En la famosa ciudad de Cheltenham, situada en la localidad suburbana de Prestbury, en el corazón de Inglaterra, ubicada en las Middlands, y concretamente en el condado de Gloucestershire, a unos 140 kilómetros al oeste de Londres, cada año reúne a miles de aficionados a las carreras de caballos venidos de cada rincón del Reino Unido, incluyendo a muchos irlandeses, para ver el suntuoso show de equinos purasangre y mucho glamour. Aunque Ascot es la cita por excelencia, Cheltenham no se queda atrás, ya que durante casi una semana -cuatro días exactamente duran las carreras- en el hipódromo se congregan decenas de miles de personas y está acogida por una enorme cobertura mediática: retransmisión en directo por televisión, radio e incluso los diarios, desde el sensacionalista The Sun hasta el distinguido The Times, abren sus secciones de deportes con la celebérrima carrera durante toda la semana que se prolonga el evento.

Un hipódromo de ensueño

Las instalaciones del Cheltenham son enormes. Cuenta con un anfiteatro natural de treinta hectáreas sólo para la zona de las carreras, repartidas entre cinco circuitos diferentes con varios obstáculos. Se podría decir que es la capital mundial de saltos. El hipódromo tiene una capacidad para 67.500 espectadores y tiene su propia estación de ferrocarril. Hay constancia de que su primera carrera se celebró en el año 1818, cuando por primera vez se estableció un circuito sobre Cleeve Hill, en las colinas de Cotswolds, dando lugar al nacimiento del mítico hipódromo. Si bien no fue hasta el 1911 cuando se inauguró oficialmente.

A lo largo de los años se ha transformado varias veces, incluso se ha llegado a cambiar de lugar otras tantas. Sin embargo no fue hasta el año 2000 cuando se logró un significativo desarrollo en las instalaciones de Cheltenham, con una ampliación notable de establos, gradas y la pista de carreras. Actualmente acoge a una amplísima variedad de torneos y campeonatos importantes como La Reina Madre Champions Chase, la Cheltenham Gold Cup, la Champion Hurdle, el Triunfo de Vallas, el Mundial de Obstáculos, los Novatos Vallas Supremo, la Royal & SunAlliance Chase, la Paddy Power Copa de Oro, la Inversión Novicios Gestión Vallas Neptuno, La Ryanair Chase, el Campeón de Parachoques, el Obstáculo Propiedades Ballymore Novicios, el Cotswolds Chase, los Novatos Vallas Spa y el siempre apasionante Cleeve Vallas, en el que este año ha sido ganado por el caballo de seis años llamado Grands Crus, conducido por el jockey Tom Scudamore y entrenado por David Pipe.

Para ganar unas de estas prestigiosas carreras en Cheltenham el peso cae más en el caballo, que debe estar dotado de fuerza, resistencia y de extraordinaria velocidad, no como en otras carreras donde el peso en sí recae más en la habilidad del jinete. Y nadie podrá perderse un detalle de las carreras, porque hay repartidas por todo el hipódromo pantallas gigantes de televisión para que los aficionados sigan a sus purasangre escogidos sin necesidad de los prismáticos, que también los hay por doquier. Tampoco hay que olvidarse de que en el recinto esperan expectantes 30 veterinarios, con sus tres ambulancias para caballos, por si alguno cae al suelo, y cinco médicos y cuatro cirujanos por si su jockey se lastima o alguien del público lo necesitan.

Caros trajes, pamelas, champán y mucho dinero

Entrar con tejanos está prohibido en el hipódromo. Los caballeros suelen vestir costosos trajes, corbatas y bombín. Las damas, se engalanan de vestidos de diseño, se cubren la cabeza de toda clase de pamelas imaginables y lucen tocados para todos los gustos. Entre carrera y carrera el champán empieza a rodar, sin embargo tampoco falta la cerveza. En una jornada se pueden llegar a consumir veinte mil botellas de champán, otras miles de vino y medio millón de cervezas. Además, los aficionados tienen donde escoger para hacer un aperitivo o una comida en varios de sus sofisticados restaurantes, aunque también se pueden encontrar las tradicionales “Fish and Chips”, pescado y patatas en español, las típicas hamburguesas o los clásicos sándwiches. Pero si a lo que a uno le gusta es ir de compras, tienes donde escoger en sus más de ochenta tiendas que se reparten por el hipódromo y en el que pueden elegir entre una amplia gama de artículos lujosos. Y como este año se celebrado su centenario, decenas de bandas tocan música en directo de norte a sur y de este a oeste por el recinto.

Y cómo no, no podían faltar las apuestas. En un país donde las son casi un deporte nacional, los británicos se rascan deliciosamente el bolsillo y llegan a apostar más de un millón de libras por jornada, y durante los cuatro días que duran las carreras se llegan a repartir casi tres millones y medio de libras en premios.

Tanto si uno es aficionado a los caballos como si no, esta es una de esas citas que no dejan indiferente a nadie. Cheltenham en realidad huele a pura sangre, es donde se da el pistoletazo de salida al reino de las carreras de caballos.