El ya tradicional enfrentamiento entre ciencia y religión ha resurgido en los últimos meses con la publicación el pasado Septiembre del libro El Gran Diseño, el último trabajo del físico británico Stephen Hawking, en colaboración con Leonard Mlodinow, otro conocido físico del Instituto Tecnológico de California. Muchos grupos religiosos han interpretado los argumentos expuestos en él como un intento de negar la existencia de Dios.

La física moderna, afirma el libro, puede explicar tanto el origen del Universo como que las leyes de la naturaleza adopten la forma que tienen. Así, según Hawking y Mlodinow, el universo surgió "de la nada", gracias a la fuerza de gravedad, mientras que las leyes de la naturaleza son una consecuencia de la región particular del Universo en la que vivimos. "Es posible responder a estas cuestiones puramente en el reino de la ciencia, y sin invocar a seres divinos", escribieron los autores.

Reacción desde grupos religiosos

Muchos teólogos y organizaciones religiosas han reaccionado con indignación, pues suponen que la existencia de un creador es algo que no se puede discutir desde la perspectiva científica. Según muchos de ellos la ciencia no puede ni podrá nunca probar la existencia o inexistencia de Dios.

El reverendo Robert E. Barron, un profesor de teología en Chicago, ha llegado incluso a decir que el libro es “filosóficamente ingenuo”. Según este teólogo la existencia de las leyes que provocaron la aparición del Universo debe forzosamente haber precedido al Big Bang. Por tanto, el Universo no surge de la nada, pues la Ley de la Gravedad ya es algo, y la existencia de ese “algo” no puede ser explicada por la física.

Otros grupos de corte creacionista han llegado incluso a afirmar que, en contra de lo que parece ser la conclusión del libro, los argumentos del libro constituyen una confirmación de la existencia de un creador. Según ellos, los autores demuestran que la creación espontánea desde la nada es imposible, ya que se requiere un conjunto de leyes físicas, como la de la Gravedad. Ello supone o bien la presencia de un creador, o bien el caer en un argumento circular sin sentido del tipo “qué fue primero, la gallina o el huevo”.

Respuesta de los autores

Los autores han contestado a las críticas exponiendo que todo se debe a una mala interpretación de su libro, pues en ningún caso afirman que la ciencia haya probado la inexistencia de Dios, sino que, gracias a la ciencia moderna, no es necesario invocar la existencia de Dios para explicar el origen del Universo.

El propio Mlodinow expresó que se podría incluso pensar que Dios es ese conjunto de leyes físicas que han dado origen al Universo. “Si quieres pensar que Dios es una personificación de las teorías cuánticas”, dijo durante una entrevista, “a mí me parece bien”.

Valoraciones por parte de la comunidad científica

Otros científicos, entre los que se incluye Roger Penrose, han opinado que el libro es demasiado optimista en su valoración de la capacidad de la ciencia moderna para explicarlo todo, ya que la explicación científica del origen del Universo podría no ser tan completa como Hawking pretende. Los argumentos expuestos en el libro se basan en la misteriosa y aún no probada versión de la teoría de cuerdas llamada Teoría M.

El cosmólogo Marcelo Gleiser ha afirmado en su blog que "las teorías en las que basan sus argumentos Hawking y Mlodinow tienen tanta evidencia empírica como la existencia de Dios", y agregó que "dado que no tenemos instrumentos capaces de medirlo todo, nunca se puede estar seguros de que tenemos una teoría final". Las teorías científicas modernas, por tanto, no bastarían para explicar el origen del Universo por si solas, como han dado a entender los autores del libro.

Otros científicos, como Richard Dawkin, han reaccionado de manera positiva, y han manifestado que el libro de Hawking le ha dado el “coup de grace” a Dios, echándolo por fin de la física, igual que Darwin lo echó de la biología.

La existencia de Dios como concepto filosófico

Desde hace siglos han existido en el mundo de la filosofía numerosos intentos de demostrar la existencia o inexistencia de Dios, si bien podríamos decir que la mayoría de filósofos han optado por aceptar, cuando menos en alguna forma indefinida, la presencia de un creador como necesaria.

Llama la atención una de las más famosas tesis a favor de la existencia de Dios en la obra del teólogo Santo Tomás de Aquino. Este santo expuso en su obra Summa Theologiæ cinco vías para demostrar la existencia de Dios. Cada una de ellas independiente de las demás, así que bastaría con que una sola fuese correcta para que la tesis quedase demostrada.

Este filósofo argumentó que, partiendo del concepto de un Dios creador, aunque este crease todas las cosas de la nada, todo lo creado preexistía en su pensamiento antes de la Creación. Dios conoce todas las cosas reales y posibles desde toda la eternidad, y por tanto crea a la vez todo cuanto existe, ha existido y existirá, lo real como real y lo posible como posible. Todo existe desde el principio, como posible, en la mente de Dios. Y, en cuanto a la disputa en torno a la eternidad del mundo, sostuvo que la razón no puede resolver esta cuestión, y que según el dato revelado debemos creer que el mundo ha tenido un comienzo, aunque nos resulte indemostrable.

Un razonamiento muy actual para un teólogo del siglo XIII que no sabía nada de supercuerdas o mecánica cuántica.

El punto en común

Muchos científicos y teólogos opinan que religión y ciencia no son tan incompatibles como pretenden los que generan este tipo de polémicas. Y muchos están de acuerdo en que, de momento, el ser humano es demasiado limitado para comprender todo el Universo. Como dijo el físico Leonard Susskind “No creo que estemos cerca de saber si hay o no un Dios. Sea como sea, su obra, ciertamente, no es fácil de entender”.