ansia de poder.

Los contenidos agresivos pueden, desde algún lugar, ser canalizados, ya sea a través de actividades sociales, que impliquen descargas o bien a través de la toma de conciencia de la existencia del otro, es decir desde la intersubjetividad, uno es en la medida de que otros legalizan su existencia y si en esta cuestión no se cuida del otro, se rechaza la propia existencia.

Es así que puede pensarse en el hombre como esclavo del hombre, o en el hombre como compañero del otro, sin competencia, esto resulta ser una utopía, ya que el egoísmo, la necesidad de dominio aparecen como constitutivos en el humano.

Pensar en el otro abre a una nueva realidad

Comenzar cada uno desde su lugar a replantearse la existencia al lado del otro, caminando con el otro que lo complementa, marcaría desde algún lugar un pequeño cambio. Esta propuesta si bien pareciera utópica, podría lograr un cambio real en las relaciones humanas.

Los grandes conductores de la historia sólo predicaron el amor hacia el otro, reflejarse en el otro promueve el crecimiento, el cambio, la posibilidad de evolucionar, de elevarse como humano, revalorizando la vida y el respeto por el entorno .