La trasparencia, el juego de luz y los colores vivos, obtenidos a través de la técnica fotorrealista, son los protagonistas de los lienzos expuestos, que nos adentran en el cotidiano de las décadas de los sesenta y setenta estadounidense sumergiéndonos, así, en el más auténtico “american way of life”, sin por esto olvidar una mirada hacia Europa, hasta nuestros días.

El origen del Hiperrealismo

Louis K. Meisel bautizó el movimiento hiperrealista, nacido en Estados Unidos a finales de la década de los años sesenta, con el nombre de photorealism. Hablar de fotorrealismo y/o hiperrealismo es una pura cuestión lingüística: en los países de habla inglesa y alemana, el fotorrealismo es un concepto artístico institucionalizado, en los de lenguas románicas se prefiere el término hiperrealismo.

Ambos términos designan un estilo que en Europa se dio a conocer a un público amplio en 1972, en el marco de la exposición Documenta 5 en Kassel, Alemania. Documenta 5, se celebró bajo el lema de “Preguntar a la realidad: los mundos pictóricos actuales” y reunió las obras de artistas emergentes, en su mayoría estadounidenses.

La exposición suscitó grande expectación en el mundo del arte: la representación extremadamente naturalista y cercana a la realidad de las obras de los fotorrealistas era expresión de un movimiento de protesta contra la abstracción que dominaba el arte por aquel entonces. De su parte las obras hiperrealistas parecían reproducir la realidad pero, de hecho, se trataba de una nueva realidad gráfica creada por el pintor.

Fragmentos ampliados de la realidad, objetos comunes, personas y lugares en el hiperrealismo

Los artistas del movimiento están fascinados por los escaparates, restaurantes de comida rápida, los automóviles y las motos resplandecientes, la arquitectura art decó y la iconografía kitsch y por pintar no los objetos, sino las imágenes estereotipadas de las cosas, inspirándose en la fotografía.

Entre los artistas hiperrealistas hay también los que apuestan por el paisaje panorámico, reinventando el vedutismo en las ciudades actuales, como es el caso de las obras de Richard Estes o Ben Johonson, directos emuladores de Canaletto o Bellotto.

El principal interés de los pintores hiperrealistas es el mundo que les rodea, su entorno personal, lo cotidiano, la ciudad y sus habitantes y el tema del viaje, que visualizan a través de su pintura, captándolo primero a través de la fotografía y trasladándolo al lienzo mediante un laborioso proceso, utilizando diversos recursos técnicos como la proyección de diapositivas o el sistema de trama primero y la cámaras digitales más modernas después.

La fotografía es para los artistas hiperrealistas un punto de partida pero no un objetivo, en ningún caso ellos aspiran a competir con ella.

La exposición del Thyssen

La panorámica apasionante de la evolución del fotorrealismo ofrecida por el Thyssen a través de Hiperrealismo 1967-2012 y comisariada por Otto Letze, director del Instituto para el Intercambio cultural de Alemania, representa una ocasión para contemplar las obras de artistas de la talla de Don Eddy, Ralph Goings, Charles Bell, Richard Este, de la primera generación hiperrealista, Anthony Brunelli de la segunda generación o Roberto Bernardi y Don Jacot de la tercera generación, entre otros.

La muestra se disfruta con los cinco sentido sentidos: la vista para contemplar tanta belleza envuelta en la luz y el color, el olfato porque el perfume del aire de las vistas se puede oler, el gusto y el tacto porque las golosinas, el kétchup y la mostaza se pueden tocar y degustar mirando los modernos bodegones, el oído por el ruido de los atascos de la hora punta producido por los coches de colores.

Hiperrealismo 1967-2012, puede visitarse en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid hasta el 9 de junio, después viajará al Birmingham Museum & Art Gallery, Reino Unido.