Walt Withman, célebre escritor estadounidense, alguna vez expresó: “Nunca dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Nunca dejes de soñar, porque sólo en sueños es libre el hombre”. Varias décadas después, el cineasta Tim Burton parece reescribir estas líneas con su película “El gran pez”, un film que invita a navegar por las ilimitadas vías de la imaginación.

Sinopsis de “El gran pez”

La historia está protagonizada por Ewan McGregor y Jessica Lange. Tras su estreno, en el año 2004, la película logró cautivar a cinéfilos y críticos, convirtiéndose en una de las obras más aclamadas de Burton. Hombres gigantes, criaturas fantásticas y extraños personajes aparecen en este film que mezcla la realidad con la ficción y que permite al espectador reflexionar sobre el maravilloso mundo de los sueños.

“El gran pez” cuenta la vida de un hombre que pasó sus días rodeado de anécdotas fabulosas. Su entorno considera que todos sus cuentos son una gran mentira, que el entrañable personaje Edward Bloom inventa para alejarse de la realidad. El protagonista se vale de metáforas y olvida los conceptos preestablecidos para dejar volar su creatividad y así vivir más libremente. De esta manera, se ponen en tela de juicio los ideales fuertemente estipulados por la sociedad, aquellos que brindan seguridad y establecen control dentro de la misma.

Una de las escenas más metafóricas de la película es aquella que justamente hace mención a su nombre. Burton lee en una enciclopedia acerca de un tipo de pez que estando en la pecera permanece pequeño, pero si se lo lleva al río crece dos, tres o cuatro veces su tamaño. No hay lección más clara para el protagonista, que desde ese momento busca romper las fronteras e inicia un viaje hacia tierras inexploradas y repletas de aventuras.

Lo acompaña en un principio un gigante, convencidos ambos de que el pueblo donde vivían era demasiado chico para ellos. Desde ese momento, la mente de Burton se libera, rompiendo las cadenas del mundo opresor.

Entre el cine y la filosofía

Bloom, valiéndose del arte de la comunicación oral, propone una mirada diferente y pone en duda al status quo, generando molestia en su círculo social, sobretodo en su hijo. Éste último personaje representaría al hombre racional propio de la teoría del pensador Friedrich Nietzsche. Es decir, a aquel que vive con una máscara predeterminada, sin expresar alegrías ni dolores extralimitados. Se molesta ante la alteración de “la verdad” que se refleja en las historias del film.

El hombre conceptual es puramente racional y crea un muro para dejar atrás las metáforas olvidándose de sí mismo como sujeto artísticamente creador. A través de los conceptos genera un armazón contra el intelecto liberado. En este film se muestra a un protagonista completamente distinto, que se guía por los mitos y el arte. Él es un hombre intuitivo, diría Nietzsche, que deja de lado la razón para liberarse y no se limita a los ideales implantados.

Según el filósofo alemán, esta verdad es un movimiento de metáforas que un pueblo considera firme. A través de las palabras surgen las nociones que se consideran ciertas, y la sociedad se olvida de que son simples alegorías para tomarlas como única realidad.

Una invitación al espectador para echar a volar

Lo cierto es que “La verdad” no existe, ya que surge del intelecto de los hombres, y al ser este precisamente humano no puede ser perfecto. Es la sociedad quien determina con las palabras lo que es real y lo que es falso, a modo de convención.

“El gran pez”, inmersa en escenas tragicómicas, vuelve creíble lo inverosímil. Ya no importa si las historias de la película son ciertas o no. Es una invitación a volar, que el espectador debe estar dispuesto a aceptar para apreciarla en su máxima expresión. Si esto se logra, se puede disfrutar del arte, los mitos, las metáforas y la imaginación, que es el principal mensaje del film.

Todos alguna vez fuimos niños, todos fuimos héroes en nuestras historias, luchamos contra nuestros miedos y enemigos. En definitiva, soñábamos sin importar demasiado la verdad. Edward Bloom propone volver a esa inocencia infantil de seres incorruptos que viven de acuerdo a sus propios ideales. El arte es una de esas salidas y, sin duda, admirar esta obra de Tim Burton es una buena manera de empezar.